REVELAN UNA LEVE MEJORÍA EN LOS ÍNDICES DE POBREZA INFANTIL EN LA ARGENTINA
La situación de los niños, niñas y adolescentes en la Argentina mejoró en el último año y estamos empezando a advertir un cambio interesante en referencia a la distribución del ingreso: algunos datos indican que el crecimiento económico ya no redunda en mayor disparidad entre ricos y pobres. La tendencia se está revirtiendo y las noticias son alentadoras, pero aún queda mucho por hacer: siguen siendo millones los chicos excluidos e invisibles y es importante que el Estado dedique todos sus esfuerzos a encontrarlos, identificarlos, ayudarlos e incluirlos en el futuro”.
Con palabras precisas y cuidadas, el director regional de UNICEF para América latina y el Caribe, Nils Katsberg, adelantó a Clarín en exclusiva las primeras conclusiones del informe sobre el Estado Mundial de la Infancia 2006 de UNICEF, que será difundido hoy en todo el mundo. “Este año hacemos eje en los millones de chicos que viven en condiciones de invisibilidad y exclusión. En 2005 habíamos alertado sobre tres amenazas fundamentales: la pobreza, la guerra y el sida. Hoy creemos que los Estados y los fondos públicos deben hacer foco en los olvidados, los que no existen en las estadísticas y están al margen de toda dignidad”, agregó.
Los nuevos datos que difunde UNICEF (en base a la Encuesta Permanente de Hogares del INDEC y otras estadísticas oficiales) sobre la situación de la infancia en la Argentina reflejan mejoras respecto al año anterior, pero siguen siendo alarmantes: más de 3,4 millones de menores de 18 años de los centros urbanos viven en la pobreza y más de 1,4 millón de chicos transita su infancia en hogares indigentes— es decir, no acceden siquiera a los alimentos necesarios para sobrevivir—.
La cifra espanta en un país que supo honrar su mote de granero del mundo, pero algunas noticias son esperanzadoras: si se compara el primer semestre de 2004 con el primero de este año se desprende que la tasa de pobreza cayó del 62,7% al 58,2% para menores de 18 años, y el nivel de indigencia descendió del 28,2% al 23,7%; tendencias que se repiten —con diferencias notables— si se analiza su evolución en las diferentes regiones del país.
“Se redujo notablemente la mortalidad infantil, hay mayor conciencia respecto al VIH y son expectantes las nuevas estadísticas sobre desarrollo humano, pero queda mucho por hacer: hay muchísimos chicos a los que el Estado no llega, chicos que no existen en los censos y que jamás aparecen en las estadísticas. En el país no hay siquiera estimaciones sobre la cantidad de chicos indocumentados, que son quienes mayor vulnerabilidad padecen respecto al hambre, el analfabetismo, el tráfico y otros flagelos”, destaca Jorge Rivera Pizarro, representante de UNICEF en la Argentina.
“Estamos haciendo una investigación en los 40 distritos con peores indicadores de mortalidad infantil para identificar los factores que la provocan. El objetivo es ir a buscar a los chicos invisibles, a los más pobres entre los pobres. Se estima que hay muchos niños y niñas que son explotados en trabajos domésticos y hay datos alarmantes respecto al tráfico en algunas zonas fronterizas. En el norte del país hay cementerios con chicos enterrados como NN. El Estado debe hacer un esfuerzo para darle identidad y dignidad a todos los chicos”, dice Rivera Pizarro.
Para Kastberg, al frente del informe de toda la región, es un alivio que el tema de la invisibilidad y la exclusión de millones de chicos se instale en las agendas de los organismos internacionales como una prioridad. “Nosotros, lamentablemente, tenemos décadas de experiencia en el tema, por eso celebramos que se pida a los gobiernos que destinen fondos y orienten políticas para llegar a los más postergados. El desarrollo humano de los ciudadanos empieza a ser una preocupación en algunos países y eso es alentador”, subraya.
“De todos modos, todavía estamos muy lejos de donde estábamos antes de las dictaduras militares. Sin duda fueron ellas las que sentaron las bases para un tipo de crecimiento económico que aumentó los niveles de pobreza y desigualdad —agrega Kastberg—. Nos queda un largo camino por desandar. Si no mejoran los indicadores de desarrollo humano, si no mejora la situación de la gente, dentro de diez años diremos que las democracias no supieron resolver los problemas más importantes. Luchar contra la exclusión y la invisibilidad de millones de niños sin duda va a fortificar las democracias. No hay otra manera de consolidar la institucionalidad que atendiendo a estas urgencias”.
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