ROMA YA SE PREPARA PARA LA ASUNCIÓN
La ciudad barroca es elástica. Dos semanas después de haberse “estirado” para recibir a más de dos millones de peregrinos en los funerales de Juan Pablo II, se prepara ahora para afrontar una nueva avalancha de fieles y ofrecer la seguridad necesaria para albergar a los jefes de Estado y autoridades que asistirán el domingo a la misa inaugural de Benedicto XVI.
Los cálculos iniciales de medio millón de peregrinos aumentaron ayer a 800.000. Y siguen en ascenso, al igual que el listado de autoridades internacionales, entre las que estará el presidente Néstor Kirchner, quien llegará mañana por primera vez a esta ciudad.
Un impresionante operativo de seguridad volverá a montarse para el solemne momento en que Joseph Ratzinger reciba el palio petrino (estola) y el anillo del pescador, que simbolizan el poder pontificio.
La ceremonia supondrá el inicio formal de su papado, pero, en rigor, éste comenzó aún antes de abandonar la Capilla Sixtina, en el momento exacto en el que pronunció el “sí, acepto”.
El oficio empezará a las 10 (las 5 en la Argentina) y podría extenderse durante más de dos horas. Tras las dudas iniciales, se desechó el interior de la basílica para efectuarla, entonces, en la Plaza de San Pedro, barrida en estos últimos días por fuerte viento y lluvia esporádica, nada invitadores.
Junto con el Papa celebrarán los cardenales que lo eligieron. Muchos de ellos abandonarán Roma apenas termine la ceremonia, que se prolongará -ese mismo día y no en el siguiente, como se pensó en un principio- con el saludo de Benedicto XVI a las delegaciones oficiales, entre ellas, la de nuestro país.
El operativo de seguridad será similar al aplicado con los funerales de Juan Pablo II. Tanto, que estará una vez más a cargo del titular de Protección Civil, Guido Bertolaso.
Cerca de 10.000 efectivos se movilizarán para controlar aire, cielo y río, junto con un escudo sanitario para prever emergencias. Habrá trenes especiales desde Alemania -de donde se piensa que habrá una fuerte llegada de fieles- y 2000 voluntarios han sido reclutados ya para asistir a los peregrinos.
Se cerrará el cielo de la ciudad y otra vez habrá amplios cortes de tránsito en calles urbanas. El aeropuerto Ciampino estará vedado al tráfico privado y se planea la suspensión de vuelos comerciales.
Habrá cazas italianos alistados para despegar en caso de que se detecte un avión fuera de control y baterías de misiles desplegadas también para hacer frente a una amenaza aérea.
En cuanto a los peregrinos, es imposible que todos entren en la plaza, de modo que nuevamente se instalarán pantallas gigantes en distintos puntos de la ciudad para poder seguir la ceremonia.
El ministro del Interior, Giuseppe Pisanu, coordinó ayer medidas de seguridad con varias fuerzas, con la idea de “adoptar nuevamente el esquema experimentado con éxito” en la misa fúnebre.
Todo está en marcha. Ayer se trabajaba en la Plaza de San Pedro y también en los alrededores, donde cientos de artesanos se afanaban en la producción de bustos y medallitas del nuevo pontífice, mientras esperan el día de las grandes ventas.
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