Reconquista cumple 143 años de vida
Este lunes, 27 de abril, la ciudad de Reconquista celebra sus 143 años de vida. En este informe una breve reseña histórica de la ciudad.
Primeros pobladores
La historia de Reconquista está íntimamente relacionada con los primeros pobladores del norte santafesino. La ocupación del territorio en esta región se remonta a comienzos de la era cristiana, cuando pueblos cazadores y pescadores se instalan sobre el curso del Arroyo “El Rey” o YCHIMAYE en voz abipona (“Río de las Calabazas”).
Las investigaciones arqueológicas realizadas en toda la región ribereña, fundamentalmente en Arroyo Aguilar, El Rey y El Tapialito, confirman que dos mil años antes del presente los pescadores cazadores se encontraban firmemente establecidos sobre toda el área ribereña. A partir de los fechados radiocarbónicos podemos establecer que estos sitios son los mas antiguos del Paraná Medio.
Según el arqueólogo Carlos Ceruti, estos grupos de cazadores recolectores eran… “Algunos centenares de años antes de la Era Cristiana, un pueblo precedente del oeste ocupó la cuenca del Salado y los Saladillos. Venía probablemente, del borde de las lagunas originadas a comienzos del Holoceno por el derretimiento de los hielos de la última glaciación…. lo constituían bandas de cazadores recolectores pedestres, cuyos asentamientos más antiguos se encuentran en el subsuelo de la ciudad de Mendoza, en Córdoba, entre las Salinas Grandes y el pie de la Serranía, y en algunos parajes de la provincia de San Luis… el clima había sido benigno en esa región, y los lagos y lagunas albergaban una rica fauna constituida por venados, ñandúes, guanacos y aves acuáticas”.
El desplazamiento de estos grupos hacía el litoral paranaense, es un punto que todavía no ha sido esclarecido. Pero podríamos sugerir que hacia unos 2500 años antes del presente, la eficacia de sus estrategias de subsistencia provocó un crecimiento demográfico que motivó desplazamientos de población excedente hacía la llanura central santafesina, en búsqueda de cazaderos libres.
Las condiciones ambientales en el Litoral argentino eran más secas y frías que las actuales, similar a las que imperan en la región pampeana. El curso de los ríos y arroyos eran mucho más estrechos y se hallaban sometidos a sequías periódicas. La única fuente de recursos hídricos eran los “espejos de agua” que alimentaban las corrientes subterráneas. En unas condiciones de marcada aridez estos espejos se constituyeron en abrevaderos obligados de una fauna caracterizada por “Ciervos”, “Ñandúes” y “Guanacos”, que debieron operar como un irresistible atractivo para unos grupos de inmigrantes que ya los habían integrado a sus estrategias subsistenciales en sus espacios originarios.
Desde los asentamientos estacionales instalados alrededor de los “espejos de agua” se reorganizaban las partidas de caza-recolección para usufructuar los recursos de un entorno más o menos amplio. En cuanto al equilibrio entre caza y recolección, esta última parece no haber sido menos importante ya que el nuevo territorio era pródigo en cuanto a recursos: algarrobales, palmares, chañares, mieles silvestres, diversidad de frutos del monte, proporcionaban complementos para una dieta equilibrada y probablemente regular.
La Nación Abipona
A estos grupos cazadores recolectores se los relaciona con la nación de los Abipones perteneciente a la familia lingüística de los guaycurúes que fueron los aborígenes con los cuales se encontraron los españoles al llegar a estos territorios.
El conocimiento de los ABIPONES nos los brinda el Padre Jesuita Martín Dobrizhoffer, que vivió entre ellos cuando estuvieron reducidos. Su obra “Historia de los Abipones” es un valioso material que nos brinda el conocimiento de este pueblo. Las descripciones de sus costumbres han podido ser corroboradas a través de los estudios del Prof. Dante Ruggeroni y sus colaboradores, después de las numerosas excavaciones arqueológicas realizadas desde el Museo Municipal de Arqueología y Paleontología de Reconquista.
Según el Padre Dobrizhoffer la nación de los abipones se encontraba dividida en tres parcialidades:
– Los Jaaukanigás (Gente del Agua) establecidos sobre el área ribereña paranaense
– Los Riikahé (Gente del Campo)
– Los Nakaigetergehé (Gente del Monte)
A través de este jesuita podemos conocer las costumbres y formas vida de este pueblo.
El Vestido
Para la elaboración de su vestimenta los abipones utilizaban las fibras de hoja de caraguatá, que la obtenía en los montes. En estas expediciones de recolección solo participaban las mujeres que también traían distintos frutos y raíces para luego darle color al tejido.
El primer paso para elaborar las fibras de tejido consistía en macerar las hojas para que pierda la humedad y luego se secaban al sol. En la elaboración del cordón, la artesana arrollaba las fibras con su mano sobre el muslo, de tal forma que no quedaran abultamientos.
“Para el ovillo, como no tenían torno, utilizaban una varilla delgada que tenía un contrapeso o disco hecho de cerámica, a veces se trataba de uno de pequeñas dimensiones construido expresamente, otras veces, se aprovechaba los restos de vasijas rotas a las que se les daba la forma circular, y se le construía el orificio central. El objeto, llamado tortero o muyuna funcionaba como volante, la mujer le daba un impulso violento y la varilla giraba como un trompo produciendo así el ovillo”. (Ruggeroni, Dante El Loakal. Edición 4).
La cerámica
La producción de cerámica era un elemento esencial en la nación abipona no sólo por sus fines utilitarios sino también porque era una forma de expresar su cosmogonía. Del estudio de estos restos materiales podemos saber que los abipones establecían un estrecho vínculo de armonía entre ellos y la naturaleza.
El método de elaboración era la técnica del chorizo, que consistía en lograr largas tiras de arcillas que se iban colocando una arriba de la otra, luego los rollos eran apretados con la mano, y así la artesana le daba la forma que quería. La cocción se realizaba en hornos aéreos. La pieza era rodeada de una cantidad de leña que era justamente la que correspondía al tamaño de la olla. Cuando el fuego se terminaba el artefacto quedaba cocido. Gran parte de las piezas de cerámica están decoradas con apéndices zoomorfos y antropomorfos (figuras de cerámica).
Ritos Funerarios
Los abipones creían en la vida después de la muerte, su velatorio consistía en una complicada ceremonia que se realizaba dentro de la habitación donde vivía el individuo, y luego el lamento se hacía público. Martín Dobrizhoffer S.J. explica que “no eran capaces de soportar el recuerdo de la muerte… si en algún momento anuncian la muerte de algún individuo, sus compañeros al momento huyen despavoridos…
…Al primer rumor de que uno de ellos agoniza, acuden a su casa unas viejas, por lo general parientes del enfermo o mujeres celebres en el arte de curar. Con los cabellos sueltos y el vestido cayéndole a los hombros, rodean el lecho formando una larga fila a ambos lados. Llevan en la mano derecha una calabaza que hacen sonar constantemente; se lamentan con tristes cadencias, con violentos movimientos de pies, brazos y prolongados gritos. La que preside a las demás – ya sea por su edad o la fama de su arte médico- situada a la cabecera del moribundo hace resonar un trompete de guerra de gran tamaño… Luego cubrían el cuerpo con un cuero de vaca, grueso y pesado”.
Cuando el enfermo moría lejos del lugar de descanso de sus restos, les arrancaban la piel y la carne y los ponían en urnas que trasladaban hasta el lugar de entierro. En los entierros primarios se ofrendaba a los muertos vasos de cerámica, vestidos armas y caballos. La cerámica era para que recojan el agua en la otra vida y las armas y el caballo para que sigan cazando.
La Reducción San Jerónimo del Rey
En los territorios del Chaco, los españoles no lograron establecer pueblo alguno, todo este enorme territorio estaba bajo dominio aborigen. Este hecho significaba un obstáculo para conectar las rutas comerciales entre el Río de la Plata y las provincias del Norte y el Alto Perú, ya que los aborígenes acechaban constantemente con malones. En este contexto surgirán las reducciones jesuíticas en la provincia de Santa Fe – en ese entonces formando parte de la Intendencia de Buenos Aires- y en Córdoba. Es un intento desesperado por controlar el vasto territorio del Chaco e incorporarlo a los dominios españoles. Este proceso comenzó hacía 1610 con la fundación de la Reducción de San Ignacio a 250 Km. de Asunción.
Hacía mitad del siglo XVIII, la Compañía de Jesús había logrado expandirse por todo el Río de la Plata, pero el Chaco Santafesino seguía siendo una zona demasiado insegura para los mercaderes de mulas y los cargamentos de yerba mate que iban desde Santa Fe hasta Candelaria. Los ataques abipones habían llegado en 1745 hasta las puertas de la ciudad de Salta centro estratégico de la cría y el comercio de mulas.
Es así que el padre Diego Horbegozo realizó un viaje a caballo desde Santa Fe hasta el Arroyo El Rey para negociar con los abipones su reducción. La fundación de la Reducción de San Javier en 1743 se convirtió en punta de lanza para avanzar hacia el Chaco.
El 5 de junio de 1748, tras llegar a un acuerdo, se firma la Paz de Añapire entre el gobernador de Santa Fe Francisco Antonio de Vera y Múxica, el padre Diego de Horbegozo, Rector del Colegio Jesuita de Santa Fe y los caciques abipones Nereguiyi, Alayquin, Quebachin, Quibachini e Ichoalay. Mientras que el 1º de octubre del mismo año el Teniente de Gobernador Francisco Antonio de Vera y Mujica dejó fundada la nueva Reducción.
La reducción en un primer momento se estableció sobre la margen izquierda del Arroyo El Rey. La elección del lugar se debe a que en caso de roto los acuerdos con los españoles el arroyo serviría como barrera frente a un futuro ataque. Pero sin embargo dos años después la reducción se traslada sobre la margen derecha del arroyo, hecho sobre el cual hay diversas interpretaciones.
Lejos de lograr la paz, las reducciones fueron motivo de constantes luchas y de desestabilización en la región, en 1770 los abipones de la reducción de San Jerónimo junto a los de San Fernando atacaron la de San Javier en manos de los mocovíes.
La vida productiva dentro de la reducción fue próspera, dedicándose en gran parte a la cría de mulas y de bueyes, y al cultivo del tabaco.
La presencia de los jesuitas en la reducción fue breve ya que para 1767 la Compañía de Jesús era expulsada de las Misiones, por orden del Rey Carlos III; los jesuitas habían logrado no sólo reducir a gran parte de la población aborigen, sino que habían construido un enorme poderío económico basado en la cría de mulas y caballos, además de la producción de yerba mate y tabaco que amenazaba los grandes intereses de los comerciantes españoles.
La Reducción igualmente sobrevivió bajo la supervisión de frailes de las órdenes de franciscanos y mercedarios. Ichoalay dirigió de hecho la vida económica y militar de la reducción que se deterioraría luego de su muerte y tras la convulsionada vida política y militar luego de la revolución de 1810. Finalmente la reducción fue dpartamento cuenta con 45.000 ha explotables, y los principales cultivos son la caña de azúcar, algodón, girasol, lino, maíz.
Los establecimientos se ubican principalmente sobre la Ruta Nacional 11, y en la región existe una importante producción de frutas: se cultivan naranjas, limones y pomelos.
La actividad ganadera es extensiva, el ganado se alimenta de pastizales naturales. Las principales razas son la Hereford y la Aberdeen Angus.
La actividad tambera no está desarrollada y sólo abastece el mercado local.
La región cuenta con una fuerte promoción industrial impulsada por el Estado.
El parque industrial cuenta con varias industrias de alimentos, metalúrgicas, productos derivados del algodón, de carpintería, entre otros.
En el área se industrializa el 18% de la producción de girasol de la Provincia y el 3% de la producción de lino, y se encuentra instalado un importante frigorífico.
Fuente: Reconquista.com.ar
Este contenido no está abierto a comentarios

