REFUERZO POLICIAL EN LA ZONA BANCARIA E INQUIETUD POR LA SERIE DE SALIDERAS
La policía rosarina dispuso un reforzamiento del patrullaje de la zona céntrica frente al recrudecimiento de arrebatos a clientes de bancos. Pero no identifica que detrás de los tres episodios más significativos registrados en apenas cuatro días hábiles, pese a sus similaridades, operen los mismos delincuentes.
Como resultado del control más intenso para prevenir las salideras la policía dio cuenta ayer de la detención de un motociclista en San Lorenzo y Corrientes. Fue identificado como Antonio C., tiene 40 años y un antecedente por tentativa de hurto. Circulaba en una moto tipo enduro de 250 centímetros cúbicos. Lo más significativo para los pesquisas es que llevaba una pistola calibre 6.35 no registrada por lo que quedó imputado de portación ilegal de arma en el juzgado de Instrucción Nº 10 pero no se lo vincula, por ahora, con los episodios de la última semana. La tarjeta verde del vehículo estaba vencida por lo que lo remitieron al corralón de la Dirección de Tránsito.
Los casos recientes tienen rasgos comunes: arrebatos por montos grandes -todos mayores a 20 mil pesos-, cometidos por delincuentes a bordo de motocicletas, contra víctimas que salen o entran a la casa central del Nuevo Banco de Santa Fe. No descartan, aunque no hay elementos probatorios, de un entregador de los golpes en inmediaciones de la entidad.
El subjefe de la Brigada de Investigaciones, Marcelo Villanúa, señaló que en Jefatura desacreditan que la recurrencia de casos implique la actuación de los mismos autores. “No hablamos de una banda. Son hechos que se reiteran pero actúa gente distinta sin relación entre sí. Las víctimas dan descripciones divergentes de los arrebatadores. Y también difieren los colores de las motos en las que huyen”, puntualizó. El último episodio de la serie se registró el jueves a la mañana en Entre Ríos al 800, cuando a un empleado de la mutual del Sindicato de Luz y Fuerza le arrancaron el sobre en el que llevaba 20 mil pesos, que había extraído del NBSF. El hombre fue sujetado por el cuello y arrojado al suelo.
El martes pasado la víctima fue un empleado del frigorífico Euro de Villa Gobernador Gálvez, a quien despojaron de 11 mil pesos, 4 mil dólares y cheques por otros 10 mil pesos, a pocos metros del NBSF, hacia donde se dirigía. Y el viernes de la semana pasada quien sufrió un despojo similar al llegar a barrio Alvear, tras retirar 20 mil pesos de la sucursal bancaria de Santa Fe y San Martín.
Personal de Investigaciones y de la Brigada de Orden Urbano (BOU) destinó más personal al área bancaria céntrica, según indicaron ayer oficiales de esas secciones, en prevención de salideras.
En lo que va del año se registraron numerosos casos calcados de arrebatos a personas que retiran dinero de bancos. Estos episodios suelen tener como característica común que los asaltantes se mueven en motos de alta cilindrada, están armados, acechan a sus víctimas a lo largo de algún trayecto y, por supuesto, cuentan con información: saben que sus blancos llevan encima altas sumas de efectivo, las siguen y a veces van a esperarlas frente a sus casas para despojarlas del efectivo.
El lunes 1º de agosto, un portavalores de 48 años que trabaja para el supermercado La Reina, Adrián Menéndez, recibió un disparo en una oreja al ser asaltado en Entre Ríos y San Lorenzo, mientras iba a depositar plata a un banco. Otros tres proyectiles quedaron desparramados en el lugar. Por falta de testigos del robo, de 6 mil pesos, se desconocía su mecánica.
Un día después, y a sólo dos cuadras de allí, dos empresarios fueron despojados de 26 mil pesos mientras charlaban en el bar Caprese, de Corrientes y Santa Fe. Héctor Balducci, un empresario de 57 años oriundo de Santa Teresa, le contó al diario El Ciudadano que había retirado 14 mil pesos del Banco Credicoop de Ovidio Lagos 260. El hombre, que además es candidato a diputado nacional por el PPS, planeaba pagar el sueldo de los choferes con ese dinero, que guardó en un maletín. También se llevaron 12 mil pesos de uno de sus acompañantes.
Allí se encontró con un vendedor de agroquímicos nicoleño, Julián Luraschi, de 30 años, y con Roberto Ubaldi, de la firma Ombú de Las Parejas. A las 15.30 irrumpieron tres hombres que exhibieron un arma y se llevaron el dinero repartido en tres maletines, tras golpear a Luraschi en la cabeza.
“Fueron dos hombres. Uno tenía un buzo con cierre adelante, con el cuello para arriba. Al otro, como dije en la comisaría, no era sencillo mirarle la cara porque el susto fue muy grande. Yo sinceramente creí que era una broma. Habrá durado 30 segundos; la gente que estaba alrededor nuestro ni se dio cuenta”, detalló a La Capital Ubaldi, quien desconoce cómo los marcaron los asaltantes, aunque sí escuchó que se fueron en una moto.
Otra moto fue el vehículo que usaron los dos hombres que el 8 de julio despojaron de 20 mil pesos a una comerciante y su hija, que habían retirado esa suma del banco Suquía de Pellegrini y Entre Ríos. Con el dinero en la cartera, Ana María Pangaro, de 54 años, y su hija Amalia Yezzi, caminaba hacia la casa de unos familiares que viven en la zona de Mitre y Pasco cuando advirtieron que dos jóvenes sobre una moto Enduro las seguían. Fue en vano que intentaran resguardarse en una fábrica.
Un mes antes, el viernes 3 de junio, la psicóloga Cristina Pía Hernández fue emboscada frente a una empresa de Pichincha, poco después de que retirara 15 mil pesos de la casa central del NBSF. Cerca de las 14, la mujer cobró unos cheques, guardó el efectivo en su cartera y tomó un taxi hasta la empresa textil Trial, de Brown 2569, donde su hermano Iván esperaba el dinero. Al tocar el timbre del local, un hombre saltó de una moto enduro estacionada allí, empujó a la psicóloga y la golpeó para que soltara el bolso.
De la misma sucursal salió el 14 de octubre de 2004 Antonio Patricelli, un jubilado de la EPE de 71 años, quien retiró los 25 mil pesos que le entregaba la empresa por haberse jubilado. El ex operario asegura que solicitó un lugar reservado donde extraer y contar el dinero, pero el banco no se lo facilitó. Fue en auto hasta su casa de Vélez Sarsfield al 1200 y allí comprobó que lo esperaban dos hombres a los que ya había visto en el camino, quienes le arrebataron a puñetazos el sueño de conocer las Cataratas del Iguazú y de arreglar su casa.
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