RIVER PAGÓ CARO SU FALTA DE CLARIDAD
Hambre, mucha hambre de revancha tenía este River de Astrada. Y quería tomarse esta revancha contra los últimos (y flojos) rendimientos y contra la falta de buen juego en esta parte del año. Y también, claro, porque enfrente aparecía este Arsenal de Burruchaga que ya casi parece una mala palabra en la vida de River por todo lo que lo complica. Pero River no pudo: fue 0 a 0. No pudo ganar ni ganarse a sí mismo. Y se quedó sin nada en los bolsillos y con muchas ganas de esa esquiva revancha.
Con el plus, claro, de quedar eliminado en su propia casa, contra un equipo de los chicos y en una competencia internacional. Otro estigma copero y van…
Es que buscó mucho y generó poco River, facilitándole la excursión copera a Arsenal. Ahora, mientras duren los históricos festejos en Sarandí por meterse en cuartos de final de la Sudamericana, se espera al ganador de Bolívar de La Paz y Deportes Concepción (fue 0-0 en Chile y el 19 será la revancha en la altura).
El partido comenzó y terminó siendo a la medida de Arsenal. Equipo sumamente prolijo si los hay, no hubo desde el inicio un momento en que River lo agarrara desordenado ni descuidado. Fueron 90 minutos en los que, pese a los intentos de River, Arsenal cerró todos los caminos.
Volvió Astrada a desempolvar una línea de tres. Y a Patiño, en vez de estacionarlo por izquierda, lo dejó como doble enganche, junto a la Gata Fernández. Así, con un 3-3-2-2, River fue un manojo de intenciones que careció de toda efectividad.
Porque ahí donde debía nacer el fútbol —en Fernández y en Patiño—, Arsenal instaló a Esmerado y a Patricio González: ellos, más el atento y criterioso Ormazábal, se encargaron de destruir cada señal de peligro.
Esmerado fue lo mejor que tuvo el partido y quien se encargó de controlar —sin hacerle marca personal— a la Gata. Y González hizo lo propio con Patiño.
Como Pereyra y Sambueza tampoco lograban desequilibrar, a River se le hacía difícil llegar. Por más que buscara cambiar de ritmo en el medio, chocaba contra dos problemas. Que Arsenal estaba firme del medio hacia atrás. Y que a Cuevas y compañía se les nublaba la vista de tres cuartos de cancha en adelante.
Sin embargo, River tuvo alguna que otra chance… Un zurdazo de Pereyra que se fue por poquito; otro remate de Gaby que dio en la mano de Ruiz (estuvo bien Elizondo en no sancionar penal); un cabezazo de Nasuti que pasó cerca; un tiro de Cuevas (adelantado) que cruzó todo el arco y un par de arremetidas de Sand.
A todo esto, ¿qué era de la vida de Arsenal en ataque? Se animaba poco, muy poco. Más allá de la firmeza del reaparecido Lux, el fondo local dejó alguna duda a la hora de despejar los envíos aéreos, su mal de moda.
Sin fútbol a la vista, el Jefe apeló a Gallardo y Maxi López. Y la pelota empezó a visitar más el área de Limia, pero sin un dominio claro. Para colmo de males, entre que el nerviosismo crecía y la clasificación se alejaba, Gallardo bajó un par de cambios porque sintió dolor en la rodilla operada.
Arsenal pudo asegurarse el pasaje a cuartos en esa jugada de los 4 en la que dudó Nasuti y Denis, solito y solo, definió mal ante Lux. Fue la más clara del partido. Y hasta hubo más para Arsenal…
Mascherano también saltó a la cancha y, con la lesión de Gandolfi, River defendió con dos y atacó con todos los que pudo. Buscó y empujó, pero chocó… Contra sí mismo; contra Limia y el complicado Arsenal; contra otra frustración internacional.
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