RIVER NO LOGRA SALIR DE LA OSCURIDAD
Así no, River. Así todo es más negro. Presente y futuro. Así, cada sonrisa que pueda aparecer en el camino, decididamente es más fugaz. Así, sin juego, sin ideas, sin alma, se desmorona cualquier ilusión.
Ahí está la Copa Sudamericana, como una salida de emergencia, esperando con los brazos abiertos. Pero semejante irregularidad (brillante 4-1 a Independiente, en Avellaneda, por la Copa; paupérrimo 2-2 ante Quilmes de local y esta merecida derrota con Arsenal) mantiene los interrogantes bien encendidos en todos los frentes. ¿Qué le pasa a River? ¿No tiene hambre de gloria? ¿Puede ser tan endeble espiritualmente como para caerse del modo en que se cayó ayer en la cancha de Racing después del gol de Patricio González?
Encima esta vez tenía una carta a favor, si se quiere… El domingo había salido a enfrentar a Quilmes con la noticia de una nueva goleada de Boca. Anoche tenía la buena nueva: el equipo de Bianchi había dejado ante Lanús los primeros dos puntos en este Apertura. Pero no hubo caso. Ni así pudo levantarse. Al contrario: con su indolencia volvió a convocar a los fantasmas de la crisis.
Y Arsenal dijo gracias. Obvio, este equipo de Jorge Burruchaga, tan humilde como prolijo, que conoce sus limitaciones y que sabe bien lo que puede y lo que no puede hacer, se dio el gusto de ganarle por primera vez en su corta historia en el fútbol grande.
Había arrancado como patrón del juego, River. Había asumido su rol, había enfocado el partido en campo rival. Incluso, en medio de aquella presión inicial, el pibe Osmar Ferreyra, en su debut absoluto como titular, había ganado una pelota en la salida de Arsenal y había sacado un remate desviado. También se había perdido el gol Cavenaghi, bien neutralizado por Limia. Pero de pronto Arsenal cruzó la mitad de la cancha. Buscó por afuera, por el sector de Kilian Virviescas, por donde más le duele a este River, y el centro de Santiago Hirsig (que por despliegue y desequilibrio en el medio terminaría siendo la figura de la cancha) fue conectado por Patricio González para convertir el 1 a 0.
Fue entonces cuando, en una postura propia para el diván, River se quedó rápidamente sin respuestas. Y fue barullo, imprecisiones, y más barullo… Se hundió en el mediocampo, se llenó de inoperancia adelante. Fue impotente, al cabo, en todas sus líneas. No llegó nunca más con riesgo cierto al arco de Limia. Ni hablar de juego asociado, de búsqueda clara, de relevos aceitados.
Lux le sacó el segundo a Denis, después un disparo de Cantero hizo escala en Lux y en el travesaño antes de morir en córner. Se lo volvió a perder Denis en el primer tiempo y más tarde, cuando el partido terminaba, el que se lo perdió fue Patricio González tras una jugada calcada a la del único gol de la noche. ¿River? Un mundo de confusiones.
No se deben poner todas las respuestas individuales en la misma bolsa. Mientras Marcelo Salas, por ejemplo, bajó una y otra vez para mostrarse, para formar parte de la generación del juego al ver que la pelota no le llegaba de ningún modo, Daniel Montenegro fracasó en su función. Igual que Coudet, que Virviescas, que Cavenaghi. Y así, con el partido partido al medio, no se puede…
Los cambios no cambiaron nada. Arsenal fue solidario y con eso le alcanzó. River le puso más combustible a su presente inflamable. ¿Y ahora…?
Este contenido no está abierto a comentarios

