REVELAN COMPLICIDAD DE LA POLICIA ENTRERRIANA CON PIRATAS DEL ASFALTO
Una investigación de ANALISIS permitió determinar que tales bandas tienen el amparo y la logística de un grupo de comisarios y ex comisarios de la Policía de Entre Ríos, varios de los cuales cuentan con estrechas vinculaciones con el propio jefe, Ernesto Geuna. Muchos de esos oficiales no pueden justificar el patrimonio que ostentan. A uno de ellos se le encontró una cuenta de 50 mil dólares en un banco del Uruguay. Otro, tiene un depósito en plazo fijo de más de 20 mil pesos. Hay quienes también hicieron operaciones inmobiliarias. Mientras tanto, el poder político sigue mirando para otro lado.
“Lo que sucede es de terror: se roban cerca de dos camiones por mes; siempre con el mismo modus operandi: aparece un Polo, bajan tipos uniformados –que no tengo dudas son policías entrerrianos-, los encañonan y se llevan todo. La ruta 14, en la zona que une Entre Ríos con Corrientes, pasó a ser lo más parecido al famoso Triángulo de las Bermudas. Todo desaparece, casi nadie dice nada por el temor que generan y nada se esclarece, porque hay demasiados intereses en juego y la propia cúpula policial participa del negocio”. La frase de un conocedor de la zona donde se producen los hechos, es una perfecta síntesis de lo que ocurre, bajo el paraguas de propios comisarios enriquecidos en los últimos tiempos. “En nuestra Policía no hay corrupción como en la Bonaerense”, dijo el gobernador Jorge Busti a poco de producirse la desaparición de Fernanda Aguirre y verse acosado por los medios porteños. El tiempo le demostró lo contrario.
En nuestro país, el promedio indica que se producen, anualmente, unos 2.100 robos de camiones de carga en las rutas. Entre Ríos y la provincia de Buenos Aires tienen los más altos índices. El 80 por ciento de los asaltos se hacen por encargo. Una población sumida en el subconsumo no puede pagar los precios de las cadenas ‘top’ de supermercados. Y los comerciantes de barrio y minimercados no podrían sobrevivir, si no bajan el costo de sus mercaderías compradas en el circuito ilegal, para así mantener su margen de plusvalía intermediaria sobre la fuerza de trabajo que las produjo. Esto explica que el mercado negro está absolutamente integrado al comercio en su conjunto. Durante el 2003, por ejemplo, según cifras oficiales conservadoras, los piratas del asfalto embolsaron más de 100 millones de pesos en la Argentina.
Las cifras están incluidas en lo que serían las ganancias del capital-criminal en la Argentina, que rondan los 2.045 millones anuales, en donde no están incluidas todas sus ramas industriales y comerciales. La síntesis, sólo comprendería un promedio de 3,3 millones de pesos por secuestros; 280 millones en desarmaderos de autos; 300 millones en quiniela clandestina; unos 12 millones en lo atinente al robo de ganado; unos 150 millones por el narcotráfico y más de 1.200 millones de pesos por marcas falsificadas.
Los datos indican que desde hace ya varios años –no solamente desde el inicio de la gestión del jefe Ernesto Geuna, sino de antes, en plena etapa montielista- está funcionando un esquema de información, contrainformación y zona liberada para el accionar de los piratas del asfalto. “Pero con Geuna se profundizó, porque el control lo tomaron varios de sus amigos; los mismos que alguna vez fueron sindicados como parte de la logística para la ola de robos a bancos en 1999, que jamás fueron esclarecidos”, se acota.
Los más conocedores del escenario se asombran, hoy por hoy, de la audacia con que noveles oficiales convertidos en rápidos jefes policiales, sin experiencia alguna, se involucran de lleno a la experiencia delincuencial. “Y como la prostitución y el juego se les escapó de las manos, porque todo va para arriba, se dedican a trabajar en la piratería del asfalto, con datos precisos. Saben todo: el camión que va, la marca, el horario, si tiene custodias, lo que carga, el valor; todo lo que se precisa para estas circunstancias”, añade la fuente consultada.
-¿Y cómo es esa logística?
-Lo saben a través de las prostitutas o el fiolo que se presta a ese circuito. Los camioneros se detienen y cantan algunas cosas a las chicas. Y allí comienza el esquema.
Los negocios se cierran en prostíbulos de San Salvador; en la ciudad de San José (como el 5 Comentarios; en Concepción del Uruguay, con los dueños del prostíbulo del acceso, por Ruta 14 o en el acceso a Villa Elisa. “Allí llegan los camioneros escapados de sus dueños. Cuando se van los siguen e interceptan, mediante disparos a la cabina. Los meten a autos y por caminos vecinales los entretienen, mientras aseguran la carga”, se acota. “Antes se interceptaban camiones con comestibles, como azúcar, yerba, que se vendían a grandes supermercados de Concepción del Uruguay o bien a otros lugares”, señala la fuente. Uno de esos sitios fue noticia recientemente, cuando se le encontró leche Sáncor del programa social del gobierno entrerriano. “La modalidad siempre fue en autos Polo, con tipos armados con 9 milímetros. En Mandisoví Grande -antes de llegar a Federación-, hace 6 meses, interceptaron un camión, lo apretaron, lo cagaron a balazos, intentó chocar el puente; le llevaron 25 mil pares de zapatos. No salió en ningún lado. El otro fue después de ese, a 200 metros de la caminera de Concordia (pasó siete puestos custodiado): un camión cargado con papel; el camionero hizo la denuncia y luego el camión apareció vacío en San Pedro, en la provincia de Buenos Aires”.
Uno de los oficiales más cuestionados en este esquema es el comisario inspector Sergio Martín, quien estuviera inicialmente destinado en San Salvador. Luego pasó como jefe a La Paz y se observó que tenía cierto control del tránsito desde la ruta 14 a Nogoyá-Victoria, con la connivencia del subjefe, comisario Luis Alberto Lazo, cuestionado por su debilidad por los animales. Los más memoriosos recuerdan que hace no mucho tiempo habría ordenado el transporte de caballos, cuya procedencia se habría desconocido, para el campo que el comisario Marcolini tiene fuera de Concordia. De hecho, Lazo ascendió a comisario inspector después que le regaló un caballo puro de raza a Marcolini.
Cuando Marcolini estaba de subjefe crearon un cuerpo de elite, con la base en el Departamento Islas y con un hombre de confianza, uno de cada departamento, incluido Concordia), encabezado por el comisario Orlando Javier Dambros. “Tenía suboficiales de Concordia y Colón y patrullaban en autos sin patentes toda la ruta 14 e inclusive tenían teléfonos celulares, para levantar los puestos policiales”, se indicó. Pero el esquema era más amplio. “Sucede que con Martín en La Paz, con Marcolini cerca y en contacto como confiable de la cúpula, se proporcionaba información y servicio a quienes decidían actuar en la costas del Paraná: o sea, la banda que asoló los bancos en 1999”, indicó la fuente, en obvia referencia al comisario retirado, Carlos Militello, siempre rozado por ilícitos nunca esclarecidos. (MÁS INFORMACIÓN EN SEMANARIO ANÁLISIS)
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