ROSARIO: LE PEGARON UN TIRO A UN CHICO EN PLENA PISTA DE UN BOLICHE
Cuentan que Fernando Cena iba por primera vez a bailar a La Zona, el boliche ubicado en Aristóbulo del Valle entre Ovidio Lagos y Callao, frente a la Estación Rosario Norte. También dicen que mientras bailaba con cuatro amigos en el medio de la pista aparecieron dos hombres. Uno alto y robusto y el otro más pequeño, como de un metro 60. “Fue ese, fue ese”, habría dicho el grandote apuntando a Cena, de 20 años. Como en una película de gangsters, su compañero sacó un arma que llevaba en la cintura y disparó a quemarropa. La bala dio en la frente de Cena, quien fue llevado malherido al Heca, donde quedó en terapia intensiva. Los agresores aprovecharon la confusión y con la música retumbando huyeron del boliche. El joven baleado estaba anoche conectado a un respirador artificial, con el proyectil alojado en el cráneo y pronóstico reservado.
En el ingreso al boliche hay un detector de metales que fue secuestrado por la policía y que, según fuentes de la investigación, funcionaría correctamente. No había en el lugar policías prestando servicio adicional.
El gravísimo incidente se produjo a 50 días del asesinato de Pablo Carabajal, un chico de 15 años que murió de un puntazo en la garganta en La Diosa, boliche ubicado a diez cuadras del que ayer fue escenario de la agresión a Cena. Sólo que esta vez no entraron a la disco con un cuchillo, sino con un arma de fuego.
La música brotaba a full por las columnas de sonido. En el local, que hasta hace poco se llamaba Federico T, no había mucha gente y se podía caminar con tranquilidad. Cada uno de los jóvenes que bailaba estaba en su mundo. También Fernando Cena, que había estado junto a sus amigos en un bar hasta las 2.30. Minutos más tarde optaron por ir a bailar a La Zona. “El boliche es nuevo y era el tercer sábado que abrían. No es de los lugares donde la gente hace cola para entrar como en Satchmo o La Diosa”, explicó un vocero policial.
A las 4 de la madrugada, Fernando bailaba con sus amigos en el medio de la pista. “De acuerdo a lo que cuentan los pibes que estaban con la víctima, aparecieron dos tipos. Uno grandote y otro más petiso. Cuando estaban a pocos metros de Cena, el grandote dijo: «Fue ese, fue ese». Entonces el petiso sacó un arma que tenía en la cintura y le puso un balazo en la cabeza a Cena”.
El tiro hizo añicos la noche. Los amigos de Fernando comenzaron a gritar, pero sólo las personas que bailaban a los pocos metros del incidente sabían de qué hablaban. “Le pegaron un tiro a mi amigo. Paren la música”, gritaba un joven con desesperación. La gente se desbandó y eso lo aprovecharon dos hombres jóvenes que corrieron hacia Ovidio Lagos, según un relato de tercera mano de un vecino del lugar. A las 4.04 el Sies mandó una ambulancia para atender a un chico por herida de arma de fuego en cráneo. Cena fue trasladado de urgencia por ese móvil al Clemente Alvarez donde ayer sus familiares esperaban un milagro.
“La prensa no puede pasar”, dijo con seria amabilidad ayer al mediodía uno de los empleados de seguridad del Heca. “El padre dio la orden de no hablar con los medios. Pedimos que nos entiendan”, explicó una mujer mayor que con el dolor en la voz se identificó como la abuela cuando se retiraba por calle Rueda. “Los pibes que estaban con Fernando están destruídos. No pueden hablar”, confió una allegada a la familia con los ojos enrojecidos, no pudiendo entender lo ocurrido en el boliche. “La pregunta que hay que hacerse es cómo alguien pudo entrar con un arma a ese boliche”, inquirió la mujer. “Además, después de que le pegaron el tiro (a Cena) los patovicas abrieron las puertas y se fueron todos”, agregó.
La policía esperaba que los amigos-testigos aporten datos vitales para la investigación. Lo que si quedaba claro para ella es que el agresor no titubeó y la idea que dominaba sus acciones no era la de darle sólo un susto a su víctima.
Hacia el centro, La Zona es el primer boliche de los que están por la avenida Aristóbulo del Valle, que con el correr de las cuadras se transforma en Rivadavia y luego en Wheelwright. Está ubicado al 2700, frente a la vieja salida de los viajeros que llegaban en el ferrocarril a la ex Estación Rosario Norte, donde hoy funciona el Museo de la Memoria. Según fuentes policiales, el local “está habilitado como confitería bailable para 230 personas”. En el lugar “no había policías trabajando de adicional y la seguridad estaba dada por personal del local”, explicó un oficial. Tras sortear la vereda de lajas negras, al ingresar al boliche propiamente dicho, había un detector de metales. “Los pibitos que estaban en el lugar contaban que les hacían sacar hasta las zapatillas para ingresar”, confió un investigador.
Según policías y familiares, el disparo a Fernando se lo hicieron en plena pista mientras la gente bailaba. ¿Cómo entró el arma?, es la pregunta que se hacen los investigadores que no descartan ninguna hipótesis. “Puede que los agresores hayan entrado por otra puerta para esquivar el detector”, confió una fuente. El detector de metales de La Zona será peritado. En el boliche no se encontraron vainas de balas.
Mientras las persianas negras del boliche estaban ayer hasta el piso, uno de sus vecinos, que pidió la reserva de su identidad, contó cómo es la vida en la cuadra donde hay más negocios cerrados que personas viviendo. “Antes (donde hoy está La Zona) funcionaba Federico T y después un boliche gay. Y se estaba más tranquilo. No había quilombo”, resumió el hombre. “Después lo abrieron para todos y comenzaron los líos hasta que lo clausuraron. Los nuevos dueños abrieron después de las fiestas, pero el domingo de la semana pasada, como a las 3, se armó flor de quilombo. Se agarraron a las piñas. Se pegaban entre los autos que pasaban. No sé si esto no es una venganza de esa pelea”, conjeturó el vecino. “Varios dicen que los dos que tiraron llegaron, entraron y se fueron corriendo por Ovidio Lagos. Ustedes no saben lo qué es vivir acá. Los fines de semana a la noche no se puede andar”, murmuró.
Este contenido no está abierto a comentarios

