RETRATAN A LOS TALIBANES EN UN FILM
Una de las películas más comentadas (y codiciadas por los compradores internacionales) en el último Festival de Cannes fue “Osama”. Pese a su título, no se trata de un documental sobre el terrorista Ben Laden sino del primer largometraje rodado íntegramente en Afganistán luego de la caída del régimen talibán.
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“Osama”, que se presentó en la prestigiosa sección paralela Quincena de Realizadores y cosechó tres importantes premios (Mención honorífica de la Cámara de Oro, el Cannes Junior, otorgado por el Jurado de la Juventud, y el de la Asociación Francesa de Cines de Arte y Ensayo), no sólo conquistó a críticos y empresarios de todo el mundo (la distribuidora local Alfa Films ya la adquirió para su estreno comercial en la Argentina) por el valor testimonial que evidentemente ofrece esta trágica fábula sobre el fanatismo religioso y la misoginia sino también por sus incuestionables valores artísticos.
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Esta opera prima del talentoso Siddik Barmak comienza con una manifestación de mujeres reclamando por su derecho al trabajo, que es violentamente reprimida por los talibanes, quienes no sólo les prohibían esa posibilidad sino que ni siquiera les permitían salir a las calles si no estaban acompañadas por algún hombre. En medio de esos incidentes callejeros quedan atrapadas una mujer viuda, que trabaja en forma clandestina en un hospital, y su hija de 12 años.
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Ambientada en los primeros tiempos del período de dominio talibán en Kabul (entre 1996 y 2002), “Osama” se centra en las penurias de aquella niña. Cuando su madre y su abuela se quedan sin ingresos, no tienen otra alternativa que cortarle el pelo y vestirla de varón para enviarla a trabajar. Al poco tiempo, el falso muchacho es enviado por los talibanes a una escuela de adoctrinamiento religioso, donde sus compañeros lo atacan por sus modales afeminados. Pero uno de sus compinches -que conoce la verdadera identidad de la niña- sale en su defensa y asegura que se trata de un chico llamado Osama. No conviene adelantar nada más de una trama que muestra en toda su dimensión el oscurantismo de los talibanes por medio de un personaje devenido una suerte de nueva Juana de Arco.
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Historias mínimas
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La historia de la génesis y concreción de “Osama” y la trayectoria de su realizador son casi tan conmovedoras como la odisea que el film describe.
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Barmak, de 41 años, fue el máximo responsable de la Organización Afgana de Cine (en la historia de ese país se rodaron apenas 40 largometrajes) hasta que los talibanes tomaron el poder, quemaron todos los trabajos existentes e incendiaron los estudios y las salas de exhibición.
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El entonces funcionario se escapó hacia el Norte, donde documentó la lucha de Ahmed Shah Massoud, el héroe de la resistencia afgana contra la invasión soviética primero y luego contra el régimen talibán. Sin embargo,cuando Massoud fue asesinado por Al-Qaeda, debió refugiarse en condiciones miserables en Paquistán.
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Tras la caída del régimen talibán, Barmak recuperó su puesto en el organismo cinematográfico oficial y se embarcó en el rodaje de “Osama”. El problema principal era que la única cámara de 35 milímetros existente en Kabul estaba arruinada. Con un aporte inicial de 25.000 dólares por parte del Ministerio de Cultura de Irán y de 21.000 dólares de la productora del cineasta iraní Mohsen Makhmalbaf, Barmak pudo iniciar el rodaje, que luego consiguió financiamiento de compañías de Japón e Irlanda. Hoy, está vendida a casi todo el mundo y la poderosa United Artists planea estrenarla en los Estados Unidos.
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Buscando a una actriz
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Barmak recorrió decenas de escuelas y orfanatos con la idea de encontrar allí a la joven capaz de interpretar a la protagonista. Decepcionado luego de entrevistar a más de 3000 adolescentes, Barmak se topó en la calle con Marina Golbahari, una niña que se le acercó para pedirle dinero. “Sus ojos eran como una explosión de luz”, indicó el realizador a la edición asiática de la revista Time. Golbahari se convirtió luego de su debut actoral en una verdadera estrella en Afganistán y continúa trabajando en nuevos proyectos para cine y televisión. Con su sueldo mensual de 100 dólares (el promedio del país es de 40) le alcanza para mantener a toda su familia, que sigue desempleada.
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Para Barmak, “el cine tiene en Afganistán un enorme valor no sólo como forma de recuperar la identidad perdida sino también como herramienta pedagógica, ya que como la mayoría de la población es analfabeta sólo se le puede enseñar a través de las películas”. Ante la falta de salas disponibles, Barmak tiene un sistema de ocho cines móviles que recorren el país para proyectar al aire libre desde clásicas comedias de Buster Keaton y Charles Chaplin hasta los más recientes cortos y largometrajes producidos en medio de este celebrado renacimiento del cine afgano.
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Diego Batlle
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Tierra lejana
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“Osama” no fue el único film rodado en Afganistán que se estrenó en la reciente edición de Cannes: en la competencia oficial, la directora iraní Samira Makhmalbaf presentó “A las cinco de la tarde”, conmovedora pintura de las desventuras de varias refugiadas afganas que sobreviven en condiciones infrahumanas. También rodada en ese país con un elenco integrado por actores no profesionales, este tercer largo de Makhmalbaf obtuvo el Premio del Jurado y el galardón ecuménico. El esfuerzo de esta cineasta de apenas 23 años se suma a “Kandahar”, el largo filmado hace un par de años por su padre, el prestigioso Mohsen Makhmalbaf, que narró las peripecias de una mujer que regresa clandestinamente a su país, y que en la Argentina resultó un éxito con más de 50.000 espectadores.
.<< Comienzo de la notaUna de las películas más comentadas (y codiciadas por los compradores internacionales) en el último Festival de Cannes fue "Osama". Pese a su título, no se trata de un documental sobre el terrorista Ben Laden sino del primer largometraje rodado íntegramente en Afganistán luego de la caída del régimen talibán.
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"Osama", que se presentó en la prestigiosa sección paralela Quincena de Realizadores y cosechó tres importantes premios (Mención honorífica de la Cámara de Oro, el Cannes Junior, otorgado por el Jurado de la Juventud, y el de la Asociación Francesa de Cines de Arte y Ensayo), no sólo conquistó a críticos y empresarios de todo el mundo (la distribuidora local Alfa Films ya la adquirió para su estreno comercial en la Argentina) por el valor testimonial que evidentemente ofrece esta trágica fábula sobre el fanatismo religioso y la misoginia sino también por sus incuestionables valores artísticos.
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Esta opera prima del talentoso Siddik Barmak comienza con una manifestación de mujeres reclamando por su derecho al trabajo, que es violentamente reprimida por los talibanes, quienes no sólo les prohibían esa posibilidad sino que ni siquiera les permitían salir a las calles si no estaban acompañadas por algún hombre. En medio de esos incidentes callejeros quedan atrapadas una mujer viuda, que trabaja en forma clandestina en un hospital, y su hija de 12 años.
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Ambientada en los primeros tiempos del período de dominio talibán en Kabul (entre 1996 y 2002), "Osama" se centra en las penurias de aquella niña. Cuando su madre y su abuela se quedan sin ingresos, no tienen otra alternativa que cortarle el pelo y vestirla de varón para enviarla a trabajar. Al poco tiempo, el falso muchacho es enviado por los talibanes a una escuela de adoctrinamiento religioso, donde sus compañeros lo atacan por sus modales afeminados. Pero uno de sus compinches -que conoce la verdadera identidad de la niña- sale en su defensa y asegura que se trata de un chico llamado Osama. No conviene adelantar nada más de una trama que muestra en toda su dimensión el oscurantismo de los talibanes por medio de un personaje devenido una suerte de nueva Juana de Arco.
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Historias mínimas
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La historia de la génesis y concreción de "Osama" y la trayectoria de su realizador son casi tan conmovedoras como la odisea que el film describe.
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Barmak, de 41 años, fue el máximo responsable de la Organización Afgana de Cine (en la historia de ese país se rodaron apenas 40 largometrajes) hasta que los talibanes tomaron el poder, quemaron todos los trabajos existentes e incendiaron los estudios y las salas de exhibición.
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El entonces funcionario se escapó hacia el Norte, donde documentó la lucha de Ahmed Shah Massoud, el héroe de la resistencia afgana contra la invasión soviética primero y luego contra el régimen talibán. Sin embargo,cuando Massoud fue asesinado por Al-Qaeda, debió refugiarse en condiciones miserables en Paquistán.
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Tras la caída del régimen talibán, Barmak recuperó su puesto en el organismo cinematográfico oficial y se embarcó en el rodaje de "Osama". El problema principal era que la única cámara de 35 milímetros existente en Kabul estaba arruinada. Con un aporte inicial de 25.000 dólares por parte del Ministerio de Cultura de Irán y de 21.000 dólares de la productora del cineasta iraní Mohsen Makhmalbaf, Barmak pudo iniciar el rodaje, que luego consiguió financiamiento de compañías de Japón e Irlanda. Hoy, está vendida a casi todo el mundo y la poderosa United Artists planea estrenarla en los Estados Unidos.
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Buscando a una actriz
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Barmak recorrió decenas de escuelas y orfanatos con la idea de encontrar allí a la joven capaz de interpretar a la protagonista. Decepcionado luego de entrevistar a más de 3000 adolescentes, Barmak se topó en la calle con Marina Golbahari, una niña que se le acercó para pedirle dinero. "Sus ojos eran como una explosión de luz", indicó el realizador a la edición asiática de la revista Time. Golbahari se convirtió luego de su debut actoral en una verdadera estrella en Afganistán y continúa trabajando en nuevos proyectos para cine y televisión. Con su sueldo mensual de 100 dólares (el promedio del país es de 40) le alcanza para mantener a toda su familia, que sigue desempleada.
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Para Barmak, "el cine tiene en Afganistán un enorme valor no sólo como forma de recuperar la identidad perdida sino también como herramienta pedagógica, ya que como la mayoría de la población es analfabeta sólo se le puede enseñar a través de las películas". Ante la falta de salas disponibles, Barmak tiene un sistema de ocho cines móviles que recorren el país para proyectar al aire libre desde clásicas comedias de Buster Keaton y Charles Chaplin hasta los más recientes cortos y largometrajes producidos en medio de este celebrado renacimiento del cine afgano.
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Diego Batlle
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Tierra lejana
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"Osama" no fue el único film rodado en Afganistán que se estrenó en la reciente edición de Cannes: en la competencia oficial, la directora iraní Samira Makhmalbaf presentó "A las cinco de la tarde", conmovedora pintura de las desventuras de varias refugiadas afganas que sobreviven en condiciones infrahumanas. También rodada en ese país con un elenco integrado por actores no profesionales, este tercer largo de Makhmalbaf obtuvo el Premio del Jurado y el galardón ecuménico. El esfuerzo de esta cineasta de apenas 23 años se suma a "Kandahar", el largo filmado hace un par de años por su padre, el prestigioso Mohsen Makhmalbaf, que narró las peripecias de una mujer que regresa clandestinamente a su país, y que en la Argentina resultó un éxito con más de 50.000 espectadores.
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