RENUNCIÓ EL DIRECTOR DEL TEATRO COLÓN
Tito Capobianco adujo anoche “razones personales”, ante el secretario de Cultura de la Ciudad, Gustavo López, para presentar su renuncia “indeclinable” al cargo de director general y artístico del Teatro Colón, función que ejercía desde un año atrás. En un e-mail que le hizo llegar al funcionario porteño desde Miami, adonde viajó en mayo por cuestiones de la salud de su esposa, Capobianco explica que su renuncia será efectiva a partir del viernes próximo y no abundó en otro tipo de explicaciones.
Agregó, eso sí, algunas formalidades de rigor, como el agradecimiento a López y al jefe de Gobierno de la Ciudad, Aníbal Ibarra, por “el apoyo” a su gestión y se permitió un elogio autorreferencial, al afirmar que el público “aprobó con aplausos el éxito de nuestros espectáculos”, según puntualizó en su corto mensaje de dimisión.
Consultado por Clarín, López dijo anoche que “lamentaba” la renuncia, y al hablar sobre la futura situación del Teatro aseguró: “Me voy a tomar 48 horas para definir la nueva situación. La prioridad será absolutamente lo artístico y la profesionalidad estará por sobre todo”.
La renuncia, en verdad, no fue una sorpresa para nadie. Los rumores sobre su alejamiento circularon con fuerza en mayo cuando viajó a Miami, pero entonces el propio secretario de Cultura se encargó de desmentir esa posibilidad. Todo eso pasaba mientras los empleados del Teatro anunciaban un paro de 72 horas por mejoras salariales. Esa cuestión no fue el único frente de tormenta de Capobianco, dado que la programación, verdadero sustento de toda gestión al frente del Teatro, tuvo también severos cuestionamientos.
Las idas y venidas del Colón fueron moneda corriente de las últimas temporadas musicales. Primero con una deuda con editoriales y sociedades recaudadoras de derechos que hizo fracasar buena parte de la programación de la Filarmónica, y luego con la renuncia del anterior director, Gabriel Senanes, y su reemplazo por Tito Capobianco, quien no pudo lograr progresos artísticos visibles respecto de la apertura estética desarrollada por el Teatro de unos quince años a esta parte en materia de programación. Bajo la conducción de Capobianco, la temporada lírica del Colón lució conservadora y carente de audacia. Y también mereció cuestionamientos la temporada sinfónica. Entre los eruditos llamó la atención, por ejemplo, la ausencia de autores contemporáneos de la Argentina y el extranjero. A tal punto que la programación dejó de lado la experiencia acumulada durante años por orquestas y público locales.
Los problemas de Capobianco se agudizaron cuando se supo que el funcionario cobraba 25.000 pesos de sueldo, mientras sus antecesores percibían 5.100 pesos. La cifra que percibía el hoy renunciante director del Colón era diez veces mayor que lo que cobraba el concertino de la orquesta, lo que mereció fuertes cuestionamientos. En su momento, el secretario de Cultura porteño había señalado que eso nunca se había ocultado.
Fuentes consultadas por Clarín aseguraron que “la cuestión salarial no fue determinante” a la hora de evaluar la gestión de Capobianco. Agregaron que el renunciante director “le imprimió un tono personalista a su conducción”, ya que “buscó una autonomía sin precedentes con relación al Gobierno de la Ciudad”. También dijeron que se les pedirá la renuncia a todos los colaboradores nombrados por Capobianco.
De acuerdo a las informaciones que pudieron recogerse a última hora de anoche en fuentes de la Secretaría de Cultura porteña puede decirse que la nueva conducción del Colón no será unipersonal, sino que los distintos directores de área ejercerán “una conducción de estilo plural y sin protagonismos excluyentes”.
Mientras eso se defina, el director de Administración de la Secretaría, Leandro Iglesias, estará al frente del Colón. Venía ejerciendo esas funciones desde que Capobianco decidió tomarse un avión a Miami.
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