ROSARIO: UN GRUPO DE EMBAUCADORES ALQUILÓ UNA CASONA Y ARMÓ UNA SUBASTA TRUCHA
Cinco varones y una mujer. El grupo llegó de Capital Federal, alquiló la casona de Mendoza 1145 por dos meses y a través de un clasificado lanzó la invitación para el domingo pasado: “Remate de primer nivel, hoy, 17.30”. No fueron pocos los interesados en muebles antiguos, platería, porcelanas, marfiles, objetos de arte y cuadros que asistieron a la cita. Más de uno compró varias obras, pero el remate público se interrumpió tras la denuncia de Wilfredo Scarpello y su hermano Eduardo (ver aparte), quienes habrían comprado objetos por varios miles de dólares, entre ellos un aguafuerte de Benito Quinquela Martín: una obra titulada “Chimeneas en la Boca” y supuestamente original que resultó ser una copia.
La orden de interrumpir la subasta y confiscar los objetos instalados en diez salas de la mansión fue del juez de Instrucción Nº4, Jorge Eldo Juárez. Los organizadores, entre ellos el martillero Horacio J. Corzo, están detenidos. Se les secuestró dinero (más de 10 mil pesos entre efectivo, dólares y cheques), y hoy serían indagados por el magistrado. Se trataría de una banda que hasta ayer no tendría orden de captura por parte de la policía Federal, y que armó subastas de este tipo en Buenos Aires y Salta. Se la podría acusar de “estafas reiteradas” y hasta “asociación ilícita”, según adelantó Roberto Benítez, de la Tropa de Operaciones Especiales (TOE).
La investigación recién comienza, pero ya se sabe que el juez pedirá opinión a distintos especialistas sobre la autenticidad y valor de las obras. Una primera mirada ya la realizó el director del Museo Castagnino, Fernando Farina, quien a ojo de buen cubero dijo que se trata de “una gran mezcla” de objetos. “Hay obras que evidentemente no son originales, son reproducciones enmarcadas. Pero la autenticidad la tiene que determinar un especialista. Me llamó la atención que hubiera dos aguafuertes iguales de Quinquela, pero será la Justicia quien dilucidará si las quisieron vender como reproducciones u originales”, remarcó.
Tras el chasco, otras víctimas se acercaron espontáneamente al lugar. Tal el caso de una pareja que había adquirido cinco obras por unos 15 mil pesos y que ahora también estaría a la espera de las pericias.
La casona es señorial y está algo deteriorada, pero con el gigante cartel rojo que luce al frente no pasa desapercibida. Tiene 750 metros cuadrados, 16 habitaciones, 8 baños y un subsuelo y se habría pagado por ella un alquiler temporario de unos 8.400 pesos, por dos meses. Allí pernoctaron los responsables del remate mientras se abocaban a ordenar unas diez salas y espacios para la subasta, una iniciativa que se inició el domingo y continuó el lunes y martes pasados, hasta las 17, cuando se hizo presente la Justicia.
Algunas personas que asistieron al remate durante la primera jornada aseguran que percibieron un clima de “improvisación”. Entre ellos la ausencia de catálogo de los objetos a subastar, la promoción de obras que supuestamente pertenecían a una sucesión de la propia casa y la sensación de que entre el público (unas 300 personas) había gente que organizaba el propio remate.
La subasta estaba a cargo de un profesional que según fuentes policiales trabajó en Rosario. Pero como últimamente estaba en Capital Federal, se rematriculó hace 15 días en esta ciudad. En el cartel que promociona el remate se leen su nombre y apellido y “matrícula 1396-C-143”.
Tanto en el clasificado de La Capital como en ese cartel también se publicó la frase “exposición todos los días, de 10 a 13 y de 16 a 22”. Y la promoción surtió efecto ya que ayer, cuando el caso estaba siendo investigado por la Justicia, no dejaba de ingresar público.
Lámparas, relojes antiguos, mesas, sillas y sillones, vitrinas repletas de objetos de porcelana, marfil y cristal, vajilla de plata, alfombras, bombos y pinturas de Spilimbergo, Berni, Castagnino, Gambartes, Butler y Molina Campos, entre otros, conformaban la gran oferta de la subasta que aún los investigadores no pudieron terminar de cuantificar.
“Tal como suele ser la modalidad, el público pagó un porcentaje en efectivo por las obras (el cartel reza 20 por ciento por seña y 10 por comisión), con vistas a pagar el resto contraentrega del objeto. Ya se había vendido bastante y la mayoría de los compradores era de Rosario”, indicó el subcomisario Roberto Benítez.
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