RESCATARON A LOS TIROS A UN JOVEN QUE ESTABA SECUESTRADO
Veinte policías rodearon la casa en silencio. Cuatro vestidos de civil se arrimaron a la puerta. Nadie hubiese pensado por el aspecto que eran policías. El más robusto de ese grupo, de 1,90, le pegó un hombrazo a la puerta y la abrió. Tenía puesto un chaleco antibala y otro más que usaba como escudo.
Un compañero entró con él y detrás quedaron los otros dos. El secuestrador quedó sorprendido y atinó a agacharse, se cubrió con una mano como si se tapara del sol y con la otra disparó justo cuando el enorme policía se le venía encima. El balazo le silbó muy cerca pero ya no hubo más tiempo para el secuestrador. Los otros agentes, desde los costados, le acertaron varios disparos.
En la habitación de atrás estaba la víctima, un joven de 19 años. Lo encontraron en una cama, atado con cinta de embalar con los brazos hacia arriba en forma de cruz, vendado y con marcas de haber sido quemado con cigarrillos. Ahora estaba a salvo.
Pasó ayer en el Talar, partido de Tigre, cuando la Policía rescató a un rehén que estuvo secuestrado durante siete días. El secuestrador que lo cuidaba cayó muerto y se detuvo al resto de la banda: seis personas, entre ellas dos mujeres.
Ernesto Gonzalez Piris y su novia Julieta Benjamín, de 22 años, habían sido secuestrados la noche del viernes 10 de octubre en la zona del Talar. La pareja fue atrapada cuando caminaban por la calle por tres hombres armados que la obligaron a subir a un auto, cuando estaban a una cuadra de la casa del muchacho. Los investigadores sospechan que el secuestro fue planificado.
Las negociaciones para lograr su liberación empezaron casi de inmediato. El encargado de negociar fue el propio padre de Ernesto. El primer pedido de rescate recibido por la familia fue de 100.000 pesos.
La familia no hizo la denuncia, aunque la Policía se enteró de lo que pasaba e inició una investigación de oficio.
La suma exigida fue bajando con el pasar de los días y la sucesión de llamados telefónicos. “De entrada nos pedían una suma inalcanzable para la situación económica de nuestra familia, pero con el pasar de los días entendieron que a esa suma no llegábamos y al final aceptaron lo que se pagó” contó a Clarín, Carlos Santacruz, tío de la víctima.
Los secuestradores entregaron pruebas de vida. Ernesto Piris, tuvo que grabar mensajes y responder a preguntas sobre temas personales que hacía su familia para para estuviesen seguros de que estaba con vida.
El jueves a la noche, cerca de las 22, el padre de Ernesto llegó a un acuerdo para pagar entre 15.000 y 20.000 pesos (ninguna fuentes confirmó la cifra exacta).
Siguiendo indicaciones de los secuestradores, entregó el dinero. Una versión no confirmada indicaba anoche que había dejado la plata al borde de las vías del ferrocarril a unas diez cuadras del lugar donde tenían cautivos a Ernesto y su novia.
Como los secuestradores no quedaron conformes con la cantidad de plata que habían obtenido, horas más tarde liberaron solamente a Julieta en ruta 26 y Panamericana, Ingeniero Maschwitz. Antes de soltarla le dijeron: “Decile a los padres de tu novio que consigan más plata si quieren volver a verlo con vida”.
En ese momento la Policía ya había obtenido varias pistas sobre la ubicación de la casa que los secuestradores usaron para ocultar a la pareja. Cuando los investigadores hablaron con Julieta, que se acordaba de varios lugares claves por donde la pasearon antes de soltarla, pudieron establecer con precisión donde tenían a Ernesto.
Así llegaron a los departamentos de la calle Céspedes 126, un complejo de dos plantas con cuartos de un ambiente, cocina y baño. Allí viven diez familias.
Los secuestradores llegaron hace 20 días y alquilaron dos habitaciones (en planta baja y la en el primer piso) por $ 180 cada una.
Los policías se desplegaron sin llamar la atención. Con ellos estaba Julieta, que reconoció el Alfa Romeo negro de los secuestradores, el auto donde la habían trasladado cuando la liberaron.
Atraparon primero a un integrante de la banda que estaba en la esquina. Luego, en la cochera, detuvieron a otro. Entonces apareció en escena el policía robusto y sus tres compañeros, que tuvieron a su cargo la parte más difícil, el rescate de Ernesto.
Dos delincuentes más fueron arrestados en el departamento de arriba. Y otros dos en una casa a la vuelta, en Arévalo al 3100.
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