ROBARON CAJAS DE SEGURIDAD DE CAMIONES EN LA PLANTA DE ITALGAS
Una banda de ladrones inmovilizó al custodio del depósito de la firma Italgas en la zona oeste y extrajo con una amoladora las cajas de seguridad de tres camiones que, de modo excepcional, habían permanecido cargadas con dinero de los repartos durante el fin de semana. Todo hace suponer que los maleantes contaban con un dato preciso (fueron directo a los vehículos que atesoraban dinero en sus cabinas e ignoraron otros objetos de valor) y que dieron el gran golpe sólo con un cuchillo. El sereno, luego de pasar la noche amarrado con los brazos en alto a la caja de un camión, fue hallado en estado de shock por otro empleado. Tuvieron que internarlo para calmar su crisis nerviosa.
El robo ocurrió en el depósito de Italgas e Hipergas, una firma que provee gas envasado para consumo domiciliario y a granel para empresas y fábricas. El predio asaltado ayer está ubicado al oeste de la avenida de Circunvalación, unos 200 metros al sur de Presidente Perón. Es un gran depósito a cielo abierto de camiones donde se produce el fraccionamiento del gas y se almacenan garrafas bajo un tinglado. Está cercado por rejas conectadas a un sistema de alarma y custodiado noche y día por un vigilador armado, que la mayor parte del tiempo permanece en la caseta junto al portón de acceso.
Allí se encontraba la madrugada del domingo el vigilador Rubén Ciccone, de 50 años, armado con una escopeta. No hacía mucho tiempo que había tomado el turno, según contó a La Capital su compañero Juan Carlos, cuando alrededor de las 4:20 decidió ir al baño. Caminó hasta la casa donde además del baño funcionan un depósito, taller y comedor y a los cinco minutos fue sorprendido por un desconocido. “Se calcula que lo han estado esperando. Salió del baño y tenía un tipo delante de él que le puso un cuchillo en la garganta”, reveló Juan Carlos, quien por la tarde reemplazó a Ciccone en su puesto.
El custodio contó que su compañero forcejeó con los intrusos pero éstos lo dominaron. Los asaltantes lo ataron y amordazaron con cinta de embalar y además “le pusieron una capucha en la cara”, dijo el jefe de la seccional 32ª, Daniel Díaz, a la espera del conteo que permitiría establecer la cifra exacta de lo robado. Luego lo mantuvieron encerrado bajo la estricta mirada de uno de los delincuentes. Mientras tanto, el resto de la banda ganaba la playa de estacionamiento de los camiones. Los encargados de seguridad de la empresa suponen que tres hombres se ocuparon de revisar los vehículos mientras un cuarto se ocupaba del sereno.
“Unicamente tocaron los camiones que tenían dinero en sus cajas de seguridad”, puntualizó Juan Carlos, con la certeza de que los asaltantes contaban con información y conocían el movimiento del lugar. Tal es así que saltaron al predio por el portón principal, el único rincón del depósito que no está protegido por la alarma.
Luego de retener al custodio los maleantes forzaron tres camiones Mercedes con chasis y acoplado. Con un objeto pesado rompieron los vidrios y usaron una amoladora automática para abrir las cajas de seguridad, que estaban soldadas dentro de las cabinas. “Son cajas de acero de 25 centímetros por 25”, describió Díaz, quien quedó a cargo de pesquisa junto con la Brigada de Investigaciones. Los tres camiones violentados habían regresado de viajes a otras provincias del interior del país la noche del viernes.
Amarrado y tiritando de frío
El regreso tardío y el feriado del sábado se combinaron para que, de forma extraordinaria, el dinero no fuera retirado de los vehículos. Ni los choferes ni los empleados del depósito poseen las llaves de las cajas de seguridad. “Habitualmente cada camión trae unos 25 mil pesos”, mencionó Juan Carlos. En la seccional 32ª no conocían el monto de lo robado porque el arqueo de caja recién se haría hoy. Además, el custodio asaltado no manejaba esa información.
Luego del golpe, los maleantes ataron al custodio a la caja de un camión que estaba estacionado muy cerca de otro. Quedó oculto entre los dos vehículos de carga por cuatro horas, al aire libre y sin posibilidades de pedir ayuda. A la mañana un empleado del depósito lo encontró allí, tiritando de frío, y llamó a la policía y a una ambulancia. A Ciccone le aplicaron un tranquilizante y lo internaron en un centro asistencial hasta que superó su crisis nerviosa por lo ocurrido. “Creemos que no venían con otro tipo de arma que el cuchillo. Tampoco le robaron la escopeta a mi compañero. Deben saber que nuestras armas están registradas porque los custodios somos todos ex miembros de fuerzas de seguridad”, dijo ayer Juan Carlos sin despegarse de su puesto de vigilancia.
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