RIVER NO PUDO CON LA CONTUNDENCI DE REAL MADRID
Era una fiesta, en definitiva. Con un homenajeado de lujo: el legendario Alfredo Di Stéfano. Y dos actores reconocidos: Real Madrid y River. Todo, esto ni más ni menos, que en un escenario soñado como el Santiago Bernabeú. ¿Qué más? Sí, a no dudarlo, la invitación perfecta para pasarla fenómeno.
Que ganó (bien, del principio al final) el Real Madrid a esta altura pasa a ser una anécdota. Y todo se definió en un rato, en el comienzo del segundo tiempo. Ahí se vio toda la contundencia de un Real Madrid, vaya novedad, que cuando se inspira es temible. Y fue así. Primero con esa joyita maradoniana de Santiago Solari. Belleza pura. Vale detenerse y contarlo con lujos de detalles. El argentino recibió en el lateral derecho, es decir con su perfil cambiado. Hizo un par de amagues, dejó parado a su marcador, engachó hacia adentro y cuando todos esperaban el centro atrás, metió un zurdazo alto. Golazo con todas las letras.
No fue lo único, porque enseguida, tres minutos más tarde, apareció Portillo y puso el 2 a 0 de cabeza. Y para rematarla, otra vez aumentó Portillo otra vez de cabeza.
De la nada, River se había encontrado 3 a 0 abajo. Y con mucho por jugar todavía. Intentó, es cierto, en los veinte minutos finales, pero le faltaron ideas.
Llegó el descuento, cuando ya faltaba poco: pase de Montenegro y Lucho González le dio a colocar. ¿Había tiempo para soñar? No demasiado, porque los dos terminaron relajados. Sin presiones y con muchos metros para manejarse con comodidad. River, cuirosamente, fue el que tomó el protagonismo de la pelota. Pero el problema estaba arriba, donde no encontraban espacios para moverse con facilidad y en casi todos los intentos terminaban chocando.
Tuvo chances claras River. Pero ya estaba todo amistosamente escrito.
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