RIVER DIO EL PRIMER PASO Y YA ESPERA HACERSE FUERTE EN CALI
Ahora que ya pasaron los primeros noventa minutos de estos cuartos de final, queda claro que para saber la importancia del triunfo de anoche River tendrá que esperar a su partido en Cali. Porque, al cabo, y para citar sólo un ejemplo, en los octavos, el equipo de Leonardo Astrada le ganó al Santos Laguna en México y luego perdió en el Monumental teniendo que cerrar todo por la definición por penales. Eso sí, a simple vista las caras no terminaron siendo las más felices. Y hasta una mueca de fastidio se vio en más de uno al cerrarse todo en sólo un 1 a 0 mientras, por ejemplo, el arquero colombiano Breiner Castillo —la figura de la noche— festejaba arrodillado y con los brazos abiertos al cielo pese a la derrota…
Ya desde el arranque del partido River entendió que debía salir a fondo. Y eso hizo. Fue bien arriba. Arrinconó al Deportivo Cali y no le dio respiro nunca. Fue mucho más que los colombianos desde el primer hasta el último minuto. Porque supo aprovechar no sólo la localía y el lleno del estadio —hubo algo más de 40.000 personas— sino también el envión anímico del triunfo ante Boca en La Bombonera. El problema fue que no fue ordenado para jugar. Fue barullo, garra y corazón…
Pero tuvo llegadas en medio de ese desorden. Porque el equipo colombiano se dedicó a esperar exageradamente cerca de su arco. Tanto que no contraatacó casi nunca y que la mayoría de los rechazos de sus defensores terminaron afuera de la cancha en lugar de la búsqueda, aunque sea desordenada, de algún delantero perdido en el campo de River…
Así, Cavenaghi tocó al gol en la puerta del área chica pero salvaron en la línea después de que Ameli había bajado la pelota. Y un tiro libre de Gallardo cayó en el techo del arco colombiano. Hasta que Sambueza probó de afuera del área y con un zurdazo llenó de curvas clavó el 1 a 0 que ilusionaba por lo tempranero (iban nada más que 16 minutos).
Pero River siguió a pura velocidad. No se tranquilizó. La pelota pasaba por Gallardo y Luis González solo de a ratos y así el fútbol aparecía poquito y nada. Encima el Deportivo Cali no proponía nada y no pateaba al arco ni por chiste. Y así todo River se la pasaba en campo colombiano, presionando, cierto, pero también achicando los espacios para que, por ejemplo, Maxi López —pura potencia él— desequilibrara en base a su juego.
Y River siguió atacando. Fue y fue. Chocó y chocó. Pero cada vez que apareció cierta luz como para encontrar un espacio pequeñito para que naciera una jugada clara, volaba Breiner Castillo y tapaba la chance de gol del delantero, volante o defensor que probaba al arco…
Un dato: el símbolo de este River viene siendo desde hace rato Horacio Ameli. Y todo a pura garra. Ayer, el defensor llevó adelante los últimos tres ataques agarrando la lanza y jugándose bien arriba. El problema es que Ameli debe dar el último toque en caso de una arremetida y no ser el comandante de los ataques. Porque la claridad es prioridad, sobre todo cuando faltan apenas minutos para que termine el partido y los nervios y murmullos se multiplican.
Anoche River no fue claro. Y el estadio se vació en medio de una incertidumbre por demás elocuente. Eso sí, la revancha es el miércoles en Cali y River ya ganó de visitante en esta Copa Libertadores. Por eso la esperanza se sostiene. Sólo es cuestión de esperar unos días y de hacer valer ese 1 a 0.
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