RIVER NO LE DIO RESPIRO A INDEPENDIENTE
Fue simple, demasiado simple, el trámite para River. Que salió a jugar con la diferencia de ida (nada menos que 4 a 1), con las penurias de su rival, Independiente, y fundamentalmente con el apoyo de su gente que, después del 3 a 0 del domingo ante Olimpo, se ilusionó y fue al Monumental a “exigirle” una actuación con todas las letras.
Ante este panorama, los de Pellegrini desde el vamos manejaron la pelota. La hicieron circular hacia los costados y metieron profundos ataques que dejaron mal parados a los defensores visitantes.
El partido se empezó a abrir cuando Ludueña se acordó de gambetear hacia adelante. Ahí marcó la diferencia. Y se acentuó en el momento en que Coudet fue salida constante por la derecha. Para colmo, el tándem Domínguez-Cavenaghi funcionó a pleno. Conclusión: daba la sensación de que caía un gol y después todo se resolvía en un abrir y cerrar de ojos.
Dicho y hecho. Una viveza de Cavenaghi abrió el camino. El delantero aprovechó una mala salida del arquero Albil y se llevó la pelota con la mano. El árbitro no vio nada y Cavenaghi definió con un toque suave. Era la diferencia inicial.
¿Independiente? No tenía ánimo para responder. Hacía sin saber hacer. Buscó un par de veces, pero más por obligació que otra cosa. Y cuando ya se iba el primer tiempo, Ludueña encaró sin marcas. El iba y sus defensores se abrían. Hasta que llegó adentro del área, levantó la vista, eligió palo y le dio. gol. Dos a cero. Asunto cerrado, pese a que había por delante cuarenta y cinco minutos.
Y el segundo tiempo, más allá de los arrebatos de Independiente, fue un monólogo de River. Todos iban, todos llegaban. Por la derecha, por el medio, de arriba, de abajo, por los costados. No extrañó, entonces, que acumulara situaciones de peligro. Y, vlaro, también vinieron los otros goles.
Fueron cuatro, en definitiva, y pudieron llegar muchos más
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