RIVER ES EL CAMPEÓN DEL TORNEO CLAUSURA
Campeón. Así es la vida, por estas horas, de River. Que resolvió todo casi sin darse cuenta. Porque el dos a cero que lo condujo sin escalas al título del Clausura, no parecía imaginable a diez minutos del final. Es que empataba 0 a 0 y, vale decirlo, no jugaba para nada bien. Pero llegó una capada de Zapata, quien enfiló por la izquierda y desde un ángulo muy cerrado, sacó un zurdazo tremendo. Gol. Locura. Pasión. Adentro de la cancha y, obviamente, afuera en las tribunas. Era la ratificación de una verdad a gritos: el gol daba el campeonato. Y para rematarlo, enseguida llegó el aumento a través de Barrado. Dos a cero. Y ahí no se discutía nada más.
Dependía de sí mismo
River salió a jugar sabiendo que todo estaba en sus manos. La imprevista derrota de Vélez ante Estudiantes, le abría de par en par las puertas al título, más allá de la buena demostración de Boca ante Independiente. Lo cierto es que un triunfo se cambiaba por vuelta olímpica. Y salió a jugar decidido, a meter presión en los costados y a tratar de encontrar el desequilibrio con D’Alessandro.
Pero no se hizo fácil en los primeros minutos, sobre todo porque como la cancha no estaba nada bien, entonces River buscó con pelotazos largos que simplificaron los despejes de los rivales. Ludueña no pudo conectarse con D’Alessandro y tampoco con Lucho González, con lo que se anulaba la principal usina futbolística del equipo visitante.
Igual, siempre River adquirió un rol protagonista. Quiso la pelota y metió miedo cada vez que cruzaba la pelota al punto del penal, por donde Cavenaghi y Fuertes se las ingeniaron para alternarse jugadas de gol.
De a poco el partido se fue ensuciando. Ninguno de los dos tuvo precisión y así el juego se hizo desprolijo, con mucha fricción y sin jugadas de peligro. No obstante, Olimpo se dio cuenta de que podía lastimar llegando por los costados. Castillo y Carrario rotaron por todo el frente de ataque y en los minutos finales de la etapa inicial fabricaron dos situaciones claras que pudieron terminar en gol.
Había, claro, que torcer la historia, sobre todo en los metros finales, donde River no lograba precisión. Para colmo, en la primera media hora del segundo tiempo Olimpo se animó y generó peligro con pelotas profundas desde uno y otro costado.
Fue el tiempo del nerviosimo para River. Porque el cero a cero obligaba a ir a una definición en la última fecha. Y ahí, de golpe, aparecieron los fantasmas de siempre. Que Boca, que la presión, que siempre lo mismo… Pero una guapeada de Zapata, quien había ingresado para darle movilidad a River por la izquierda, terminó en el gol salvador. A esa altura la locura estaba instalada. River campeón. Por los puntos, por su búsqueda y, fundamentalmente, porque siempre trató de pensar en el arco de enfrente. Un aplauso, entonces, al fútbol que lució en gran parte del Clausura, que le permitió lograr este campeonato.
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