RESCATAN EL ARCHIVO COLONIAL DE BUENOS AIRES Y LO ABRIRÁN AL PÚBLICO
Los secretos de la Buenos Aires colonial y sus habitantes —guardados celosamente durante siglos— están a punto de ser revelados. Gracias a la paciente recuperación y digitalización de los archivos eclesiásticos porteños —que hasta 1884 registraban todos los nacimientos, casamientos y defunciones—, cualquier ciudadano podrá desde el año próximo no sólo buscar sus raíces familiares. Sino también bucear en algunos aspectos de las costumbres de la época, que los registros consignan con singular precisión y que están llamados a enriquecer la investigación histórica.
Durante tres años y medio, un equipo de historiadores copió prolijamente los 76 tomos de asiento de bautismos, casamientos y defunciones registrados entre 1635 y 1860, que hasta principios del siglo XIX los llevaba la Catedral metropolitana. Y que en 1830 fueron traspasados a la iglesia de La Merced (denominada catedral norte) que, junto con la iglesia de San Ignacio (denominada catedral sur), prosiguió con las anotaciones. En los registros, aparecen el casamiento de José de San Martín y la defunción de Manuel Belgrano, entre otros documentos.
La recuperación no fue una tarea fácil. Primero había que tomar la decisión y conseguir los fondos. El párroco de La Merced y vicario para la cultura del arzobispado de Buenos Aires, monseñor Eugenio Guasta, decidió asumir el desafío. Consiguió que la Fundación Banco de Galicia y la Universidad de Harvard aportaran el dinero. Después vino la tarea de copiar minuciosamente los libros, cuya legibilidad fue dificultosa en algunos casos y obligó a la utilización de tecnología que permitió recuperar hasta el más mínimo detalle. Todo el trabajo se hizo en la iglesia ubicada en Reconquista y Perón, donde se podrá acceder al archivo.
Uno de los principales escollos se planteó con algunos tomos que resultaron afectados en la famosa quema de las iglesias de 1955, durante el conflicto entre Juan Perón y la Iglesia. La Merced fue uno de los doce templos atacados. En rigor, el fuego no llegó a alcanzar a los tomos, pero sí el agua que se utilizó para sofocarlo, afectando la tinta y, por consiguiente, su lectura. Unos pocos tomos, además, fueron robados a lo largo de los siglos. Además de los 76 libros recuperados, hay dos más de confirmaciones y cuatro de contaduría.
El supervisor general del proyecto, el historiador César García Belsunce, y la coordinadora de los trabajos, profesora Susana Frías, destacan que los libros no sólo son un registro, sino que contienen valiosos datos de la vida cotidiana de la época y hasta menciones de hechos históricos —revoluciones y alzamientos— con la nómina de muertos. “Los documentos conservados son una fuente insustituible para la historia social, demográfica, cultural y genealógica de Buenos Aires”, dice Frías.
El método de trabajo utilizado buscó rescatar toda la información y facilitar su acceso. Frías explica que se optó por la digitalización en computadora de todos los datos porque la reproducción por microfilmación, por escaneado o por fotografía digital, limitan la consulta a los especialistas en grafías antiguas: “Nuestro proyecto apunta no sólo al uso científico, sino también al práctico, que incluye desde la consulta genealógica hasta la jurídica”.
El software empleado es el WINISIS —que usan muchas bibliotecas del mundo—, de propiedad de la UNESCO. Las búsquedas se pueden hacer de diversas formas y es posible entrecruzar datos. Los usuarios podrán, pues, “navegar” por toda la información, asistidos por interfases y un motor de búsqueda. Un ejercicio, sin duda, apasionante.
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