RIVER JUGÓ MAL Y PERDIÓ EN EL MONUMENTAL
Otra vez el poderío de River quedó demostrado muy rápido, cuando todavía se estaba armando el partido. A los ocho minutos, apenas, Gabriel Pereyra puso el uno a cero y, lógicamente, la tranquilidad se apoderó de todo el Monumental, porque era el derecho de compartir la punta del Clausura con Talleres.
Este tipo de partidos, en los que uno busca y el otro espera, no siempre son sencillos de abrir. Y mucho menos de resolver. Pero River se encontró con la ventaja y tenía todo servido para atacar y para dejar en claro por qué hoy por hoy es uno de los equipos más temibles del fútbol doméstico.
Más de uno, después de ese gol tempranero, imaginó una goleada inminente. Pero no, pasaron los minutos y Banfield, obligado por el resultado, salió a jugar mucho más cerca de Costanzo. Presionó con centros cruzados, para tratar de aprovechar la potencia de Amato y, sobre todo, la altura del grandote Bilos.
Gallardo, en su primer partido como titular, tardó en encontrar la onda de conductor. Hizo todo con bastante lentitud y le costó hacer la descarga justa para Salas o Cavenaghi. Pereyra, en cambio, sorprendió una y otra vez con sus proyecciones por la derecha, donde sucesivamente encontró espacio para proyectarse.
Los visitantes se animaron en la parte final del primer tiempo. Fueron con insistencia y tuvieron varias veces el empate pero Costanzo respondió con mucha seguridad. El arquero, justamente, le ahogó primero el gol al Pelado Sánchez y más tarde le tapó un cabezazo con destino de red a Ríos.
El análisis de lo hecho por uno y otro reflejó que el 1 a 0 con que terminó el primer tiempo en nada se pareció a la realidad. Banfield, que llegó al Monumental como el patito feo, recibió un gol y a partir de ahí fue un equipo ambicioso, que nunca tuvo respeto en quien tenía enfrente. River fue la otra cara de la moneda. Arrancó con todo, pero metió el gol y se relajó. Tanto que terminó muy retrasado, con muchos metros entre línea y líneas, casi sin pisar el área rival.
Costaba pensar que Banfield podía mantener esa actitud de búsqueda. sin embargo lo hizo y en menos de cinco minutos dio vuelta el resultado con dos goles del Pelado Pérez. Nadie podía creer lo que estaba pasando.
River, empujado por su gente, se fue abiertamente al ataque. Y así acumuló jugadas de peligro, hasta que Salas marcó el empate, en una jugada que dará mucho que hablar, porque quedó la sensación de que la pelota no cruzó la línea.
Quedaba tiempo para más. Pero River fue y se desprotegió. Y en una contra rápida, Bustos Montoya puso el tercer y definitivo gol.
Justicia absoluta. Porque River jugó mal, muy mal, mientras que Banfield se aferró a su esquema y cuando se le presentaron sus oportunidades, no las dejó pasar. Todo dicho.
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