ROSARIO: LOS BASURALES MÓVILES JAQUEAN EL ESQUEMA DE LIMPIEZA MUNICIPAL
La proliferación de basurales móviles tiene a mal traer a la ciudad, y son la sur, norte y oeste, las zonas que han requerido la mayor demanda de limpieza de esos espacios. Y aunque la Dirección de Política Ambiental trabaja a destajo para solucionar el problema, la crisis social, un profundo dilema cultural, la cantidad de focos y la capacidad de movilidad de las montañas de residuos son las trabas que afrontan los funcionarios para resolver el problema. Sólo entre noviembre de 2003 y septiembre de 2005 el Concejo Municipal recibió más de 217 expedientes de particulares y concejales relacionados a la erradicación de basurales y control de residuos en Rosario. Y con organización y pala hasta se podría quitarlos del paisaje urbano, pero el inconveniente mayor siguen siendo los denominados basurales móviles. Es decir, cuando se trabaja sobre un sector, al poco tiempo aparece otro repleto de basura a las pocas cuadras.
Donde más se observa este fenómeno es a la vera de toda la avenida de Circunvalación, sobre terrenos baldíos o públicos lindantes con la traza. Pero los barrios poblados tampoco se salvan: el último jueves en Moreno y Mister Ross los vecinos enfurecidos reclamaron que se libere definitivamente una montaña de basura que inundaba la calle.
A los problemas ambiental y de salud que acarrea el tema, hay que agregarle la inseguridad. Cada tanto se produce la quema de elementos que desprenden hollín y dificulta la visibilidad de los automovilistas en las vías de acceso a la ciudad.
Casi todos los basurales se circunscriben a barriadas muy humildes, donde están radicadas viviendas precarias. Allí se amalgaman moradores que no han asimilado el hábito de depositar los residuos en los lugares correspondientes, al igual que vecinos y comerciantes desaprensivos, y la actividad de cirujeo, que tiende a desbordar de material no recuperable cualquier terreno desocupado. Eso se pudo percibir en una recorrida que hizo La Capital por distintos zonas.
Un ejemplo se ve a pocos metros del Centro de Recuperación de Materiales Reciclables de San Martín y Platón, en el límite sur del municipio, donde se forma una cava con agua servida. Entre los caballos y los desechos, los chicos del barrio San Martín Sur se meten con el barro hasta las rodillas a recolectar caracoles en medio de la vegetación y la capa espesa de sedimento verde con el consiguiente riesgo para la salud. Según los vecinos que rodean el gran pozo, “no se puede vivir. Me gustaría que vengan a la tardecita a ver la nube de mosquitos que nos invaden, y con el calor, esto es insoportable”, aseguró Federico, un vecino de 23 años. Asimismo aprovechó para deslizar otra queja: “No hay electricidad y el agua se corta a cada rato”.
A pesar de contar con un volquete cruzando San Martín, muchos prefieren la cava para desligarse de los desperdicios. El lugar mejoró con la intervención municipal, pero la zanja acarrea no pocos inconvenientes sanitarios.
Un terreno de la zona sur, pero en un sector más urbanizado, parece estar a disposición de los maleantes. La queja de los vecinos por el cúmulo de escombros en Lamadrid y Paraguay, luego del derrumbe del llamado Fuerte Apache rosarino, tiene sus fundamentos. Los carros de cirujas hacen su parada allí y dejan las sobras del trabajo diario. Se puede ver todo tipo de material orgánico, no hay vereda y la basura llega hasta casi mitad de calle. Se reproducen las alimañas y crecen las malezas en el terreno abandonado ubicado frente al Club Tiro Suizo.
“Hicimos el reclamo en el Distrito Sur y propusimos crear un centro recreativo, pero hasta el momento no hubo intervención”, indicó una mujer que vive en Paraguay al 5100, casi pegado al baldío. “Si nosotros no nos preocupamos por quemar algo de basura, no aparece nadie”, se quejó. Por último, denunció que la “inseguridad es preocupante. Después de que desalojaron este lugar, volvieron personajes más siniestros que tienen a maltraer a grandes y chicos”.
En la vías del ferrocarril delimitadas por Cafferata entre Gálvez y Virasoro, en pleno barrio San Francisquito, sucede algo particular. Los operarios de la empresa concesionaria de la limpieza en esa zona deben acudir día por medio con palas y camiones para despejarlo de todo tipo de desperdicios. Es más, hasta se vio la actitud imprudente de un comerciante que arrojó varios cajones de naranjas en mal estado, sabiendo que no es un lugar habilitado para ese fin.
En el momento en que este diario llegó, una cuadrilla estaba en pleno trabajo. “Es impresionante, acá venimos día por medio a limpiar y la gente sigue tirando cosas”, dijo un empleado de Lime, mientras relataba una larga lista de lugares en toda la ciudad donde se encuentran con el mismo panorama. Por este sector de la zona oeste, la versión de los vecinos pretende hallar un argumento para la irresponsabilidad. “No hay un volquete cerca hasta 27 de Febrero”, dijo un señor sentado en la vereda. Una afirmación que parece habilitarlos para tirar la basura en cualquier lado.
Si se transita por Sorrento hacia el oeste, unos metros antes de la intersección con Juan José Paso, a mano derecha, existía un gran basural a cielo abierto. Ahora se muestra bastante despejado, pero igual se puede ver gran cantidad de desechos dispersos. El agravante está dado porque en medio de un sector de unos cinco metros cuadrados hay cañerías externas de Litoral Gas. Un cartel advierte del peligro, cuando en rigor se debería poner una celda o protección para vedar el acceso a su alrededor. Más aún cuando se puede apreciar (por el pasto y basura quemada) que a veces se origina fuego intencional.
Hay que tener en cuenta que la Municipalidad tiene acción directa sobre los terrenos públicos, pero que el trámite sobre los privados ocupados por residuos es más lento, ya que se debe solicitar autorización a la Justicia para proceder.
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