RECOMPONEN RELACIONES EL GOBIERNO Y LOS EE. UU.
Diplomáticos argentinos y estadounidenses iniciaron un proceso gradual para aumentar el diálogo bilateral y la confianza mutua, tras el abrupto retroceso en la relación, causado por la Cumbre de las Américas, en Mar del Plata, según coinciden voceros de ambos países.
La expansión del diálogo comenzó a gestarse de manera tenue, a fines de año, en esta capital y en Buenos Aires. Y tendió a aumentar con el correr de las semanas. “Hay un interés de los funcionarios norteamericanos por mejorar la relación con la Argentina por cálculos estratégicos, no por afinidad”, expuso un diplomático argentino.
“Han comenzado a abrir acceso a ciertos funcionarios de alta jerarquía, a facilitar ciertas discusiones, a cursar invitaciones a algunas reuniones o hasta a pagar almuerzos dentro y fuera del Departamento de Estado”, explicó el diplomático, con cierta ironía. Aun así, fue confirmado por funcionarios de Washington.
Pese a las diferencias de criterio en varios temas, la agenda bilateral incluye asuntos de mutuo interés conocidos: los primeros pasos del presidente boliviano, Evo Morales; Haití y sus próximas pero aún inciertas elecciones, y la espiral de confrontación en Venezuela.
También, las negociaciones en la Organización Mundial del Comercio (OMC) y la posición argentina en el G-20. Y con importancia creciente: Irán y sus ambiciones nucleares.
“Las intenciones iraníes son una preocupación mundial, y es un punto en nuestra agenda con la Cancillería argentina”, dijo a LA NACION una alta fuente oficial estadounidense.
La Argentina integra el directorio de 35 países del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que decidió ayer en Viena que “el caso iraní” debe ser girado al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) para quizá ser debatido allí en marzo. Ese mes, el embajador argentino César Mayoral ocupará la presidencia del Consejo.
Sólo Cuba, Venezuela y Siria apoyaron a Irán en el OIEA, y el presidente Néstor Kirchner mantiene un diálogo directo con Hugo Chávez, que a su vez ambiciona desarrollar tecnología nuclear. Diplomáticos estadounidenses marcaron su preocupación a sus pares del Palacio San Martín ante una eventual cooperación atómica con Venezuela, confió a LA NACION una segunda fuente oficial norteamericana.
El planteo ocurrió después de que ingenieros de Invap -una empresa estatal rionegrina especializada en alta tecnología espacial y nuclear- participaron de una visita de Kirchner a Venezuela; luego, Caracas expresó que deseaba ampliar la cooperación nuclear. “La Cancillería aseguró que sólo se trata de cooperación con asuntos pacíficos y la explicación nos satisfizo”, dijo la segunda fuente estadounidense.
Consultada sobre si la preocupación se concentra en algún punto, como la posibilidad de que Chávez acceda a uranio enriquecido, fue categórica: “Involucra todo”.
Aunque de prestigio internacional, Invap cuenta con un antecedente sensible para Estados Unidos. En diciembre de 1991 y por presión norteamericana, el gobierno de Carlos Menem abortó una venta a Teherán de tecnología nuclear de la empresa.
Por el lado argentino de la agenda bilateral, unos pocos asuntos se destacan tras el pago de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
El primero, la apertura del mercado estadounidense para productos agrícolas y carnes, tras la erradicación de la aftosa. Falta una actitud más proactiva, afirman en ambos países.
La diplomacia estadounidense muestra mejor voluntad hacia sus pares argentinos en los temas que lidera la Cancillería, como el debate sobre inmigración en la Organización de los Estados Americanos (OEA). También en áreas sensibles para el Gobierno, como su deuda de 11 millones de dólares en cuotas atrasadas a la OEA. Mientras la delegación mexicana cargaba las tintas por esa deuda en el plenario de esta semana, el embajador estadounidense John Maisto optó por el silencio. Antes, deslizaban críticas o ironías.
En los últimos meses, en verdad, la sintonía diplomática se redujo, pero el diálogo jamás estuvo roto entre el subsecretario de Estado para América latina, Tom Shannon, y el embajador José Octavio Bordón. “Pero hubo funcionarios [en Washington] molestos”, reconoció un alto diplomático argentino.
Reacomodamiento
El presidente George W. Bush y la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, se marcharon “molestos” de Mar del Plata, según confiaron entonces funcionarios de la Casa Blanca y del Departamento de Estado.
Tres semanas después, Kirchner echó al entonces ministro de Economía, Roberto Lavagna, de diálogo fluido con funcionarios del Tesoro y del FMI y muy respetado aquí.
Además, los ascensos de Jorge Taiana como canciller y de Nildá Garré como ministra de Defensa despertaron suspicacias, en especial dentro del Pentágono. Taiana era visto aquí como el responsable directo de la cumbre; Garré venía de desempeñarse como embajadora en Venezuela y de salir en defensa de Chávez.
La prevención quedó atrás con el correr de las semanas. “Taiana es un profesional, tenemos un buen diálogo con él, y Garré se esfuerza por mostrar puntos de coincidencia con Estados Unidos”, dijo una fuente de este país. Los elogios alcanzan al nuevo vicecanciller, Roberto García Moritán.
El primer alto diplomático argentino que dialogó con LA NACION aclaró, no obstante, que “la atracción de la administración republicana hacia Kirchner es por necesidad, no por comunión de ideas”. La situación en la región y la posibilidad del triunfo de Ollanta Humala en Perú “los pone nerviosos”, afirmó.
En la Cancillería algunos creen que el cambio de Shannon por Roger Noriega facilitó el diálogo. “La discusión ahora es de intereses, no dogmática”, expuso un tercer diplomático argentino. Y ambas partes definen como “excelente” el viaje de Shannon a Buenos Aires, donde se reunió con Kirchner, Taiana y el ministro Julio De Vido.
Pero incluso después de ese viaje la administración republicana no termina de comprender a la Casa Rosada.
El número tres del Departamento de Estado, el subsecretario Nicholas Burns, indagó a principios de este año entre académicos por qué y cómo actúa -o deja de actuar- Kirchner en la región, según confiaron a LA NACION dos de esos expertos. Diez días antes de la Cumbre de las Américas, Burns había planteado en forma reservada que quizá Bush no debía ir a Mar del Plata.
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