RIVER SUFRIÓ PARA SER SEMIFINALISTA
En el balance de esta excursión por tierras asunceñas River sólo encontró alivio en la chapa del final. Perdió 1-0, pero claro, el resultado global fue 2-1 por aquellos dos tantos convertidos en el Monumental. Y pasó de ronda, nomás. Y se metió en las semifinales, en donde casi seguramente se encontrará con el San Pablo. Punto y aparte.
Después, en todo lo demás, el saldo es preocupante. Porque cuando se empieza a desmenuzar esta historia, cuando se rebobinan estos noventa minutos en el Defensores del Chaco ante Libertad, surgen dos lecturas con muy pocos matices capaces de instalar optimismo.
Una tiene que con el corto plazo, con lo que se viene ya, el domingo, en el Monumental. Con Boca, con el superclásico. Con ese partido tan esperado, para levantar la autoestima propia y para derrumbar la ajena. Y la lectura, en este sentido, ha dejado una luz roja encendida porque River jugó mal. Y encima sufrió lesiones que recortan su potencial.
La otra mirada, la internacional, la que va más allá del próximo domingo, también quedó atrapada por el signo de la preocupación. En realidad, si River no vuelve a parecerse, al menos, a aquel equipo que humilló a Independiente por esta misma Copa Sudamericana, si se mantiene dentro de estos parámetros que exhibió anoche aquí, bueno, entonces quedará más cerca del sufrimiento continuo que de la recuperación.
Apenas los rendimientos individuales de Costanzo y Ameli sobresalieron de la chatura general. Pero ojo que esto es todo una síntesis. Porque terminó apretado contra su arco el equipo de Manuel Pellegrini. Terminó haciendo agua por los costados, sobre todo por el de Coudet- Rojas.
Y si se tiene en cuenta que en el primer tiempo el que se destacó más fue Guillermo Pereyra, bien auxiliado por Javier Mascherano, queda claro que las barreras de la resistencia fueron cediendo en forma tan progresiva como peligrosa hasta que el árbitro Carlos Simón le bajó la persiana a la angustia, que incluyó cuatro minutos adicionales.
Ni siquiera pudo levantar vuelo River en el comienzo, antes de las desgracias de las lesiones. Le costó una enormidad generar juego asociado, peligro en serio. No tuvo desborde, no asustó en ataque ni con ese remate alto de Cavenaghi. Y si Libertad no ganaba era por su falta de explosión. Porque, al fin de cuentas, no es ningún cuco. Y porque cuando llegaba y quedaba mano a mano, como Bareiro con Costanzo, ganaba el uno de River.
En el arranque del complemento Rojas agarró a Bareiro dentro del área y enseguida lo soltó. Fue penal no sancionado y River siguió vivo. Bareiro bajaba y ayudaba en la generación a Morínigo; por afuera desequilibraban Bonet y Robles; River, mientras tanto, esperaba el paso del tiempo…
Siguieron los cambios: Ludueña ingresó por Lucho González y más tarde Montenegro por Darío Husain, que había entrado en la primera parte por el Chori Domínguez. Pero el partido se jugaba allá, del otro lado, en campo visitante. Y de golpe llegó el grito de Cohener, sucesor de Emilio Martínez. Libertad 1, River 0. Un gol más de los locales y la discusión se trasladaba a los penales. Una diferencia demasiado estrecha, una típica diferencia para terminar sufriendo.
Y llovieron centros sobre el arco de Costanzo. Y se revolcó el arquero de River una y otra vez. Rojas, con la cabeza vendada, echó al córner una jugada de gol. Se lo perdió Robles, se lo perdió Morínigo, se lo perdió Zamudio. El segundo gol de la noche llegó hasta la nariz del equipo argentino. Pero terminó 1-0. Y el semifinalista es River.
Ahora, de cara al clásico más clásico, lo único a favor es que enfrente no estará Tevez.
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