RELEVAN A LOS JEFES DE SEGURIDAD DE EZEIZA Y DE OTROS AEROPUERTOS
El interventor de la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), Marcelo Saín, reestructuró ayer los mandos medios de su fuerza, luego de que el sábado pasado se registrara otro robo de valijas en el Aeropuerto de Ezeiza y dos semanas después de que un norteamericano pasara un cartucho de dinamita por esa aeroestación y recién fuera detectado en Houston.
Saín es el interventor de la cuarta fuerza de seguridad nacional, luego de la Policía Federal, la Gendarmería y la Prefectura, desde el escándalo de febrero del año pasado cuando se descubrió el envío de 60 kilos de cocaína a Madrid en un vuelo de Southern Winds que terminó con la disolución de la Policía Aeronáutica Nacional, que dependía de Fuerza Aérea, y la creación de la PSA.
Los cambios apuntaron a colocar oficiales jóvenes y afines a la intervención de Saín en cargos clave como la regional de Buenos Aires, que controla Ezeiza y el Aeroparque, informaron fuentes de la PSA a Clarín. La PSA tiene actualmente 2.500 efectivos.
El trasfondo de los cambios fue el robo de valijas de turistas detectado hace tres meses en Ezeiza y repetido el sábado. Para el Gobierno los jefes de la regional de Buenos Aires deberían haber prevenido y controlado más a su personal.
La política de Saín es enfrentar no sólo el narcotráfico en Ezeiza sino también delitos menores, como el robo de valijas, porque a su criterio éstos crean “ductos de corrupción” por donde podría operar hipotéticamente el terrorismo.
Mientras tanto, Saín espera que el Ministerio de Economía apruebe un pedido de unos 70 millones de pesos, girado a través del ministro del Interior, Aníbal Fernández, para que se llame a licitación para equipar a la PSA.
La fuerza necesita desde equipos de comunicaciones hasta uniformes (todavía algunos usan los viejos de la Policía Aeronáutica). Pero, fundamentalmente, la PSA necesita detectores de explosivos en los 32 aeropuertos nacionales de la Argentina.
Hace dos semanas un joven norteamericano llamado Howard Mac Farlane Fish pasó por Ezeiza en su equipaje de mano “una botella de Coca Cola con barro, con un tubo con nitrato de amonio, dinamita y un disparador para ser activado”. Se trata de elementos explosivos sueltos, pero no de una bomba para ser detonada. Sin embargo, así como fueron descubiertos en el aeropuerto de Houston, en Ezeiza pasaron sin que nadie los detectara.
El caso es investigado por el juez federal de Lomas de Zamora Alberto Santamarina. La semana pasada, el Ministerio del Interior le hizo llegar a Santamarina un informe del FBI en el que se corroboraría la impresión de que el episodio no fue de tanta gravedad. El eje de la investigación judicial no es el joven norteamericano, sino esclarecer si hubo algún funcionario público que cometió algún incumplimiento en su deber de controlar los movimientos del aeropuerto.
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