RIVER NO PUDO CON NEWELL´S Y ABRIÓ EL CAMPEONATO
Vaya arranque. Tremendo. Se planteó un ida y vuelta a puro vértigo. Todo por obra y gracias de la actitud (abierta, ofensiva) de los dos. Al minuto, apenas, Salas entró al área muy decidido y dio la sensación de que un defensor rival lo tocó. En el Monumental, claro, las voces de quejas se multiplicaron y ni hablar en el banco de suplentes de River. Todos pedían penal, pero el árbitro hizo señas para que el juego siguiera.
Lo cierto es que Newell’s, en la primera de cambio, produjo una sorpresa grande. Rubén Capria, a los tres minutos, aprovechó un desajuste y convirtió. Gol y mutismo general.
River, empujado por su gente, salió despegado a empatar. Tuvo sus situaciones, pero a la vez se desprotegió en el fondo. Newell’s, de la mano de Capria, se las ingenió para encontrar espacios y lastimar de contra. Costanzo, en ese momento, fue clave para que no llegara el segundo.
Se esperaba la reacción del equipo de Astrada. Porque estaba en desventaja y, fundamentalmente, porque el aliento de su gente así lo pedía. pero no llegó. Gallardo, más allá de su buenas intenciones, no tenía un interlocutor para hablar de fútbol, porque Patiño se mostraba poco y a los delanteros se los veía demasiado estáticos.
A la vez, Newell’s hacía y deshacía a su antojo. manejaba la pelota, llegaba por los costados, también por el medio. Pudo aumentar, incluso, pero la mala puntería se lo impidió.
En los minutos finales de la etapa inicial, River se fue abiertamente al ataque. Empujó y lo tuvo Gallardo, en una jugada que casi todo el estadio gritó gol.
Ya en el complemento, no tardó en llegar el festejo. Maxi López hizo una guapeada personal y lo tocaron. Penal. Lo ejecutó primero Gallardo y gol, pero el árbitro indicó que se repitiera. Ahí sí, aunque al otro palo, llegó el empate del ídolo local.
No se jugaban todavía diez minutos y Capria, quien manejaba los hilos de los rosarinos, acumuló dos tarjetas amarillas sucesivas y se tuvo que ir a los vestuarios antes de tiempo.
Era el momento de River, sin dudas. Pero otra sorpresa se dio vuelta por el Monumental: centro al segundo palo, los defensores (una vez más… ¿y van?) se quedaron parados y en el segundo tiempo, en posición dudosa, Penta metió el cabezazo.
River se jugó el resto. Sumó gente en ataque y consiguió rápidamente nuevamente la igualdad. Iba uno, respondía el otro. No se guardaban nada, más allá de las imprecisiones.
El empuje de la gente no fue suficiente par River, que de nuevo se fue de la cancha con una clara sensación de vacío- No sólo por el resultado, sino porque volvió a jugar mal.
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