REHABILITARON LOS MAS DE 40 CENTROS ASISTENCIALES DE LOS SIN TECHO
A poco más de dos meses de ocurrida la inundación de los barrios del cordón oeste de la ciudad, el movimiento Los sin Techo ya ha habilitado los 40 locales que resultaron damnificados, entre guarderías, comedores y centros de salud para continuar brindando asistencia en los sectores marginados de la ciudad.
Concretamente en Villa Oculta, en donde la mayoría de las casas fueron construidas por el Movimiento Los sin Techo, las tareas para recomponer el barrio avanzan a paso firme.
Ubicada a escasas 10 cuadras de la cancha de Unión y detrás del Parque Juan de Garay, la Villa quedó completamente bajo las aguas del Salado aquel fatídico 29 de abril.
Hoy, al recorrerla, se observan las marcas que dejó el río en las paredes al bajar lentamente, las casas semi vacías por todo lo que se llevó y la tristeza que dejó huellas en los rostros de sus habitantes.
Pero nadie bajó los brazos. Y a pesar de que saben que sus casas están erguidas en terrenos inundables, tienen que seguir adelante. Viviendo. Sobreviviendo lo más dignamente posible. Al menos hasta que las autoridades decidan de una vez por todas planificar el crecimiento urbano de esta ciudad.
De Villa Oculta a Villa Hermosa
Apenas bajó el agua, Los sin Techo, siempre al lado de los vecinos marginados, lanzaron el programa Volver a Empezar y destinaron dinero donado por las embajadas de Canadá, EE.UU., España y Tailandia para reconstruir los 40 locales afectados, asistir a las más de dos mil familias damnificadas y mejorar algunos barrios.
Alquilaron tres poceras y desagotaron 1.500 pozos negros. En Villa Oculta hicieron mejorado de 15 cuadras con piedra granular traída desde Córdoba y están finalizando la construcción de 30 viviendas, iniciadas antes de la inundación, con la colaboración del gobierno provincial.
Además, entregaron gran cantidad de lavandina y detergente para la limpieza de las viviendas y cal y pintura.
“Este trabajo no se puede realizar sin la colaboración de los vecinos porque la participación hace al desarrollo humano y eso es lo que queremos lograr”, afirmó José Luis Zalazar, integrante del movimiento.
Comentó también que “cuando la gente comenzó a volver a sus casas estaba muy desanimada y quebrada. Si antes tenían poco, la inundación los dejó sin nada. Pero con el tiempo las caras cambiaron”.
Hechos, no palabras
Zalazar expresó que los integrantes del movimiento Los sin Techo “somos conscientes de que muchos de los barrios en los que construimos viviendas son inundables. Pero en vez de perder tiempo en reuniones, el dinero que recibimos lo destinamos en forma urgente a asistir a los damnificados y a reconstruir. Después, quienes tenemos en nuestras cabezas el problema de la marginalidad, tenemos que reflexionar en silencio. No podemos decirle a esta gente que ha sufrido tanto que su lugar no se puede habitar si no hay nada planificado. ¿Adónde los llevás? Y mientras tanto, los chicos tienen que ir a la escuela sin embarrarse, tienen que comer y recibir atención sanitaria. Y sus padres también. Y esto requiere soluciones urgentes. Cuando se planifiquen las cosas, nos sumaremos en el camino de mejoramiento integral”. Pero hoy más que decir, hay que hacer.
Resistir en el puente
Juan Casco vive en Villa Oculta. Cuando el barrio se inundó, resistió en el Puente Negro junto a la mayoría de los jefes de familias por temor a los saqueos. Desde arriba miraba su casa cubierta por el agua y lloraba sus pérdidas.
Su familia se cobijó en uno de los cientos de centros de evacuados que se habilitaron durante la emergencia. Pero al Puente no llegó asistencia de ningún tipo. A la semana de que el agua bajó ya estaba viviendo otra vez en su casa, construida con su sudor y el aporte de Los sin Techo. Siete días después, el Ejército repartió colchones, comida y ropa.
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