RIVER EMPATÓ Y RIÓ A MEDIAS
Ni en lamentos ni en broncas. River no debe sumergirse en nada de eso. Sería la peor determinación. Además, la rueda gira casi sin pausa y ya mismo, pasado mañana, con la visita a Arsenal, continúa esta historia para el equipo de Leonardo Astrada. Eso sí, lo que debe hacer River por estas horas es tomar lo sucedido ayer, frente a Estudiantes, como una lección. Como una auténtica enseñanza que le dejó el juego. Ese juego que creyó ganado sin haber sellado y firmado ninguna resolución. River se supo ganador antes de tiempo. Y ese fue, al fin de cuentas, su mayor pecado.
Estudiantes, este Estudiantes de Mostaza Merlo que anda por allá arriba, ilusionado, haciendo ruido cerca de la punta, abrazó el empate en el final. Y salvó el invicto. Y sin haber hecho demasiado, incluso sin haber manejado la pelota como River en el segundo tiempo, nunca se descontroló. Nunca perdió el orden. Conoce sus limitaciones Estudiantes. Y se animó hasta donde pudo. Primero, en el arranque, le planteó la discusión a River en el medio. No se metió decididamente atrás. Y más tarde, en el final, al ver que River daba vueltas y no liquidaba la cuestión, fue por el empate. Con sus pocas fichas a cuestas, claro. Pero le salió bien la apuesta. Le salió redonda.
Justo cuando todo River, el de adentro y el de afuera, daba por hecha la victoria. Cuando los dirigidos por Astrada dormían el desarrollo y su gente, en el contorno, empezaba a cantar por primera vez en todo el día pero con enorme convicción, que “de la mano del Negro Astrada, todos la vuelta vamos a dar”. Justo en ese momento llegó Maceratesi hasta el fondo, por la punta derecha, despachó el centro y Krupoviesa metió el cabezazo goleador. Y el festejo se mudó de tribuna con la velocidad de un rayo…
Gabriel Pereyra había entrado por Lucho González, lesionado. Y cuando estampó el 1-0 allá por los 34 minutos del primer tiempo, River respiró. No había jugado un partidazo hasta entonces, pero había sido más y mejor que Estudiantes. Había buscado a partir del quite y la distribución de Mascherano, y de la movilidad de los de adelante, incluido el capitán Salas que volvía a la titularidad. El funcionamiento contaba con el respaldo de una defensa tan nueva como sobria. Pero como Estudiantes le achicaba los espacios, le ensuciaba el camino con marcas pegajosas y lo molestaba cada vez que aparecía Marcelo Carrusca, debía “trabajar” River en cada sector. Y ya se sabe qué clase de partido sale cuando se “trabaja” más de lo que se juega.
En este contexto fueron pasando los minutos. Y a medida que empezó a consumirse el segundo tiempo los cambios en Estudiantes resultaron más influyentes que los cambios en River. Esencialmente porque Leandro Benítez aportó más claridad que Sosa y Maceratesi fue más práctico que Pavone. Cuando Gallardo ingresó por Cuevas y volvió a pisar el verde césped del Monumental, tras su larga ausencia, pareció que River, de una vez por todas, resolvería el pleito. A menos, que iba a cerrar el partido a partir del control exclusivo de la pelota.
Pero si el equipo de Reinaldo Merlo estaba atado a su postura llena de precauciones, ahora, con Gallardo en la cancha, intensificó las medidas preventivas. River, en todo el complemento, se acercó con peligro sólo dos veces al arco de Martín Herrera. Con aquel disparo desde lejos de Mascherano, que dio en el travesaño y se perdió en las alturas, y con un remate cruzado de José Sand, dos minutos después de haber reemplazado a Gastón Fernández.
Pero claro, ninguno llegaba lo suficiente, en realidad, como para que el pronóstico indicara probabilidad de goles. Un tiro libre de Benítez al corazón del área local que no pudo conectar Ortiz había sido todo el riesgo generado por Estudiantes en la segunda etapa. Hasta que Maceratesi despachó el centro y por el otro lado apareció Krupoviesa. Gabriel Pereyra, el mismo que había entrado por Luis González y que había convertido el gol de River, no le cerró bien la puerta. Y el defensor de Estudiantes estampó el 1-1.
Fue un partido mediocre, con más ganas que ideas, con más ímpetu que juego propiamente dicho. Lo tenía River. Lo estaba ganando con lo justo, cuando Estudiantes se decidió y le arrebató la sonrisa. El triunfo de Independiente sobre Boca había instalado una onda festiva en el Monumental. Y al fin de cuentas, River, con el punto, quedó como único líder. Pero el empate le dejó un sabor amargo. Suele pasar cuando se recibe una buena lección.
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