RIVER BRILLÓ Y YA ESTÁ EN SEMIFINALES
El cruce con Boca, tan esperado, tan decisivo, tan comentado, llegó más fácil de lo imaginado. El pase a semifinales de la Libertadores llegó de la mano de una proporción envidiable: 10 % de sufrimiento; 90% de capacidad y calidad de resolución. Así subió River el antepenúltimo escalón de esta obsesión llamada Copa. Lo construyó rápido y lo festejó mucho el equipo de Astrada a este 3-1. Y estuvo bien, vaya si estuvo bien…
Porque no llegaba del todo tranquilo a esta definición River, que había ganado apenas por un gol en Buenos Aires y anoche, aquí en Cali, ya estaba perdiendo a los 13 minutos. Pero lo de ese comienzo abrumador del Deportivo fue apenas un espejismo: River fue dueño absoluto del partido a partir del empate de Gallardo. Después, lo reguló y lo jugó a media máquina, como quien se sabe propietario de su destino.
Un destino que incluía, claro, el verse pronto las caras con Boca. Primero, el 9 de junio, en la Bombonera, y con definición el 16, en busca del ansiado pase a la final, en Núñez.
Hubo momentos —uno particularmente— en que River la pasó mal. Muy mal… Luego del golazo de Hurtado que emparejaba el resultado global, quedó parado en medio de un temblor. El Cali parecía una tromba que se venía, se venía… Pero existió una doble tapada de Germán Lux —a Conde y a Tressor Moreno, allá por los 15— que le hizo tomar aire.
Y River empezó ahí mismo, y para siempre, a hacer pie: un minuto más tarde generó su primera jugada de peligro (Maxi López). Y cinco después, gracias a un tiro libre excelente y delicioso de Gallardo, llegó al 1 a 1. Y ahí, claro, la historia comenzó a escribirse con otra tipografía, con otra tinta. River firmó ahí de puño y letra su pase a semis.
A partir del derechazo volador del Muñeco, el apagón del Cali fue automático. Inmediato. Preocupante para los colombianos, tranquilizador para los visitantes. El fervor inicial quedó despedazado. Tressor Moreno fue el único que siguió intentando, pero el resto de los anfitriones… Hurtado, el que había sorprendido con un tiro bombeado y preciso por sobre el cuerpo de Lux, ya no subió. Para colmo de males, empezaron a hacer agua sus dos volantes recuperadores.
Y River creció y no paró de crecer, al punto que el partido terminó dando la impresión de ser un mero entrenamiento. Porque Mascherano, el “5” que se hace “8” de visitante, dejó su huella una y otra vez por la derecha. Porque Gallardo no sólo fue el gol sino que fue conducción permanente y porque los de arriba tuvieron una movilidad que no dejó de inquietar a los caleños.
En esa levantada generalizada pos-temblor, hasta Lucho González, con su problema en la rodilla, aportó lo suyo. Por eso no extrañó que River lo fuera ganando desde los 31, cuando Maxi López se hamacó lindo, Mascherano la metió al medio y Cavenaghi, el que siempre está donde debe y cuando debe, la hizo gol.
Amagó una recuperación el Cali en el segundo tiempo, pero River no se lo permitió. Para que no quedaran dudas de que se venía una semifinal bien argentina, a los 18 el dúo de ataque hizo lo mejorcito de la noche. La empezó Cavenaghi, la devolvió Maxi de taco y la terminó el Torito con una definición soberbia, que dio en el palo y se metió bien adentro. Bien adentro, tal como River se sentía desde hacía rato en la semifinal contra Boca.
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