ROSARIO: TRES AÑOS DE PENURIAS POR QUEDAR EN MEDIO DE UN TIROTEO
Un testigo. Eso es lo que busca una pareja de personas mayores, quienes en septiembre de 2003 fueron baleadas, aparentemente por un custodio privado que intentó impedir un asalto en pleno centro de Rosario. El hombre recibió un disparo en el tórax y estuvo internado varias veces en Pami, hasta que finalmente pudieron extraerle una bala que se alojó muy cerca de una arteria. Su esposa la sacó más barata: un balazo entró por un brazo y terminó alojado en medio de su pecho. A casi tres años del incidente, la pareja sigue esperando que alguien se haga responsable por lo que les pasó. “Nunca nadie se acercó, ni siquiera nos llamaron por teléfono para saber cómo estábamos o si necesitábamos algo”, indicó la mujer. Hace un tiempo tuvieron que vender la casa que ambos compartían para poder afrontar la recuperación del hombre, y se fueron a vivir con una de sus hijas, en la zona norte.
El 24 de septiembre de 2003, la vida de Isaac Sznaiderman, quien por entonces tenía 76 años, y la de su esposa Rosa Platner, de 70, cambió para siempre. Eran cerca de las 14.45 cuando la pareja llegó caminando desde su casa, ubicada en San Martín al 500, hasta la parada de colectivos ubicada por calle Mitre, casi esquina San Lorenzo.
Ambos iban a visitar a una de sus hijas, que vivía en la zona norte. Rosita e Isaac charlaban animosamente y de vez en cuando, la mujer se daba vuelta para ver si llegaba el colectivo (esperaban un 143).
Pero en cuestión de segundos, todo cambió. La mujer no alcanzó a entender exactamente qué fue lo que pasó, pero todavía recuerda ver a una persona tirada en el piso, a dos o tres jóvenes en una moto y a un hombre vestido con camisa celeste disparando desde la vereda de enfrente. Luego, todo es borroso. Ella, que tenía una bolsa con budines, cayó al piso, al igual que su marido. Ambos estaban heridos y la gente comenzó a correr.
EL ROBO DEL MALETÍN
La información policial da cuenta de que todo comenzó cerca de las 14.45, cuando un portavalores de 65 años salió caminando desde una sociedad de Bolsa situada en Mitre al 600, con 70 mil pesos en efectivo dentro de un maletín, escoltado por el vigilador Carlos Martín R., de 30 años.
Al parecer, se dirigían a un banco ubicado por Santa Fe, entre Mitre y Entre Ríos, para depositar esa suma cuando, a mitad de cuadra, frente a un local de venta de artículos de iluminación, fueron sorprendidos por una o dos personas, que le arrebataron la valija al portavalores y, antes de huir, le pegaron un culatazo al custodio, al que supuestamente le arrebataron una pistola marca Taurus, calibre 38.
Aparentemente, segundos después de ocurrir el robo, entró en escena un segundo custodio que había salido del local de NGA Inversiones con el propósito de recuperar el portafolios y detener a los ladrones, que se habían subido a una moto manejada por un tercer asaltante y escapaban por calle Mitre.
El custodio sacó un arma de entre sus ropas y comenzó a disparar contra el trío, sin darse cuenta del peligro que eso llevaba para las personas que iban caminando por calle Mitre.
Si bien los transeúntes que pasaban en ese momento escucharon entre cinco y siete disparos de arma de fuego, la policía encontró tres huellas en el lugar: una en un portón metálico aledaño a la empresa Litoral Gas; otro en el cordón de la vereda frente al ex cine Atlas, y el tercero en el cordón de la vereda a la altura de la empresa NGA.
Las cámaras de circuito cerrado existentes en la puerta del banco Bisel, en la esquina de San Lorenzo y Mitre, registraron la huida de los delincuentes y la aparente participación de un utilitario Fiorino de color blanco, indicaron fuentes policiales.
Nadie hablaba, en ese momento, de las heridas que sufrieron dos personas totalmente ajenas al incidente: Isaac y Rosa.
EL PEOR RECUERDO
Rosa Platner contó a El Ciudadano el mal momento que pasaron y que todavía viven. “Yo vi cómo un hombre vestido de azul, que después nos enteramos que era un custodio, disparaba desde la vereda de enfrente. Y mi marido y yo fuimos heridos en esa esquina (refiriéndose a Mitre y San Lorenzo) por el hombre que intentó evitar el robo”, indicó.
Ambos fueron derivados al policlínico Pami I, en estado delicado. La mujer tenía una bala alojada en el pecho, mientras que su esposo había recibido un balazo en el tórax, a la altura de la tetilla derecha.
La mujer fue operada y dada de alta a los pocos días, aunque como secuela le quedó un hormigueo casi constante en el brazo izquierdo. Isaac, en cambio, debió soportar varias internaciones, hasta que finalmente debió ser intervenido quirúrgicamente. Rosa recuerda que las casi 12 horas que tuvo que esperar para saber el resultado de la operación de su esposo fueron eternas, aunque luego se sintió aliviada por saber que su compañero por más de 40 años estaba bien.
“Él se recuperó de la operación, pero eso no quiere decir que esté bien. No hay día que no recuerde lo que pasó”, reflexionó.
Rosa contó que su esposo trabajó durante mucho tiempo en una empresa de transporte y custodia de caudales, donde llegó a ser gerente hasta que se jubiló. En los últimos años, ayudaba a uno de sus yernos en un emprendimiento familiar, algo que le permitía seguir activo y por el que ingresaba algo de dinero extra a su casa.
Pero luego del incidente todo se vino abajo. “Tuvimos que vender la casa para afrontar los gastos de los estudios, la operación y la recuperación, que fueron y son costosísimos”, aclara Rosa.
La pareja hizo un reclamo judicial por el daño moral y físico recibido, por el cual se abrió un expediente en el que estaban involucradas tres firmas, la agencia para la cual trabajaba el portavalores; la que tenía conchabado al custodio; y la aseguradora.
Hace cerca de un mes, desde la aseguradora le dijeron lo siguiente: “Para pagar, tenemos que tener por lo menos un testigo que haya visto cómo el custodio disparó. Por eso acudimos a los medios, para ver si podemos encontrar a alguien que haya visto lo que pasó”, explicó Rosa.
UN ARMA QUE SE ESFUMÓ
Según Rosa, el custodio reconoció en sede judicial que había efectuado varios disparos, y que cuando vio caer a las dos personas, dejó de tirar y puso su arma sobre un alero, pero llamativamente nunca fue recuperada.
“La policía había encontrado tres balas en la esquina de Mitre y San Lorenzo y luego nosotros aportamos las que teníamos en el cuerpo, pero no se pudo hacer nada con eso porque el arma desapareció”, agregó la mujer.
Tanto Isaac como Rosa fueron revisados en infinidad de oportunidades por médicos legistas, que determinaron que el hombre tiene una incapacidad del 44%, y su esposa de 34%. Ellos reclaman ser indemnizados por el incidente por el que sufren desde hace casi tres años. “No vamos a recuperar el tiempo perdido, el sufrimiento, la casa que tuvimos que vender o el daño moral que nos produjeron a nosotros y a todos nuestros familiares y amigos, pero de algo servirá”, reflexionó Rosa.
“Piden que aportemos un testigo que haya visto cómo el custodio disparó, sin medir que había mucha gente que nada tenía que ver con el robo en las inmediaciones. Eso es lo que buscamos: en esa cuadra iba caminando mucha gente, había personas esperando el colectivo y otros que pasaban caminando, en auto o que estaban atendiendo los negocios, pero hasta ahora no hemos conseguido nada”, explicó Rosa, quien dejó su número de teléfono para que aquellos que hayan estado ese día llamen y se presenten a declarar. El teléfono es 4535648.
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