ROSARIO: EN EL SECTOR TEXTIL EL EMPLEO EN NEGRO LLEGA AL 50 POR CIENTO
El crecimiento de la industria de la confección que en Rosario se observa de 2002 a la fecha trajo aparejado otro fenómeno: el incremento del trabajo en negro, una constante que alcanza al 50 por ciento de la ocupación total del sector. Según señalan desde el Sindicato de Obreros de la Industria del Vestido y Afines (Soiva), la tercerización que a partir de los noventa expulsó a los asalariados hacia los talleres precarios, es una tendencia muy difícil de revertir “no sólo porque hay empresarios pícaros que se niegan a blanquear a su personal sino porque a muchos trabajadores no les interesa ingresar al mercado laboral formal”. Por su parte, los funcionarios de la Secretaría de Trabajo de la provincia reconocen que resulta difícil combatir esas irregularidades porque “una importante cantidad de personal trabaja desde sus viviendas particulares”, adonde los inspectores no pueden ingresar ni actuar de oficio.
Mientras que las cifras oficiales muestran cómo el empleo en blanco sigue avanzando –en julio se registró un incremento cercano al 10 por ciento–, esa variable no se observa reflejada en aumento de puestos de trabajo genuinos en el sector de indumentaria. “En realidad, ese rubro ni aparece en las estadísticas del mes de julio donde observamos que se crearon 9.155 nuevos empleos en toda Santa Fe y 5.521 en Rosario”, afirmó el titular de la Secretaría de Trabajo de la provincia, Alberto Gianeschi. Según los mismos datos los trabajadores que ingresaron al mercado formal hace dos meses son un 86,41 por ciento más si se compara con julio de 2005.
“Todas las semanas salimos a hacer recorridas cuando nos apuntan algún taller clandestino, pero para nuestra sorpresa no sólo nos encontramos con algún empresario que tiene diez empleados y sólo dos están en blanco. Muchas veces las mismas costureras prefieren mantener su trabajo precario, tanto para no perder algún subsidio del Estado o para que su ingreso no se vea mermado por el descuento para los aportes de ley”, afirmó el secretario general de la organización gremial del sector, Roque Vachet.
Actualmente se calcula que la industria de la indumentaria permite trabajar a unas seis mil personas en toda la provincia, a raíz de que esa actividad motoriza una importante cantidad de mano de obra. Economistas en general y los propios empresarios del rubro aseguran que el diseño y la confección de ropa constituyen una de las primeras actividades que resurgieron luego de un período de depresión.
Sin embargo, este resurgimiento económico que se apreció en la Argentina a partir del año 2002 aún no logró tener su propio correlato del lado de los trabajadores, al menos los ocupados en la industria del vestido. “Si bien es cierto que la activación impulsó la creación de nuevos puestos de trabajo, el 50 por ciento de la gente está en negro”, afirmó Vachet a sabiendas de que esa aseveración no será refutada por el sector empresarial porque desde la propia Cámara Industrial de Indumentaria Rosario (Cidir) reconocen que está fuera de regla el 45 por ciento de las personas empleadas.
Dificultades para intervenir
De acuerdo con la visión de los funcionarios que encabezan la Secretaría de Trabajo de la provincia, el combate contra la ocupación en negro en el rubro textil resulta muy difícil de llevar a cabo. “El principal obstáculo que se nos presenta es que muchas de las personas que se dedican a la actividad trabajan desde sus propias casas”, explicó el titular Gianeschi, quien reconoció que está al tanto de “talleres clandestinos” que se instalan en forma temporaria en distintos puntos de la ciudad. “Pero al funcionar en ámbitos familiares no podemos actuar de oficio, salvo que tengamos una orden judicial”, remató.
En esa línea, el funcionario aclaró que junto a los representantes de Soiva se están llevando a cabo acciones en dos sentidos. Por un lado, se intenta buscar pruebas que permitan poner freno a una situación de explotación, y en segundo lugar se asume una “actitud persuasiva” con respecto a los empresarios “díscolos” que rehuyen blanquear a su personal.
De todas formas, la autoridades de la Secretaría reconocen las secuelas que dejó la adopción de la forma de trabajo a destajo por fuera de la dependencia laboral, una tendencia que no sólo cautivó al sector empresario sino que caló hondo los mismos trabajadores que en su momento, desprotegidos por el Estado liberal y prescindente, no veían otra forma de acceder a una fuente de ingresos que no fuera al margen de las especificaciones de los convenios colectivos de trabajo.
Justamente, la tercerización y el trabajo precario, recetas que se vendieron como panacea económica durante la década de 1990, no sólo dejaron una huella profunda en las prácticas sociales: también transformaron los anhelos de las nuevas generaciones de argentinos que históricamente pensaron al trabajo como un factor de movilización.
Vachet afirmó que ese fenómeno no se observa sólo en Rosario sino en otras localidades santafesinas y del norte bonaerense “donde algunos pícaros recalan alentados por la luz más barata o los impuestos subsidiados”. Entre ellas, los dirigentes del sindicato identifican a Pergamino, Arrecifes, Junín y Colón en la provincia de Buenos Aires y Elortondo, Cafferata en el sur santafesino.
“Si bien las grandes empresas están bastante controladas, es común que en otras de menor desarrollo haya algunas que con diez personas trabajando sólo tengan anotadas a dos. En esos casos, tratamos de convencer a los empresarios para que regularicen la situación. Se apela a la persuación porque según nuestra experiencia «el apriete» infunde más temor en los operarios, quienes ven peligrar su fuente de trabajo” desvirtuando el propósito de la acción sindical, dijo el sindicalista.
Con respecto a la modalidad de los talleres ilegales el dirigente recordó que es muy común que alguien avise que existe un lugar donde hay personas confeccionando ropa. Pero “si ese local está en la zona céntrica cuando vamos a intervenir ya se mudaron a barrio Belgrano”, dijo.
Según afirma Vachet, esa movilidad –beneficiada también por el reducido tamaño de las máquinas, que muchas veces pueden transportarse sin dificultad y discretamente–, resulta una dificultad extra a la hora de ejercer el control.
Un fenómeno que busca nuevos aires donde expandirse
Todavía suenan los ecos del caso de inmigrantes bolivianos explotados en talleres de confección de Capital Federal y el Gran Buenos Aires donde el 30 de marzo murieron seis personas–entre ellas cuatro niños– en el incendio de uno de estos establecimientos. Si bien las autoridades de la Secretaría de Trabajo aseguran que Rosario y la provincia están lejos de esas situaciones extremas, advierten sobre la necesidad de “estar alertas” para que episodios como éste no ocurran en el sur de Santa Fe. “Tenemos que estar muy atentos, porque esta zona está requiriendo mucha mano de obra y tenemos información de que ante los controles que se están ejerciendo sobre talleres ilegales de Buenos Aires mucha gente está cambiando de jurisdicción y emigra hacia Santa Fe, Entre Ríos y La Pampa”, recordó el titular del área, Alberto Gianeschi.
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