RÉCORD HISTÓRICO: 56 PARTIDOS SE DISPUTAN EL VOTO PORTEÑO
Cuando el votante porteño ingrese en el cuarto oscuro, el 24 del mes próximo, se sorprenderá por un despliegue de ofertas electorales nunca visto: habrá 56 boletas de agrupaciones políticas que se disputarán las 13 bancas de diputado nacional que en esta ocasión renueva la Capital. Un récord absoluto desde que se reinstauró la democracia, en 1983, cuando en el distrito se presentaron 13 partidos y alianzas.
Resulta llamativo y paradójico que, en medio de la más profunda apatía de la sociedad hacia la política, los partidos se multipliquen como hongos. Según un informe de la justicia electoral, la ciudad de Buenos Aires lidera el ranking del país respecto de la cantidad de agrupaciones en condiciones de competir.
La cifra resulta sorprendente si se considera que durante el período 1983-2001 en la Capital hubo un promedio de 17 listas en las elecciones legislativas.
La mayor parte de los 56 partidos que competirán en octubre en la ciudad no sólo lo hará con listas de candidatos a diputado nacional, sino también a legislador porteño. Algunas de las agrupaciones debutan este año con nombres bien originales: Nuevos Aires, Ser Porteño, Por Vos Buenos Aires y Movimiento Verdad, Inclusión, Distribución y Automonía. Pero también hay agrupaciones con cierta experiencia electoral que, pese a su pobre caudal de votos en 2003, siguen participando. Por ejemplo, Reconstrucción Republicana, que obtuvo tan sólo 76 para legisladores nacionales.
¿A qué obedece esta proliferación de partidos? A dos razones: primero, a una ley, aprobada en 2002 -cuando estalló el clamor ciudadano de “que se vayan todos”- que facilitó la permanencia y creación de nuevos partidos políticos al flexibilizar algunos requisitos para su formalización.
Esa ley provocó que hoy haya en el país más de 700 agrupaciones partidarias, entre nacionales y distritales, cifra que algunos dirigentes celebran porque, a su juicio, refleja una mayor participación política.
Empero, otros advierten que muchas de las nuevas agrupaciones no persiguen ese objetivo, sino que son “sellos de goma” creados para obtener financiamiento público.
De hecho, las agrupaciones que debutan en estas elecciones recibirán entre 2000 y 3000 pesos cada una, más una cifra fija que les corresponde a todos los partidos políticos participantes (que aún no está determinada por el Gobierno), según marca la ley de financiamiento.
La segunda razón obedece a un decreto presidencial, el 535, de mayo último, que permite la participación de aquellos partidos políticos que iniciaron el trámite pero no obtuvieron aún la personería jurídica.
Merced a este decreto pueden competir 24 de los 56 partidos que se presentaron en la Capital para estas elecciones.
“Algunos defienden esta medida [el decreto 535] en términos de participación ciudadana, pero, si es por eso, no hace falta que ésta se canalice por medio de partidos políticos: también están las organizaciones no gubernamentales”, reflexiona Ana María Mustapic, politicóloga de la Universidad Torcuato Di Tella y el Conicet.
“Para ser partido se debería considerar un número relevante de ciudadanos. No en vano, la ley electoral establece un piso del 3% para los partidos para acceder a una banca”, agrega.
OTRA OPORTUNIDAD
Ahora bien, ¿qué grado de representación tienen estos nuevos partidos políticos?
Algunos de ellos debutarán sólo en estas elecciones, por lo que es prematuro saberlo.
Sin embargo, otros ya tienen cierta experiencia electoral y su cosecha ha sido más que magra.
Aun así el Estado les permite continuar compitiendo y, por lo tanto, seguir recibiendo financiamiento público.
En efecto, la citada ley 25.611, aprobada en 2002, derogó una cláusula que establecía la caducidad de aquellos partidos que no alcanzaran en dos elecciones consecutivas al menos el 2% de los votos sobre el padrón electoral.
Es decir que, al eliminarse esa cláusula, un partido político puede continuar participando en elecciones más allá de que su caudal electoral haya sido pobre.
Por ejemplo, en la Capital, el Partido de la Generación Intermedia obtuvo en 2003 tan sólo 48 votos para legisladores nacionales, el 0,08 por ciento.
Si rigiera la cláusula del 2% derogada en 2002, no podría competir en los comicios de octubre próximo.
Sin embargo, este partido se presentó a competir y la justicia electoral ya lo habilitó.
Más ejemplos: el Partido Blanco, que en el mismo distrito cosechó en 2003 88 votos (el 0,15%), también participará en estas elecciones, al igual que el Partido Reconstrucción Republicana, que hace dos años obtuvo 76 votos (0,13%).
Aun así, ¿vale la pena mantener esta ley? El diputado oficialista Juan Urtubey (Salta), titular de la Comisión de Asuntos Constitucionales de la Cámara baja, afirma que sí.
“Podrá haber una fragmentación inusitada de partidos, pero con el tiempo se dará un proceso de decantación natural”, sostiene el legislador salteño.
“Lo importante es que los ciudadanos con ganas de participar no se sientan presos de los partidos tradicionales”, agrega.
Desde ARI, Marcela Rodríguez (Buenos Aires) coincide con Urtubey.
“Si hay una proliferación de partidos es porque los partidos mayoritarios no supieron responder a las expectativas de la gente”, interpreta Rodríguez. Y concluye: “Por eso, enhorabuena que se facilite la creación de nuevos partidos”.
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