ROBAN PLACAS DEL CEMENTERIO DE VERA
Desde hace un tiempo los amigos de lo ajeno se han apropiado de cientos de placas que identificaban las tumbas, que de un día para otro se convirtieron en NN, dado que en la mayoría de los casos ni la foto dejaron.
Más allá del condenable hecho de robar algo tan caro a nuestra memoria, lo que también hay que lamentar es la conducta asumida por ciertas personas, que no poseen sentimientos ni escrúpulos, para atentar contra un lugar que desde tiempos inmemoriales es considerado sagrado.
Robar una placa, más allá del rédito material que seguramente ofrece, deja al descubierto un mercado cuya existencia desnuda una de las miserias humanas más deplorables, al amparo de la dueña y señora de nuestros días: la impunidad.
Convertir al lugar de nuestros difuntos en un sitio desconocido es renunciar a nuestra propia identidad, es renegar de nuestra historia, es renunciar a nuestros afectos.
Estamos frente a un negocio perverso que nos hiere, minimiza nuestros valores y nos llena de impotencia. Que esta noticia trascienda seguramente no ayuda a los verenses, pero es necesario hacerlo, tal vez sea una buena oportunidad como para saber si todavía nos queda algo de vergüenza.
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