REFERÉNDUM CLAVE EN CATALUÑA POR LA CUESTIÓN DE LA NACIONALIDAD
Los catalanes decidirán hoy en referéndum si aprueban o rechazan el anteproyecto de Estatuto de Autonomía cuyo agitado trámite se convirtió en la peor crisis que afrontó el gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y terminó destrozando al gobierno tripartito catalán. Estas convulsiones otorgan gran importancia a los resultados que, si son muy favorables a la aprobación, podrán ser capitalizados por el gobierno de Rodríguez Zapatero, para lanzar de inmediato el diálogo de paz con ETA. Un descalabro de sufragios negativos será computado como una derrota de la furibunda oposición del Partido Popular.
Tanto el estatuto como la campaña del referéndum han elevado al máximo la crispación de la vida política española ya que la oposición del Partido Popular y la derecha acusaron al Estatuto de ser anticonstitucional y estar destinado a provocar la disgregación de España. El debate sobre la unidad de España fue tan vehemente como para provocar algunos insólitos pronunciamientos de un alto jefe y un oficial del Ejército, unos episodios que, a la larga, provocaron la reestructuración de la cúpula militar.
Por el contrario, los socialistas y sus aliados en Cataluña (Convergencia y Unión y la coalición Izquierda Unida-Verdes) sostienen que el Estatuto confirma que la pluralidad de comunidades, culturas y lenguas dentro del estado. El Estatuto amplía las potestades de Cataluña pero también queda bien claro su pertenencia a España.
Se oponen al proyecto de estatuto y apoyan el “no” en el referéndum una extraña pareja: el Partido Popular por la derecha —que lo ve como un camino a la independencia— y, por la izquierda, Ezquerra Republicana de Cataluña, que defiende el proyecto original y no la reforma que sacó adelante Rodríguez Zapatero.
“El estatuto es el fruto de una empanada ideológica. El principio del fin del estado que los españoles trazaron en la Constitución de 1978”, indicó Mariano Rajoy, líder de los populares. La campaña de los populares fue intensa y feroz. Acusaron al gobierno y los nacionalistas catalanes de buscar la quiebra de la unidad de España.
“No es un planteamiento independentista sino que afirma a España como un estado integrado por distintas realidades nacionales”, aclaró el diputado nacionalista moderado Jordi Xucla, que participó en la elaboración del estatuto. Los sondeos indican que los votos afirmativos pueden llegar a sumar el 75% de los votos contra un 20-23% negativos y una participación del 55,1% del censo electoral que llega a los 5.309.707 inscriptos.
Con el resultado del referéndum termina el agitado trámite del estatuto catalán, ya que si es apoyado por mayoría se convertirá definitivamente en ley.
El gran conflicto comenzó cuando el parlamento de Cataluña aprobó el 30 de septiembre de 2005 un proyecto apoyado por los socialistas, Iniciativa per Catalunya-Les Verdes (izquierda), Ezquerra Republicana de Catalunya y Convergencia y Unión. A favor sufragaron, abrumadoramente, 120 diputados y en contra se quedaron 15 solitarios legisladores del Partido Popular.
Pero el Estatuto estaba plagado de disposiciones que convocaban los viejos fantasmas del separatismo, como la tajante declaración en el artículo primero de que “Cataluña es una nación” y una fuerte ampliación de las potestades autonómicas. La derecha vio su gran oportunidad para cargar contra el gobierno socialista y el Partido Popular hizo sonar los clarines del nacionalismo español. La mayoría de los dirigentes y militantes socialistas, y también sus votantes, estaban en contra.
Rodríguez Zapatero se lanzó entonces a una renegociación que terminó por crear un nuevo texto, descafeinado pero eficaz como instrumento de mayor autonomía, que logró la aprobación del parlamento español por 189 contra 154 de los populares, otra vez en solitario.
Para reforzar su posición Zapatero dio un giro drástico a su alianza en Cataluña y acordó el nuevo texto con la coalición nacionalista Convergencia y Unión que gobernó 23 años en la comunidad autónoma de la mano maestra de Jordi Pujol. Ezquerra Republicana se sintió traicionada y en medio de unos hechos cada vez más dramáticos, rompió con el gobierno tripartito, lo que obliga a llamar a nuevas elecciones en Cataluña, probablemente para octubre próximo.
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