REIVINDICAN EL USO DEL PIZARRÓN FRENTE A LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS
La nota más curiosa y, tal vez inesperada del Congreso Internacional sobre Educación Superior y Nuevas Tecnología que se desarrolla en la Universidad Nacional del Litoral, fue la revalorización del pizarrón.
Aunque resulte paradójico por la temática del evento, esa herramienta tan indispensable en la práctica docente, fue el centro de la exposición de Edith Litwin, directora del Instituto de Investigaciones de Ciencias de la Educación de la Facultad de Filosofía y Letras y directora del programa UBA XXI, quien lo consideró “la tecnología más antigua y utilizada en los claustros universitarios y en los demás niveles de la enseñanza. Para bien o para mal el pizarrón es insustituible”.
Esta herramienta del aprendizaje ganó un lugar en el aula y, aunque su función sigue siendo la misma, sus usos le confirieron nuevos significados. Como disciplinador, para maestros que ante un comportamiento incorrecto de sus alumnos los hacían pasar al pizarrón para poner a prueba sus conocimientos o como estímulo para docentes que preferían premiar a los alumnos dejándolos que demuestren lo que estudiaron. “El espacio del pizarrón se transformaba según el uso que le daba cada docente en un nuevo lugar para el estigma o para el fortalecimiento de la autoestima”, expuso Litwin.
Antes que un lugar para establecer premios y castigos, el pizarrón es un lugar ideal para favorecer la comprensión. “A medida que se desarrollan las explicaciones los conceptos centrales pueden ir acuñándose en el pizarrón. Los que están bien organizados contienen el tema en la parte superior mientras que en el resto de la pizarra se escriben los conceptos centrales. Subrayarlos o remarcarlos puede demostrar su centralidad o importancia, tacharlos puede dar cuenta de su obsolescencia o de su cuestionamiento. Se trata de favorecer la comprensión con algunas estrategias que ayuden a dotar de mayor fuerza perceptiva a la explicación”, remarcó Litwin.
En síntesis, al finalizar la clase el alumno visualizará a simple golpe de vista todos los conceptos que intervienen en el tema y podrá integrarlos y relacionarlos con sus conocimientos previos.
Este “pizarrón activo”, como lo define Litwin, se transforma en un apoyo esencial para el docente que puede ser potenciado con los usos de las nuevas tecnologías.
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Tecnología en las aulas
La utilización de presentaciones, Internet y otras herramientas que vuelvan entretenida y dinámicas las clases constituyen recursos que algunos docentes ya están empleando en los niveles superiores de enseñanza. Sin embargo, “hacer atractiva las clases no es un tema de herramientas; son los contenidos los que tienen que ser desafiantes, vinculados a los jóvenes y a sus intereses y respetuosos de los tiempos del aprendizaje”.
Si de modernas tecnologías hablamos, las pizarras digitales interactivas no pueden quedar afuera de la nómina. “Estas grandes pantallas permiten que los docentes y alumnos accedan y controlen cualquier aplicación informática o plataforma multimedia incluyendo Internet”, explicó Litwin.
Todos los contenidos que se escriban en la pantalla pueden guardarse e imprimirse. Es una especie de “computadora transformada en pizarrón. La complejidad de su diseño favorece y expande las propuestas didácticas del viejo pizarrón pero no las inquietudes de los docentes”, que se siguen interrogando sobre el impacto de las nuevas tecnologías en la educación.
¿Favorecen el aprendizaje?, ¿lo hacen más atractivo?, ¿mejoran la comprensión de los temas? Aunque no hay respuestas definitivas, lo cierto es que el uso de la tecnología en el nivel superior comenzó a popularizarse en los tiempos de crisis. “Los profesores universitarios estaban preocupados por poner al alcance de los estudiantes información actualizada y de bajo costo. Por esto optaron por colocar bibliografía on line, artículos de revistas electrónicas o sitios de consultas para la obtención de datos”, informó Lewin.
En esta realidad se refleja un condicionante de nuestro país, no ya tecnológico aunque sí económico. Pero más allá de esta situación, Edith Lewin fue contundente al afirmar que el rol de la educación no cambia con la incorporación de las tecnologías. En este sentido, destacó la importancia de construir conocimiento en vías de formular alternativas de desarrollo “claras y contundentes” para eliminar la pobreza, la marginalidad y la desocupación. Por eso consideró fundamental “enseñar la fraternidad, crear conciencia acerca de las desigualdades que existen y focalizarse en la búsqueda de una sociedad mejor’.
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