RIVER DIO LA VUELTA PERO SE DESPIDIÓ CON UNA DERROTA
La gran ovación se la llevó Astrada, quien dio la vuelta olímpica junto a sus compañeros y jugó los once minutos iniciales, pese a que su padre sigue secuestrado.
River perdió con Racing en una tarde que todo servido sobre la mesa. Era el gran momento de festejar, de dar la vuelta olímpica y de paso hacer algún que otro gol. Bah, mostrarse como lo hizo durante gran parte del torneo. Pero no pudo abstraerse de la fiesta y recibió tres goles de Racing, que hasta aquí venía de capa caída y justo ante el campeón, mostró una cara distinta. Suele pasar.
Por una vez en la vida, el fútbol (la pelota en sí) no tuvo el protagonismo de otras veces. Esta tarde el Monumental reunió a casi sesenta mil personas para homenajear a River, el reciente campeón del Clausura. Y antes de que empezara el partido con Racing, todo fue emoción. Adentro de la cancha y en las tribunas. Mucho colorido, fuegos artificiales, cantos variados y la impactante imagen de Leo Astrada, quien pese a que tiene a su padre secuestrado aceptó la propuesta de sus compañeros para que cumpla su deseo de retirarse de la profesión a cancha llena.
Todo empezó con los futbolistas, con Astrada entre ellos, dando una vuelta olímpica ordenada. A paso de hombre, en medio de un griterío infernal que caía desde los cuatro costados. Ahí estaban todos, pero el hombre del día era, sin dudas, Leo Astrada y su remera blanca en la que podía leer un pedido, o mejor dicho una súplica, para los captores: que aparezca su padre.
Incluso Astrada empezó jugando el partido. Era su deseo y el de sus compañeros. Quería estar un ratito pese a que casi no tocaba una pelota desde el mismo momento en el que los captores se llevaron a su padre. Hizo un par de toques y a los diez minutos exactos hizo señas al banco para que lo sacaran. Antes probó de media distancia y su disparo se fue por arriba del travesaño. Más de uno hubiese querido que esa jugada terminara en gol. Así se fue. El partido, por un instante, se paró. Todos fueron a abrazarlo. La gente, como era lógico, explotó en un fiel reconocimiento a quien le dio casi veinticinco años de su vida al club y se estaba retirando en el momento más difícil.
Fue el final profesional para Astrada. Se fue ovacionado, agradeciendo tanto afecto, pero con la cabeza en otro lado. Como era lógico que pasara. De ahí en más, el partido tomó ritmo. River dejó de toquetear y se dedicó a acelerar el ritmo, aunque siempre le faltó profundidad.
Racing, en cambio, se tiró atrás y aprovechó los espacios que de contra le dejaba su rival. Llegó el gol de Chirola Romero y más tarde, para sorpresa de todos, el aumento de Vitali. Dos a cero y el resultado que nadie en el el Monumental quería escuchar para ese primer tiempo livianito, en el que los dos sólo hicieron lo justo y necesario para cumplir. No más que eso.
El segundo tiempo se hizo movido. River, aún con sus desprolijidades, trató de ir para adelante. Y creo mucho peligro, tanto por la derecha como por la izquierda. Nadie se sorprendió cuando Cavenaghi entró en posición franca y definió con un remate bajo, cruzado ante la salida de Cuenca. Dos a uno y los miles de hinchas esperaban la reacción. Fue, es cierto, el equipo de Pellegrini en busca del empate. Que en realidad no modifica mucho más que el orgullo. Hubo situaciones, que no prosperaron por la falta de puntería y, fundamentalmente, por las buenas intervenciones de Cuenca. Hasta que en un contra aislada, Mirosevic definió bajo. Tres a uno. Asunto cerrado. Perdió River, pero el resultado no le quitaba ni un poquito el título de campeón.
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