Roos revisa su obra
"Uruguay": ése es el concepto en torno al cual girará el concierto que ofrecerá el martes Jaime Roos en el teatro Gran Rex. Un recital que, basado en su película 3 millones, recientemente seleccionada en el área latinoamericana del New York Film Festival, incluirá 30 temas pertenecientes a cuatro décadas de trayectoria, muchos de los cuales el cantautor había borrado de su memoria.
Ensayo, preproducción, decorado, iluminación, vestuario, dirección escénica, diseño de afiches. De todo se encarga Roos. ¿Es que nunca delega nada? "Delego pero hasta cierto punto. En una ocasión me reconfortó ver a Mick Jagger quejándose amargamente de cómo tenía que hacer todo para la gira Steel Wheels porque Keith Richards sólo tocaba la guitarra. Y otra vez, Paul McCartney, que tiene cincuenta años en el business, admitió que firma con seudónimos como vestuarista, iluminador y sonidista porque le hacen esta misma pregunta y la formulan con signos de exclamación. Ahora, al margen de delegar, hay que hacer correcciones y lograr que todo pase por el filtro de uno.
-Para lograr aquella coherencia artística, ¿un buen músico debe ser neurótico y obsesivo?
-Yo considero que todo buen artista debe cuidar hasta el último detalle. Un proyecto multidisciplinario debe tener coherencia y calidad; el artista tiene que buscar la excelencia y ser puntilloso y detallista. Ahora, respecto a que un artista deba ser neurótico, debo decir que no conozco a ninguno que no tenga neurosis. Es muy difícil convivir con la creación y con la característica implacable que conlleva. "El arte es un combate", dijo Millet. El artista debe relegar muchas cosas en su vida cotidiana y familiar. La gente piensa que los artistas la pasan fenómeno, pero no tiene en cuenta el tremendo sacrificio que hay detrás de cada cosa. La cara bonita es sacarse de encima todo e ir a tocar, pues uno va con ganas y termina cansado y, en muchos casos, aliviado y feliz. En cambio, cuando está preparando algo, el estrés puede llegar a ser severo. Fijate que hasta tengo que dedicar tiempo a aprender mis canciones: muchas de ellas las olvidé (risas).
-Quizá tenga que buscarla en Google.
-Bueno, ya las tengo todas impresas (risas). Es que hay temas que no toco hace mucho tiempo, como "Y es así", más conocida como "El milongón".
-¿Desde cuándo?
-Desde 1977.
-Usted ha dicho que los bises no son un derecho adquirido sino que "se ganan". Pero esto no es así en la Argentina, donde el público suele ser muy efusivo, ¿verdad?
-Los bises se ganan, aunque me ha pasado de tocar en lugares donde tuve mucho éxito pero donde la gente desconoce el mecanismo del bis y se queda esperando a que el artista salga, sin pedirlo. En esos casos, no salgo. El espectáculo empieza en una canción y termina en otra. Pero si la gente quiere más, tiene que pedirlo. Y no como un impuesto que le cobro a la audiencia sino por una cuestión de simple lógica. Hace poco toqué en un lugar del interior del Uruguay, no hice bises y después vinieron a decirme cosas como "bo, loco, te hiciste rogar". También me ha tocado salir al escenario y hacer seis bises. Pasando al público argentino, diría que me ha dado una constante muestra de amor y de respeto. Las personas son mucho más expresivas que en Uruguay.
-¿Cuándo sintió que comenzó esta historia idílica entre usted y la Argentina?
-A fines de 1982 salió un compilado de Philips que pasó por las bateas totalmente ignorado, esencialmente por la propia compañía, que lo catalogó como un disco folklórico. Así que si querías encontrarlo, tenías que buscarlo entre las obras de Horacio Guarany y de Jorge Cafrune. Entonces, toqué en la vieja Trastienda, en Thames y Gorriti, y fue una semana de shows muy intensos a nivel afectivo. El espectáculo era muy pobre desde el punto de vista musical. Después, en 1983, me fui a Holanda porque me echaron los milicos del Uruguay y en 1984 regresé. Pero no volvía a Buenos Aires porque me hacían ofrecimientos semiprofesionales. Y tomé la decisión de volver en condiciones normales para un espectáculo internacional. Finalmente, en 1990, hice cuatro shows que se agotaron en el legendario Shams de Belgrano, donde estuvieron Piazzolla, Chick Corea, Wayne Shorter…
-Y Jaime Roos…
-Es que fui el último artista que tocó ahí: después de nosotros murió, puesto que el boliche fue embargado (risas). Pero más tarde, también en 1990, me presenté en Obras. Y ahí sí sentí que desembarqué, que tenía por delante un camino y que había mucha más gente de la que yo creía que escuchaba mis canciones.
-La canción "Tema del hombre solo" ¿lo refleja hoy como persona o es simplemente una bella poesía?
-Refleja mi vida entera, incluso cuando he estado muy bien acompañado. Hay momentos en que he estado lejos de ese hombre, pero ha sido una constante en mi vida retornar a aquel personaje. Yo me siento solo y muchas veces me siento ajeno a mí mismo, porque me miro al espejo y no sé quién es esa persona. Por eso voy a citar el comienzo de la canción: "Recién vi a un extraño, con un rostro familiar/ Ahora entiendo el resto, cuando me mira mal/ El del espejo soy yo, extraño animal". Y, ahora que pienso, es una canción "servilletera", porque nació de distintas servilletas anotadas en diferentes lugares y porque me costó mucho formularla con cierta coherencia. Las ideas que contienen se me ocurrieron en distintos momentos, y el tema, contrariamente a otros que compuse en muy poco tiempo, como "Catalina", me llevó seis meses.
Referentes
Lennon-McCartney. "Para mí Lennon es Beethoven y McCartney es Mozart, porque el primero usa pocas notas en sus melodías, pero la sentencia es tremenda, mientras que el segundo es más melódico. Ahora, los que intentaron privilegiar a Lennon por encima de McCartney le erraron "como a las peras". Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band es una obra más de McCartney que de Lennon. Y, aparte, es tremendamente intelectual."
Bob Dylan. "Considero que fue un cantante excepcionalmente bueno y que en los años 60 rompió la tiranía de los grandes cantantes. Gracias a él se animó a cantar Hendrix. Y no debemos olvidar los discos que hizo en las décadas de 1970 y 1980. Es, además, un escritor de canciones increíble cuyo gran problema fue no haber dejado de cantar cuando debió, al menos en vivo. Sin embargo, sus shows siguen siendo finos y sobrios."
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