“Revolver de Los Beatles fue decisisivo para mi manera de entender la música"
Leyendo un poco sobre tu biografía, me enteré que tu papá era violinista. Me gustaría que me cuentes ¿Cómo convivías con la música en tu infancia? ¿Tus viejos te incentivaron?
_ La música en mi casa paterna estuvo siempre en el aire. Mi viejo era de escuchar mucha radio. Cuando yo nací él ya no tocaba profesionalmente, pero de todas formas yo recuerdo mi casa como un ambiente musical de melómanos. Creo que ese contexto tuvo mucho que ver en mi futuro. Es más, hay un dato muy interesante en la familia de mi papá, de ocho hermanos siete fueron músicos, es decir que había una predisposición genética.
_ ¿Tu viejo era un violinista de música clásica o tanguero? Era tanguero, tocó en una orquesta de los años 40’. ¿Es cierto que el primer disco que te impactó, siendo un niño, fue “Revolver” de los Beatles?
_Sí, es verdad, fue el primer disco que pedí que me compraran, yo considero que fue decisivo para mi manera de entender la música. Imaginate que con sólo siete años yo me encontré con aquella música tan variada, tan rica, tan osada, tan aventurera. Fue deslumbrante para mí.
_ Si no me equivoco, con sólo nueve años te mandaron a estudiar guitarra.
_Sí, la verdad que en aquel momento estudiar guitarra me gustó tanto como ir al dentista. A esa edad ninguna actividad que nos obligue a estar encerrado, en vez de estar al aire libre, te entusiasma. Pero tuve la suerte de caer en muy buenas manos, mi primera profesora de guitarra fue una mujer muy amorosa y con una excelente pedagogía. Me hizo sentir que estudiar música podía ser un juego y algo completamente placentero. Recuerdo que volví de mi primera clase tocando una melodía, con la sensación de que había todo un universo a disposición de uno y que lo único que había que hacer era escarbar un poquito y encontrarlo.
_ Si uno analiza tu trayectoria se encuentra con el dato, que en tu adolescencia te juntaste con Lito Epumer y Mono Fontana, y formaron una banda llamada “Madre atómica”. ¿Qué recuerdo tenés de aquellos tiempos?
Aquella reunión fue a partir de un amigo en común, Jorge Lencina, con quien más adelante escribimos algunos temas juntos. Él vivía a la vuelta de mi casa y era un poco como mi amigo mentor. Jorge era cinco años más grande que yo, y junto a sus amigos escuchaban mucha música, tenían discos importados y me hizo conocer muchas bandas. “Madre atómica” era un grupo que ya existía, con otro bajista, y Jorge lo conocía a Lito Epumer de la escuela secundaria. La cuestión es que se quedaron sin bajista y él le comentó a ambas partes de que teníamos cosas en común. La verdad que no se equivocó, porque surgió una chispa inmediata. Para mi fue un camino de aprendizaje muy acelerado, muy espinoso e interesantísimo.
_ Yo no escuché nunca “Madre Atómica”. ¿Qué onda musical tenía aquel grupo?
Era una mezcla de Black Sabbath, Frank Zappa, con Genesis. Era rock progresivo. Yo te decía hace un rato que para mi fue un camino de aprendizaje porque el Mono y Lito estaban escuchando una música avanzadísima y yo venía de una dieta de blues y rock más tradicional o de rock canción, caso Beatles, Led Zeppelín o Rolling Stone. Así que me tuve que poner a tiro.
_ Luego de estas experiencias adolescentes, llega a tu vida el mítico Seru Giran. ¿Me gustaría que me cuentes como fue el llamado de Charly que te sumo al proyecto Seru Giran?
_ El primer llamado en realidad fue de Oscar Moro, con quien había tocado un par de veces. Recuerdo que me dijo: “Me llamó un productor, y me contó que Charly García y David Lebón están componiendo en brasil, quieren formar un grupo y nos quieren llevar para allá. A mi me suena todo un delirio”. Y me imagino que vos en aquel momento lo admirabas mucho a Charly. En ese momento yo estaba muy esnob con el jazz. Yo había sido fan total de Charly y de David, había tocado las canciones de ellos en innumerables fogones y toda fiesta barrial que se te ocurra. Pero aquel año había comenzado a conocer el jazz y estaba obnubilado por esa música. Era como que había dejado de lado el mundo del rock. Entonces el llamado a formar parte de Seru Giran era una sensación ambivalente. Además, me llamó Billy Bond, que fue el productor del primer disco de Seru Giran, músico que luego formó “La pesada del Rock and Roll” y que venía de integrar una banda punk en brasil llamada “Rodilla de Chancho”. Y con todos aquellos antecedentes, todo parecía más delirante aún. Finalmente el encuentro con Charly ocurrió cuando volvió a Buenos Aires unos días y me vino a ver tocar a un bolichito, con mi grupo de jazz, porque le habían hablado de mí. Y aquel día, entre set y set, me senté a su mesa y me invito a integrar Seru. Creo que mi respuesta fue: “Bueno, probemos”. Y cuando llegamos aquella tarde del 78’ a San Pablo, a la casa que había alquilado Charly y David, y nos pusimos a improvisar durante media hora, comprendimos que había una magia especial.
_ Esta claro que en aquel momento ni te imaginabas lo que iba a significar Seru Giran.
_ La verdad que sí lo imaginaba, te mentiría si te dijera que no. Salvo yo, que era una especie de ilustre desconocido, ellos tres ya eran próceres. Y todos imaginábamos que eso iba a explotar, cosa que nos explotó en las manos cuando el primer año y medio de Seru Giran nos fue muy mal. La gente no lo aceptaba, no entendía la propuesta, había un prejuicio porque el grupo se conformó en Brasil. Creo que no se entendía que estábamos apostando por un lugar de belleza en un momento muy terrible de nuestro país. Hasta que grabamos “La grasa de las capitales” y la gente comenzó a entendernos.
_ Luego de hacer historia en el rock nacional con Seru Giran te convocó uno de los grandes músicos de la escena jazzística internacional, como es Pat Metheny. Fue otro sueño del pibe que se cumplió. La historia cuenta que tu llegada a Pat Petheny fue de una forma muy particular, mediante un cassette con grabaciones tuyas que le entregaste en mano.
_ Sí, pero no fue con ninguna intención. Yo no sabía que él iba a estar en aquel festival al que habíamos ido a tocar con Seru. Ese Cassette tenía desde grabaciones experimentales mías hasta disparates musicales que había hecho en chiste, y yo lo tenía encima vaya uno a saber porqué. Y recuerdo que fui a ver el concierto del grupo de Pat y me quedé muy conmovido. En realidad me pasó una cosa curiosa, porque lo había escuchado en discos y no me había pasado nada pero en vivo me mató. Entonces lo fui a saludar y a manera de agradecimiento le regalé mis cintas, sin ningún tipo de expectativas. Y pasó bastante tiempo hasta que me convocó. Porque el mito dice que yo me fui de Seru Giran para tocar con él y no fue así. Yo me fui a estudiar a los Estados Unidos y al año me llamó Pat. Y cuando te incorporaste al grupo de Pat Metheny me imagino que tuviste giras alucinantes por todo el mundo. Estuvieron buenas, pero fueron duras en algún momento. Particularmente la primera gira europea fue muy dura. Porque tanto yo como como Paul Wertico, que fue el baterista que entró en último momento al grupo, tuvimos que meternos en zapatos que nos quedaban grandes. Yo entré reemplazándolo nada menos que a Nana Vasconcelos, que es uno de los grandes percusionistas del mundo. Y yo como percusioncita soy un buen bajista (risas). Imaginate que tuve que aprender a tocar en una semana el birimbao, que es un instrumento Bahiano completamente endemoniado, y pensar que Nana da conciertos de birimbao, es decir que fue algo completamente absurdo. Pero en realidad yo creo que Pat estaba fundamentalmente interesado en mi faceta como vocalista, cuestión que para mi fue una revelación, porque no me consideraba un cantante. Y vos sabes que mi viejo me lo había dicho muchísimas veces cuando me escuchaba cantar en mi casa. Y para mi fue muy importante este gesto de Pat, que de todo lo que yo hacía se quedara con el cantante. Parece que la vida se empeña en demostrarnos que hay que escuchar a los viejos. La verdad que sí. Mi viejo siempre me decía: “Ya te vas a dar cuenta de la belleza que hay en el tango, todavía sos muy purrete”, y yo rezongaba por lo bajo: “Que viejo vinagre”. Lo que pasa es que uno estaba enchufado en una tradición de música que también tenía mucho para decir. Y después nos damos cuenta que uno termina descubriendo lo que pasa en el jardín de su casa mucho tiempo más tarde, porque te encandila lo que viene de más lejos o lo que te resulta más exótico.
_ Y relacionado a estos descubrimientos de los que estas hablando, si uno repasa tu discografía solista puede percibir que indagaste profundamente en los maestros del folklore latinoamericano, como el Cuchi Leguizamón, Violeta Parra, Chabuca Granda, Atahualpa Yupanqui e hiciste sus canciones a tu manera. ¿Cómo trabajaste con estos grandes de la canción de nuestro continente?
_ Mira, lo hice muy adrede porque son referentes. Tal vez desde otra óptica pero como lo había hecho en mi primer disco solista, donde grabé una versión de Because de los Beatles muy parecida a la original; versioné a estos maestros que vos nombras, y haciendo esas cosas se aprende muchísimo. Me acuerdo que una enseñanza muy importante que me dejó un profesor de Boston, fue cuando me dijo que la mejor manera de entender el pensamiento de un improvisador es transcribiendo sus solos. Porque cuando nosotros lo escribimos podemos verlo explayado en una página, es como una radiografía de su pensamiento. Hasta que no lo hice pensaba que era una exageración, pero no es así. Con Because hice algo por el estilo y con Chabuca, con Yupanqui, con el Cuchi me pasó una cosa muy similar. Fue como un intento de apropiación, en el buen sentido de la palabra, de algo que no nos es propio porque está en nuestro jardín. Pero el hecho de que yo tenga un rosal en mi jardín no me hace dueño automáticamente de su belleza, tengo que aprender a observarlo. Y abordar a estos autores es también aprender sobre mí, que es lo que me hace diferente como latinoamericano, que es lo que yo tengo de distinto para ofrecer en el concierto de las naciones. Y es un aprendizaje muy interesante para mí. Y construiste un puente entre los que te escuchaban por la belleza de tu rock o de tu jazz y le mostraste el valor de estos maestros. A mi me ha pasado que he aprendido muchísimas cosas a partir de artistas favoritos, que se yo, pasé a leer a Whalt Whitman a partir de la lectura de Borges, y así con muchísimas cosas. Y creo que esa es en parte la tarea de un creador, la de tender puentes y de poner indicadores. Decir, atención que acá hay algo importante, fíjense en esto otro, tal vez sea devolver el favor de aquel amigo mentor de la adolescencia.
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