RETIRO: HALLAN UNOS 350 KILOS DE COCAÍNA EN UN CONTENEDOR
Unos 350 kilos de cocaína pura fueron descubiertos ayer escondidos dentro de un cargamento de merluza congelada, en un depósito de Retiro. El hallazgo se presentó como parte de la Operación “Merluza Blanca”, por la que ya se habían decomisado casi 600 kilos de la misma droga. Pero lo curioso es que el mismo lugar ya había sido allanado hace menos de un mes y se lo suponía vacío. Además, entre lo incautado habría un cargamento perdido por Gendarmería en un operativo anterior.
El nuevo decomiso de drogas se calculaba anoche en 347 kilos, aunque al cierre de esta edición el pesaje no había concluído. La cocaína estaba disimulada entre el pescado, dentro de 18 cajas metidas en un contenedor. Todo el cargamento estaba dentro de un depósito llamado “Capitán Cortés”, ubicado entre el Edificio Centinela de Gendarmería y la Terminal de Omnibus de Retiro.
El allanamiento fue encabezado por el juez federal de Mar del Plata Alejandro Castellanos, quien conduce la llamada operación “Merluza Blanca”. En el marco de ese expediente, el 23 de febrero la Policía Federal había allanado este mismo depósito para descubir 203 kilos de cocaína escondidos en los contenedores.
Luego, el 10 de marzo, se habían secuestrado 387 kilos de cocaína en el puerto español de Barcelona. Habían llegado por barco, en contenedores y mezclados con merluza congelada. En total, cinco personas quedaron detenidas por toda la operación.
En la noche del miércoles, la Policía Federal emitió un informe oficial donde daba cuenta del final de la “Operación Merluza Blanca”. Pero faltaba más.
Dos fuentes diferentes dijeron a Clarín que en las últimas horas se produjeron dos llamados anónimos. Uno lo recibió el juez Castellanos: le indicaron que entre la merluza que había quedado en el depósito “Capitán Cortez” (la idea era donarla) había mucha más droga que la secuestrada en febrero. Es decir, que alguien no le había dicho toda la verdad sobre los resultados de aquel operativo.
El segundo llamado anónimo fue para el juez federal porteño Octavio Aráoz de Lamadrid. Este estaba a cargo de una “entrega controlada” de cocaína que terminó en un desastre.
Fue en febrero. Agentes de la DEA (agencia antidrogas estadounidense) y un equipo de Gendarmería venían custodiando un cargamento de 188 kilos de cocaína desde Perú. Lo siguieron hasta San Fernando y de allí a Capital Federal, donde lo entregaron a los narcos en un estacionamiento de Congreso.
Lo insólito fue que los gendarmes le perdieron el rastro a la cocaína en cuanto la entregaron a los narcotraficantes. Dijeron que el rastreador satelital que habían puesto en el auto con la droga no funcionaba. Poco después, gracias a intervenciones telefónicas, se logró detener a seis personas. Pero la droga no apareció.
El llamado anónimo recibido en las últimas horas por el juez Aráoz de Lamadrid le indicaba que esos 188 kilos de cocaína perdidos estaban en Retiro. Más precisamente, en el depósito que ya había allanado Policía Federal, el “Capitán Cortez”. También le dijeron que los panes de droga llevaban el sello “CH”.
Ante esto, Aráoz de Lamadrid se comunicó con Castellanos. Es te le respondió que también tenía esa información y que haría un nuevo procedimiento.
Así fue como ayer aparecieron los casi 350 kilos de cocaína en Retiro. Tal como había anticipado el anónimo, 188 kilos estaban marcados como “CH”. Por eso anoche un grupo de gendarmes trataba de reconocer la droga.
Del resto de la cocaína que apareció allí se cree que era un remanente del allanamiento previo que, por algún motivo aún ignorado, había sido pasado por alto.
Ante la prensa, el juez Castellanos señaló ayer que tal vez su investigación y la de su colega Aráoz de Lamadrid eran las dos puntas de una misma operación. Pero nada estaba claro.
Más allá de las especulaciones, la suma de cocaína secuestrada desde el 23 de febrero, si se la toma como parte de una misma operación, ronda los 910 kilos. Esto convierte al caso en uno de los mayores golpes contra el narcotráfico de la historia argentina.
Anoche en fuentes judiciales anticipaban que el caso no terminará aquí. Se habla de “pases de factura” entre fuerzas de seguridad y faltan explicaciones sobre la forma en que una parte de la droga se perdió, otra no se encontró, y luego apareció.
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