RIVER SIGUE SIN ENCONTRAR SU RUMBO
River no sabe qué hacer con su vida. Anda a los tumbos, desorientado y sin destino. Para colmo, sin ánimo de menospreciar a nadie, todos se le animan. Y en el mismísimo Monumental, para colmo. Y no liga, además. Porque convengamos que no es común y corriente encontrarse con un gol en contra al minuto de juego, cuando todavía nada se había armado. Bueno, eso le pasó a River, que en el primer centro cruzado que cayó sobre el área, Herbella (que después se tuvo que ir lesionado) la empujó como pudo y la pelota ingresó pidiendo permiso. Gol y mutismo absoluto en el estadio.
O, mejor dicho, empezaron los murmullos, esos que sentencian y a la vez lastiman. Claro, la desventaja obligó a que River ingresara en un estado de desesperación absoluta. Quería hacer todo a mil por hora, evitando la pausa, cayendo en el repetido e inoportuno pelotazos.
En ese primer tiempo se empecinó en probar por el medio. Iba e iba, con los ojos cerrados y a los empujones. “Con un balde en la cabeza”, diría Menotti. ¿Para qué se hicieron los costados? Una buena pregunta. River, por lo pronto, no los usa. Entonces todos sus caminos ofensivos se limitan a lo que pueda salir de una inspiración personal. Pero como Cavenaghi no está pasando un buen momento…
Fue River con insistencia en la primera parte y de un análisis fino saldrá que merecía el empate. Pero de golpe, el pobre Virviesas hizo un blooper que mezcló risas con bronca: vino un centro de la izquierda y el colombiano, en un intento por despejar, se la metió de emboquillada a Costanzo. Gol en contra. Todo dicho para sintetiza la realidad de River.
Había que ar vuelta el partido. Pero, ¿cómo? Porque en el segundo tiempo siguió jugando mal el equipo de Pellegrini. No tuvo claridad y empezó a soñar cuando el árbitro Furchi, en un fallo de lo más polémico, expulsó después de la misma jugada a tres jugadores de Quilmes: Ariel López, Camps y Saavedra. A partir de eso, lógicamente, los viistantes trataron de aguantar. Vino la media vuelta de Cavenaghi y al rato llegó el empate de Domínguez. Quedaba tiempo para el tercero que finalmente no llegó.
Así quedaron a mano. Quilmes, contentísimo. River, con un mar de dudas encima.
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