RECUERDAN CON UNA MUESTRA LOS 50 AÑOS DEL DEBUT DE ALBERTO OLMEDO
Esto empezó el año pasado, cuando decidí armar un museo del humor, y cuando noté que era mucho trabajo, pensé: ‘voy a empezar por la persona que más conozco, y con la que viví mucho tiempo y con la que pasé mi infancia, que es mi papá, y acá estoy’, dice Mariano Olmedo, uno de los hijos del legendario capo-cómico nacido en el Barrio Pichincha de Rosario el 24 de Agosto de 1933. Profesor de producción audiovisual en la Universidad de Lomas de Zamora, Mariano consiguió que esa institución auspicie la muestra Olmedo, 50 años en escena, en el Palais de Glace.
El lugar no es lo de menos sino que se trata del mismo sitio en el que funcionaba el viejo Canal 7, el mismo lugar en el que su padre comenzó su carrera actoral. “El título es porque el sigue trabajando, nunca se fue, y la gente siente lo mismo, creo que el de alguna manera, sabía que su humor iba a ser perpetuado”, explica mientras gira en redondo, si guiendo el recorrido que proponen las gigantografías cuyas imágenes recopiló y amplió. Ahí aparecen momentos reveladores de su vida; 1947: cuando el joven Olmedo se integra a la claque del teatro La Comedia; el Primer Conjunto de Gimnasia Plástica de Newel’s Old Boys; La Tropa Juvenil Asturiana y el dúo Toño-Olmedo (junto a Antonio Ruiz Viñas).
Dice la leyenda que en 1954, Olmedo decide probar suerte; entonces viaja a Buenos Aires y un año mas tarde, se desempeña como switcher en ese viejo Canal 7 de Ayacucho y Posadas, donde comienza a escribir su historia subiendo una escalera al cielo con un primer paso que conmueve: en la cena de fin de año de 1955, se reúnen las autoridades y el personal del canal; entonces Olmedo realiza una formidable improvisación y logra que Bringuer Ayala (interventor de la emisora) le ofrezca trabajar como actor. Una semana después, debuta en La Troupe de la TV, y el resto, es la historia que se reconstruye en la muestra, que comienza con dos imágenes tomadas en este mismo lugar cincuenta años atrás, un antes y después en la vida del cómico. Una es de 1955, y se lo ve a Olmedo junto a Fernando Cacho Domínguez, en el control central del canal, ambos de traje y corbata. La otra, de 1956, ya lo muestra a Olmedo como lo conocemos, haciéndonos reír en una secuencia de Academia de Locutores.
Reproducciones de los afiches publicitarios de sus filmes (Barcos de papel; Hay que romper la rutina; Las mujeres son cosas de guapos; Los Reyes del sablazo y Colimbas al ataque, entre otros), la bata original del personaje El Manosanta, una reproducción de aquella esa escenografía —con los mismos objetos de utilería— y fragmentos en video de sus mejores actuaciones —gentileza de Aries Cinematográfica—, son los otros elementos que componen la muestra.
Se completa con una serie de esculturas en bronce, en las que Pallaroids inmortalizó aún mas sus personajes, y obras realizadas especialmente para la ocasión por humoristas gráficos como Hermenegildo Sabat, Garaycochea, Fontanarrosa, Caloi y Nik, entre otros.
Hay más y toca profundo. El backstage de la máscara de la fama, las pruebas del Olmedo cotidiano. Fotos que lo muestran casado con su primer mujer, Judith (1958); feliz con el nacimiento de su primer hijo Fernando (1959); con Coquito en el programa El Capitán Piluso (1960), con su segundo hijo, Marcelo (1962); con el elenco de Operación Ja-Ja (1964); con los hermanos Hugo y Gerardo Sofovich (1965); con su segunda mujer, Tita Russ (1967); con el disfraz de Rucucú y el Yeneral Gonzáles (1968); con Pipo Mancera, durante el especial 36 horas con Olmedo, programa a beneficio de la Casa Cuna y el Hospital Argerich donde batió el récord de permanencia al aire (1970); con Jorge Porcel disfrazado de mujer, al costado del escenario, y muchas instantáneas de sus interminables cenas con amigos, como Tato Bores, Javier Portales, Susana Giménez y Astor Piazzolla, entre otros, en los ya míticos Fechoría y Edelweiss.
“En su momento, la crítica decía que solo hacía películas chabacanas, y lo menospreciaban. El sabía que hacía humor popular, y que era para siempre, pero nunca se imaginó tanto reconocimiento de ciertos sectores. Ahora, hasta en la UBA usan sus personajes para dar clases”, dice Mariano. “Es raro, porque la gente lo quiere cada vez más, es una especie de magia que solo pasa con él, aunque el le escapaba a todo eso, de hecho, nunca daba notas, salvo esa que le dio a Mateyko en Mar del Plata”. Habla de una entrevista realizada poco antes del 5 de marzo de 1988, cuando en el medio de la Fiebre Olmedo, el artista cayo de un piso 11 y como se sabe, vivió para siempre.
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