RECOMIENDAN DEMOLER LAS CELDAS DE LA SECCIONAL 15ª
“Las condiciones edilicias generales son de gran deterioro progresivo y las condiciones de habitabilidad son de gran hacinamiento e inadecuadas para alojar personas…por lo que se sugiere la demolición completa del penal ya que a lo precario de lo existente se agregan nuevos deterioros que ponen en peligro la estabilidad de la edificación”. El texto es parte de un informe realizado por el Departamento de Planificación y Arquitectura de la Unidad Regional II de policía y se refiere al lugar de detención de la comisaría 15ª, donde el fin de semana hubo 51 personas recluídas bajo un techo que “puede caerse en cualquier momento”. El análisis fue realizado en septiembre del año pasado, pocos días después de un motín, y aún mantiene vigencia. Es que los pequeños arreglos que se fueron haciendo desde entonces a la fecha consistieron una mera limpieza de cara para que los presos vuelvan a estar amontonados allí cuando lo que se proponía era una nueva construcción a un costo de 55 mil pesos.
El 21 de septiembre de 2003 los 41 internos que se hacinaban en el penal mayor de la seccional de Sarmiento al 4200 se amotinaron durante unas seis horas después de que la guardia descubriera un presunto intento de evasión. En la extensa negociación que mantuvieron con efectivos de la Tropa de Operaciones Especiales y ante la presencia de la prensa, los presos pidieron como primera medida ser trasladados a otras comisarías debido a las condiciones de hacinamiento en la que estaban. También reclamaron una mejor alimentación, atención de la salud ya que muchos de ellos padecían sarnilla y otras infecciones, y un mejor trato para las visitas.
Todas las denuncias de los presos fueron ratificadas por los familiares que siguieron las alternativas del motín desde la puerta de la comisaría. “Viven en medio de un olor y una humedad insoportables”, dijeron entonces muchos de ellos. Y esas denuncias fueron elevadas un día después, mediante la Coordinadora de Trabajo Carcelario, a una comisión de la Organización de las Naciones Unidas que visitó Buenos Aires para interiorizarse de la situación carcelaria del país.
En el marco de esa presentación, los familiares de los presos dijeron que los allí detenidos “deben turnarse para dormir y además sólo cuentan con una hora por día para salir al patio (un pequeño espacio enrejado en su techo), bañarse y hacer sus necesidades”.
Marcas imborrables
Pero, según la policía, el motín también dejó marcas imborrables en la estructura de la seccional. Con fecha 24 de septiembre, el arquitecto José Jumilla elevó un informe al jefe de la División Logística de la Unidad Regional II en el cual planteaba el estado en el cual había quedado el penal tras el incidente. Entre los puntos que detalla ese trabajo, se mencionan:
u “Las condiciones edilicias generales son de gran deterioro progresivo”.
u “Los revoques, techos, paredes y cielorrasos se encuentran en muy malas condiciones, a lo que se le suma la falta de piso y la falta de ventilación”.
u “En el motín los presos rompieron las paredes limítrofes interiores del baño, un pilar, todas las paredes interiores de las celdas, arrancaron tres puertas de rejas y debilitaron otras dos. También el penal se encuentra sin luminarias eléctricas y con un deterioro completo de la instalación, del mismo modo que las instalaciones cloacales y de provisión de agua”.
u “Dada la rotura del pilar y de las paredes intermedias de las celdas, que tienen un espesor de 0,15 metro, puede existir riesgo con el techo pues el mismo fue reforzado con una losa de hormigón superpuesta, lo que agrega un aumento considerable de peso”.
u “Por lo especificado se sugiere la demolición completa del penal pues a lo precario de lo existente se agregan ahora nuevos deterioro, que pueden poner en peligro la estabilidad de la edificación si se producen reparaciones o modificaciones”.
Y lo cierto es que en los meses que transcurrieron desde septiembre de 2003 a la fecha el penal no se ha demolido y, lo que es más grave, haciendo caso omiso al informe del arquitecto de la policía, se realizaron innumerables reparaciones y modificaciones a la estructura del sector donde siguen hacinados los presos. Así lo confesaron a este diario voceros de la misma Jefatura rosarina, que se animaron a decir que situaciones similares pueden estar registrándose en otras seccionales de la ciudad.
Claro que las reformas hechas al penal tampoco fueron de fondo. Si no, es inentendible que el 21 de octubre -tan sólo un mes después del motín- en la comisaría de Sarmiento y Ameghino volvieron a estar recluídas 44 personas, algunas de las cuales “empezaron a cavar un túnel en el baño del penal de unos 40 centímetros de profundidad” que volvió a debilitar la estructura edilicia del lugar.
Más acá en el tiempo, la noche del 18 de abril pasado, una vez más la policía detectó un presunto intento de evasión. Entonces estalló un trágico motín. Aquel día había 52 presos y algunos de ellos quemaron colchones. Esa situación originó nuevos deterioros en las instalaciones y provocó graves quemaduras a 10 reclusos. Dos días después, uno de los heridos murió en la sala de quemados del Heca.
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