Ricky Martin: “Odiaba la fama y pensé en retirarme”
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El puertorriqueño cuenta cómo es su vida hoy, “superada la crisis existencial”. Y anuncia shows en la Argentina en marzo.
Según la Universidad de Berkeley y su extravagante investigación científica, el “humano perfecto sería puertorriqueño, mezcla de herencia española, africana y taína”. El genoma Ricky Martin, motivo de tesis y estudio. “De mí no hay mucho que rebuscar. Soy un tipo simple”, se ríe. “No tengo caretas. En el momento en que crea que ya me sé todo, perdí”.
Uno piensa qué pinza del destino habrá sacado al cantante Ricky Meléndez del ochentoso grupo Menudo para reemplazarlo por este otro Ricky, el que es objeto de lupa universitaria. Meléndez, hoy abogado, sueña con que no le duelan las rodillas y días atrás tuvo que postergar el reencuentro de Menudo por problemas financieros. Martin, en cambio, no presenta signo de artrosis, ni debacle bancario, pero varias veces se ha cuestionado su rumbo. “El otro día alguien me dice: ‘Joder, pero no quisiera yo tener tu vida’. ‘No te preocupes que yo tampoco quiero tener la tuya, loco’. En lo que va del año le he dado la vuelta al mundo tres veces. ¿Tú puedes decir eso? ¡Pues, yo sí! Coño, ¿cómo me voy a quejar? ¡Es lo que me ha tocado vivir! No menosprecies mi vida. No cambio esto por nada. Y volvería a hacer lo mismo. Aunque claro que pensé en retirarme”.
¿Retiro?
¿Tú sabes la cantidad de gente maravillosa que yo he podido conocer? ¿Y las conversaciones con gente de luz que tuve gracias a mi carrera? Pero hace unos años mi vida era una contradicción. Yo odiaba la fama, pero seguía trabajando fuertemente para seguir teniendo la aceptación del público, para seguir llenado conciertos y seguir vendiendo CDs. Después, me di cuenta que era yo el que tenía muchas cosas que trabajar hasta llegar a un punto de aceptación. Amo el escenario. Y en esas dos horas en que tengo un vaivén de energía con el público, casi, casi que puedo tocar a Dios. Es maravilloso. Entonces no me toca nada más que aceptar. Que este es un rol kármico que la vida me ha dado. Que tengo que aceptar y agarrar por los cuernos y hacer lo mejor que pueda con esto. Hago lo que una vez me dijo Madonna.
¿Qué te dijo?
“Ricky, el día que la fama te controle, estás jodido”. Entonces: vamos nosotros a controlar la fama.
Como a Ramazzotti, al boricua deberían haberlo llamado Eros. Dios responsable de la atracción sexual y el amor, seduce más de lo que respira. Cuando abraza a desconocidos aprieta la carne. Si en el abrazo, el oído queda a la altura del pecho de su metro ochenta y cinco, se puede escuchar un latido intenso, casi un reggaeton cardiológico.
El rey del “earworm” (gusano auditivo, sonido que uno cree escuchar en su mente aun cuando no esté sonando) transmitió en esta tierra su gusano/virus de La mordidita. Ahora nadie puede dejar de tararear, como alguna vez pasó con “She Bangs”, “La Bomba” o “María”.
Tú me dices ‘Bienvenido’ pero yo nunca me fui. Eso es una ilusión. Siempre estoy en la Argentina. Es una relación muy larga que tenemos Argentina y yo”, va endulzando la argentinidad, mientras cuenta que Matteo y Valentino, sus hijos de seis años, están al cuidado de su madre, que qué haría él sin esos abuelos, que hay un colegio y normas que respetar antes que subir a los gurrumines a cualquier avión de gira. La primicia: en febrero o marzo estará por Buenos Aires con un show multitudinario (posiblemente en un estadio). “Me gustan las masas”.
Estamos en el Park Hyatt Buenos Aires, con un Enrique Martin Morales (43 años) que elogia a un tal Ricardo (Darín) y que también tiene su propio relato salvaje. “Hace 15 años, pues yo tenía cualquier problema existencial, me enfocaba en lo malo o en lo que no tenía. En el día de hoy me enfoco en lo que tengo. En algún momento sentía un vacío luego del escenario, luego de estar ahí arriba trepado en esa euforia y en esa adrenalina, llegaba a mi habitación y encontraba silencio. Era una sensación rara. Si cambias el lado de la moneda, le encuentras maravillas a ese silencio”.
El ruido está en sus redes sociales. Después de haber lanzado en febrero A quien quiera escuchar, décimo disco de estudio, el negocio está en su Twitter: allí alberga más habitantes que su Puerto Rico. Más de doce millones. Que es lo mismo que decir que en “Puerto Ricky” viven virtualmente cuatro Puerto(s) Rico(s). “Toda está documentado en mis redes sociales. A mí la compañía disquera y mi representante casi me quitan el celular. Porque mientras yo estoy trabajando en una canción en el estudio, ya quiero mandarle algo al público para que el público escuche. Fui padre, mi vida es muy simple, no hay mucho que encontrar. Tuve una pareja, nos dejamos. Lo publiqué. Estoy soltero. Imagino que cuando tenga novio lo publicaré en mis redes. Hago giras. Hago el programa La voz, en Australia. He tenido mis romances. He tenido muchos romances. ¡Soy un hombre soltero!”.
Tiene que haber un día en el que hubieras preferido ser oficinista, en el que te preguntás por qué no tener un kiosco y dejar de subir a aviones y de estar en la mirada elogiosa y a la vez despiadada del mundo. ¿Ocurre seguido?
Es que desde los nueve años estoy haciendo esto y no puedo hacer comparación. En algún momento pensé en retirarme, pero no para meterme a trabajar en una oficina. Estoy abierto a los cambios. El necio nunca cambia de opinión. Y yo no quiero ser necio. La vida no es como yo la veía a los 15 años. Ahora es diferente.
¿Y cómo es?
No tan complicada como la veía a los 13, 14. Como que le encuentro solución más rápido. Me preocupo por las cosas que merecen dolor de cabeza. Voy por la vida en calma. ¡A mucha gente le incomoda que yo vaya por la vida con tanto ‘Peace and Love’!
¿Cómo resultó esa sociedad con Lali Espósito? Cantaron en el show de duetos junto a la Orquesta Sinfónica de Buenos Aires…
Ella tiene mucha luz. Y me gusta porque canta, pero también actúa, es joven, pícara y la misma vez muy seria. Cuando tiene que estudiar, estudia. El día del show yo estaba preguntando dónde está Lali y me dicen: “Encerrada en un salón con el piano”. Es maravillosa.
¿Te da miedo ir perdiendo lugar frente a las generaciones más jóvenes? ¿Pensás en cómo será cuando el fenómeno vaya atenuando?
Mira: cuando empiezas a los 12 años, creo que vas buscando ese momento de silencio y de decir “Bueno, vámonos pa’ casa, a descansar, a ver cómo crecen los hijos y los nietos, a leernos un buen libro”. Y un día, supongo, llamas al manager y dices: “¿Sabes qué? Tengo ganas de hacer un show”. Vas, haces un show y ya. ¿Qué voy a pedir si tengo 30 años en esta carrera y se siguen vendiendo discos y los conciertos siguen llenos? No me puedo quejar.
Pero un día va a llegar la vejez. ¿Cómo la imaginás?
Tirado en una hamaca, frente al mar, en el Caribe, y comiendo ricas frutas.
Fuente: Clarín
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