ROSARIO: COBRAN UN SEGURO EN UN BANCO, LOS SIGUEN Y LES ARREBATAN 30 MIL PESOS
Nadie sabía en qué momento retirarían 30 mil pesos del Nuevo Banco de Santa Fe de Mendoza al 4000. Sin embargo, cuando Juana y Martín salieron el martes al mediodía, tres hombres armados que bajaron de un Fiat Duna color blanco los asaltaron en plena vía pública en la cortada marcos Paz. “Lo que más nos llamó la atención -contó Juana, de 48 años- es que se me vinieron encima a mí, que llevaba la bolsa donde estaba el dinero”. Esa plata era parte del seguro de vida que les dejó su padre, un oficial mayor jubilado que murió de cáncer el año pasado. “Lo que más duele es que era para comprar una prefabricada y así dejar de alquilar”, explicó la mujer, que junto a su hermano fue protagonista de otra salidera en la ciudad.
Juana tiene 48 años y su hermano Martín, 24. Son hermanos, “hijos de un buen policía que se jubiló tras prestar servicio 32 años”, como detalla la mujer, que trabaja como empleada doméstica. El martes, pasadas las 12.20, el destino y la inteligencia que realizaron los ladrones sobre sus pasos introdujeron a los hermanos en las estadísticas de víctimas de salideras en Rosario. “No le dimos mucha importancia a la seguridad”, contó Martín. “Me parece que uno piensa que cuando estas cosas te pasan es muy poco lo que se puede hacer”, dijo este pibe, que trabaja como ayudante de cocina en un bar.
“Todo fue muy raro”, arranca Juana mientras baldeaba el pasillo de la casa que alquila en Río de Janeiro al 600. El miércoles pasado, por correo, les llegó una notificación para cobrar por la sucursal del Nuevo Banco de Santa Fe, 30 mil pesos del seguro de vida de su padre fallecido. “No les dijimos a nadie porque en realidad esa no era una plata con la que contáramos”, explica Martín. “El martes fui al sanatorio Mapaci a hacerme una curaciones (tiene una herida en su brazo derecho), entonces le dije a Juana: «Aprovechemos y pasemos por la caja (de Previsión Social de la provincia) y busquemos el cheque»”, contó Martín.
Así lo hicieron. Pasaron por la oficina de Zeballos al 2100 y, tras recibir el cheque, partieron en el Renault 12 azul de Martín hacia el banco de Mendoza y Lavalle. Martín estacionó en Avellaneda y la cortada Marcos Paz. Caminaron por el pasaje y entraron al banco. “A las 11.30 ya estábamos adentro. Hicimos la cola para cobrar por caja, pero nos dijeron que debíamos esperar a que nos llamaran”, precisó Juana. “Nos tuvieron bastante rato esperando. Como era una cifra importante, nos condujeron a un box semiprivado y allí cobramos”, contó la mujer. Los hermanos cuentan que permanecieron dentro del banco más de 45 minutos.
Desde un auto
Mientras su hermana le hacía de cortina, el joven contó el dinero y lo colocó en una bolsa de plástico color negro. Salieron del banco a las 12.20. Tomaron calle Lavalle hasta la cortada Marcos Paz para buscar el auto. “Yo iba del lado de la calle y Martín del lado de la pared. Escuchamos un auto que estacionaba y se bajaron tres hombres armados. Uno se quedó al volante”, detalló Juana. “Uno rubio, que bajó del lado del acompañante, se me vino encima. «Vení para acá», me dijo y me tiró al piso. Todo pasó muy rápido. Los tipos eran grandes. Dos de los que bajaron tendrían entre 45 y 55 años”, recordó Martín. “Estaban bien vestidos y se movían como personas que trabajan en servicios de seguridad”, explicó.
Los hermanos recuerdan que “los tres que bajaron tenían pistolas 9 milímetros”. A esa altura, la cortada era un pandemonio de gritos, insultos y forcejeos. Todo a menos de una cuadra del centro comercial de Echesortu. Una vez que se hicieron con la bolsa, los tres comenzaron a subirse al auto. “Un vecino de la cuadra que tenía un fierro le reventó la ventanilla del lado trasero del acompañante al Duna. Yo empecé a pegarle patadas al tercer choro mientras se subía al auto. Le abollé todo el costado de la puerta, pero igual se fueron”, explicó el joven, que ayer todavía rengueaba de la pierna derecha. “Los tipos agarraron por la cortada hasta Avellaneda y desaparecieron. Yo corrí hasta mi auto -modelo 1977-, pero ya habían desaparecido”, explicó Martín.
Invadidos por una profunda impotencia, llegaron a la seccional 6ª, donde hicieron la denuncia. “Los policías nos mostraron los álbumes de fotos, pero las caras de estos tipos no son las que se ven allí”, comentó Juana. “Después del robo, nos fuimos para el banco a buscar explicaciones… -recordó la mujer-. Y fue ahí que una mujer que estaba con sus hijos pagando unas cuentas nos comentó que el rubio estaba dentro del banco, haciendo como si fuera cliente”. Y recordó: “El rubio que me agarró a mí no me tironeó la cartera, que la tenía cruzada. Me manoteó la bolsa”.
“Este robo no nos hace más pobres”, murmuró Martín. “Lo que duele es que mi viejo hubiera querido que la usáramos para dejar de alquilar”, agregó Juana, mientras miraba a su hermano con la preocupación de una madre. “Lo único que pido es que nos devuelvan la documentación. En la bolsa estaban las carpetas con los trámites de mi padre y los documentos de nosotros. También había impuestos para pagar de esta casa, que se los tengo que rendir a la dueña”, comentó Juana, abrumada por la responsabilidad de que “no hay que tener deudas con nadie”.
Este contenido no está abierto a comentarios

