RENOVACIÓN 2004
Aunque todavía no empezó, algo propio ya tiene el 2004. Al menos, en materia de fútbol. Al menos, en la Argentina. Al menos, en los que a técnicos se refiere. Hay una fórmula evidente: buscar nombres que por la historia que construyeron y por los afectos que se ganaron aseguren cierta paciencia de parte de los hinchas.
Y van las pruebas: tres de los clubes más grandes de la Argentina están cerrando el año jugando las fichas para que en la temporada próxima la conducción de sus equipos esté a cargo de nombres que tienen base en el corazón. En River, llega Leonardo Astrada, sin pasado como entrenador, pero con toda una colección de domingos calzados con la banda roja en el cuerpo y en el alma. En Racing, el que asoma es Ubaldo Matildo Fillol, el hombre que atajó todo lo que le patearon no sólo actuando para el club de Avellaneda y que ahora, además de un esperanza, representa la posibilidad de atajar a simpatizantes que terminaron enojados con los dos últimos directores técnicos. Y en Independiente, la cara para el futuro inmediato es José Omar Pastoriza, ex jugador multicampeón, ex entrenador multicampeón, siempre una leyenda alrededor de la camiseta roja. Astrada, Fillol, y Pastoriza, tres nombres para resucitar algo que no es novedad en el fútbol —entregarle el liderazgo a alguien con mucho peso en el club— pero que en estos días adquiere la fuerza de un fenómeno.
No hay una fórmula ni un fenómeno, pero sí un impacto en el otro camino que se ve en el escenario del los técnicos del año próximo. El impacto consiste en apostar a la sorpresa y ese es el caso de Colón que convocó y contrató a Francisco Maturana, primer colombiano que dirigirá un equipo en la máxima categoría del fútbol argentino, quien arrastra una historia como referente de los tiempos más felices de la selección de su país, en los 90, y una frustración reciente también como entrenador nacional.
La tercera ruta para ir en busca de técnicos es la que en este diciembre tuvo y tiene como emblema al uruguayo Luis Garisto, mencionado hasta el cansancio en el panorama de unos cuantos clubes con porvenires complejos. Sin estridencias, Garisto quedó estampado como un eficiente ordenador de equipos en dificultad tras su paso por Banfield y, además, sumó la satisfacción de ser flamante campeón en Chile con el Cobreloa. Aquí lo que muchos dirigentes persiguieron invocando su nombre no es ni la tradición ni el alto impacto, sino la presencia de un profesional especializado en afrontar trances difíciles y sin abundancia de recursos en el palntel.
Tiempo de renovación 2004. Más de un camino conduce a los nuevos técnicos.
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