RIVER ARRANCÓ EL CAMPEONATO A MEDIA MÁQUINA
Sabor a poco para arriba. Eso quedó de su debut en el Clausura ante Nueva Chicago. Porque un empate, más alla de la emotividad y de los goles, no logra tapar la cara de preocupación con que se fueron los hinchas y sobre todo el cuerpo técnico encabezado por Leonardo Astrada. Es que el equipo no jugó bien, por momentos fue excesivamente reiterativo y no tuvo la rapidez ni la dinámica que tanto se le elogió (aunque con otros nombres, claro) durante el verano.
Sin idendidad futbolera
Toda una señal de Nueva Chicago, cuando todavía el partido se estaba armando. Kmet, libre de toda marca, entró a la carrera y con Costanzo resignado, cabeceó increíblemente afuera, a menos de tres metros del arco. Así empezó el partido. Dos minutos y ya los de Mataderos mostraban que no se iban a quedar con los brazos cruzados. Al contrario, siguieron yendo con mucha actitud, con la proyección alternativa de los volantes y con Tilger sin posición fija, moviéndose en todo el frente de ataque para desconcertar a la última línea visitante.
Pocos, en realidad, imaginaban que el partido podía tener la característica de esos minutos iniciales. Porque, en los papeles, todos los caminos conducían a que River, de la mano de Sambueza y de Chacho Coudet, se iba a apoderar de la pelota en la mitad de la cancha. Error. Al menos no ocurrió eso durante los primeros vente minutos, en los que el trámite fue parejo e incluso, de un análisis fino, va a salir que Chicago estaba haciendo los mayores méritos.
De un tiro libre frontal llegó el primer gol. González le entró con alma y vida, en el camino se desvió en Fernández y Costanzo, que se había jugado a su primer palo, quedó pagando, mientras la pelota se metía mansamente, como pidiendo permiso.
Sorpresa grande a esa altura en Liniers. Vinieron cinco minutos posteriores en los que River fue una máquina de equivocarse. A puro nervio, los de Astrada querían hacer todo a mil por hora, en lugar de poner la pelota al piso y buscar por los costados, donde verdaderamente está su mayor arma de desequilibrio. Justamente, un desborde de Juan Fernández por la derecha, desencadenó un perfectó centro al corazón del área chica y, cuándo no, Cavenaghi la empujó con un cabezazo.
Ahí, claro, River se tranquilizó. Fue otro equipo, muy distinto, cuidó la pelota y aceleró con mucha profundidad. El propio Cavenaghi, en una gran jugada personal, ingresó al área con la pelota dominada, dejó a contrapierna a los centrales de Chicago y con la vista levantada, le apuntó a un rincón. Hacia ese lugar fue el arquero De Olivera, que evitó con un manotazo el segundo gol de River.
Escena calcada
Vaya casualidad, apenas comenzó el primer tiempo se repitió la jugada en favor de Chicago: centro atrás y cabezazo, esta vez de Tilger, que abajo del arco no pudo entrarle bien. ¿Desconcentración de River? Algo de eso hubo. Porque en los minutos posteriores, Kmet hizo y deshizo con su zurda, por uno y otro costado. Tuzzio y Rojas, dudaban entre salir o quedarse. Y terminaban sufriendo. Por los costados, Fernández de tanto ir dejaba espacios que Tilger supo usar.
Para colmo, Cavenahi no estaba en una de sus tardes inspiradas, pese al gol del primer tiempo. Porque tuvo sus chances y las dejó pasar. Tilger, en cambio, la mandó adentro en una rápida salida de Chicago, que dejó mudos a todos los hinchas millonarios.
Desesperación pura. Caras de preocupación, miradas preocupantes. Astrada, en el tramo final, se la “jugó” y puso a Cuevas. Una pregunta: ¿River, acaso, por historia y juego no debe apostar siempre a por lo menos dos delanteros? Bueno, Astrada se inclinó por Cavenaghi y como ladero usó a Montenegro, quien suele volantear y jugar en la misma línea que Sambueza y Ludueña. Pero, por más discurso modernista que se esgrima, delanteros son delanteros.
En ese tramo final, ya jugado al ataque, con Chicago casi sin piernas, llegó la mala salida del arquero De Olivera, la pelota que quedó boyando y Sand, un oportuno de aquellos, la mandó adentro.
Empate, en definitiva. Pero River tiene mucho para replantearse.
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