Revolución en pañales
“Vamos a hacer una revolución futbolística en las inferiores”, anunció el presidente de Colón, Germán Lerche, en octubre de 2008. El titular Sabalero confirmaba la contratación de Rubén Rossi como coordinador de las divisiones juveniles y se ilusionaba con un cambio para los siempre postergados futbolistas del club. El sufrimiento por el descenso había pasado unas semanas atrás y Lerche comenzaba a disfrutar de su gran acierto: la contratación de Antonio Mohamed como técnico, que sacó al equipo de la pelea por la permanencia y lo llevó a ser protagonista de varios torneos, sobre todo durante 2009.
Desde una lectura fácil, partiendo de las millonarias ventas de Sebastián Prediger y Facundo Bertoglio al fútbol europeo, algunos afirman que este proyecto ya comienza a dar sus frutos. De hecho, ése ha sido uno de los discursos recurrentes de la actual dirigencia con vistas al futuro: la revalorización de las divisiones inferiores y el comienzo de una etapa en la que “ya no será necesario incorporar futbolistas antes del inicio del cada torneo, ya que podrá nutrirse de sus juveniles”.
Sin embargo, hay una contradicción notoria entre las inversiones que realizó el club para fortalecer esa iniciativa y la escasa participación de los jugadores de inferiores en el primer equipo. La dirigencia puso a punto el predio ubicado a la vera de la autopista Santa Fe – Rosario, mejoró notablemente la pensión y les brindó a los responsables de la formación los elementos necesarios para trabajar. Ese esfuerzo, hasta el momento, no se vio reflejado a la hora de armar los planteles, y mucho menos en la cancha.
Desde el Apertura 2008, el primer certamen en el que Mohamed tuvo injerencia en la conformación del equipo, Colón sumó 31 refuerzos y permitió el debut de 15 jugadores propios (ver archivo adjunto), menos de la mitad. De esos 15, sólo Bertoglio se consolidó y fue transferido en una cifra impactante al Dinamo Kiev, de Ucrania. Prediger, hoy en el Porto, de Portugal, había hecho su presentación de la mano de Leonardo Astrada, aunque se consolidó con el Turco. A contramano, la mayoría de ellos no tuvo continuidad. Fueron entrando y saliendo de la formación, siempre postergados por los que llegaban como incorporaciones.
Hay dos excepciones: el ya mencionado Bertoglio y Alfredo Ramírez. El talentoso enganche fue llevado de a poco por Mohamed, quien lo transformó en su niño mimado. El de Ramírez es un caso bastante partícular: en agosto de 2008, fue cedido a préstamo a El Porvenir, que militaba en la Primera “C”, junto con el defensor Mauricio Mansilla. Los juveniles llegaron a Gerli y sin pedir permiso pegaron la vuelta, por lo precario de las instalaciones y del departamento donde debían alojarse.
“La decisión será muy dura. Hay que generar conductas para que estas cosas no se repitan", se quejó Lerche, mientras afirmaba que los futbolistas “no están para jugar en Primera División”. Dos meses después, Ramírez debutaba de la mano de Mohamed y se transformaba en un recambio permanente. Una desprolijidad insólita.
Detrás de ellos, se ubica Ismael Quilez, un caso llamativo. Apareció en el Apertura 2008 y no disputó siquiera un minuto en el Clausura 2009. Pero en el Apertura de ese año se ganó un lugar de manera indiscutida en el equipo: 18 partidos, 15 como titular y se perfilaba como el próximo juvenil a afirmarse. Sin embargo, de manera inexplicable, en 2010 perdió su lugar a manos de un jugador discutido como Maximiliano Caire.
Sin chances
Los otros doce jugadores que debutaron durante la gestión Mohamed tuvieron escasas posibilidades de mostrarse. La situación más entendible es la de Marcos Díaz, el arquero que sólo pudo disputar dos encuentros, ante el nivel del indiscutible Diego Pozo.
El caso de Mansilla también sorprende: debutó como titular ante River, en el Monumental. Se lesionó en ese encuentro y nunca volvió a tener una oportunidad desde el arranque. Jugó apenas unos minutos ante Tigre y hoy es refuerzo de Patronato, que afronta su primera temporada en la “B” Nacional. Allí será compañero de una de las promesas Sabaleras: Jonathan Bauman, atacante titular en la Sub 20, pero postergado por Esteban Fuertes, Federico Higuaín, Joaquín Larrivey (por quien la dirigencia invirtió un millón de dólares por un préstamo de un año) y Juan Manuel Lucero.
De los otro cinco puntas del semillero que tiró a Primera División, el que más jugó fue Fabián Castillo, quien no pudo responder con goles y tras un paso por Ben Hur en el Torneo Argentino “B”, hoy está en Defensa y Justicia. A Leandro Ledesma le dio sólo tres partidos: luego fue a Tiro Federal y hoy está sin club. Rodrigo Canario apenas disputó 76 minutos. Hoy está a préstamo en River de Uruguay, donde no sería tenido en cuenta. Los otros dos delanteros intentan meterse en el primer equipo, aunque la tienen difícil incluso para ingresar al banco: Germán Lessman y Facundo Curuchet.
Santiago Soto, un volante que jugó bien cuando le tocó estar, fue relegado por el Turco y estuvo cerca de jugar a préstamo en Tiro Federal de Rosario. Facundo Sánchez y Lucas Mugni están aún en el plantel, pero casi sin posibilidades. El que hoy disfruta de la titularidad es Mauro Bellone, quien fue de lo mejor de este flojo arranque que tuvo el Sabalero.
Hace tres meses, cuando finalizaba un primer semestre que dejó un amargo sabor de boca para los Rojinegros, por la temprana eliminación de la Copa Libertadores de América y la pálida campaña en el Clausura, Mohamed declaraba que en este torneo que se está disputando su equipo estaría integrado por en un cincuenta por ciento por juveniles. Hoy, el único es Bellone. ¿Cambió el proyecto o no hay confianza en lo que hay abajo?
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