ROSARIO: UNA EXPLOSIÓN DENTRO DE UNA FÁBRICA DE PIROTECNIA MATÓ A DOS OBREROS
Dos operarios de una fábrica de artículos de pirotecnia ubicada en la localidad de Alvarez murieron ayer a la mañana al estallar las casillas en las que trabajaban, consideradas el área más riesgosa de la planta. Las terribles explosiones hicieron que las víctimas, una mujer de 53 años y un hombre de 50, murieran en el acto y que sus cadáveres quedaran destrozados. Según fuentes policiales, la empresa, en la que se desempeñan entre 40 y 50 personas, cumple con todos los requisitos técnicos y legales para su funcionamiento. Y si bien este tipo de accidentes no son ajenos a la población de 6.000 habitantes que se levanta a unos 40 kilómetros de Rosario, lugar en el que hay al menos tres emprendimientos de este tipo, hacía por lo menos diez años que nadie perdía la vida en hechos de esta naturaleza.
La fábrica siniestrada está ubicada en la zona rural de Alvarez, aunque pegada al casco urbano, con ingreso por bulevar Belgrano. Funciona desde hace unas cuatro décadas, supo llamarse Pirotécnica 117 y es propiedad de una familia del pueblo que desde hace unos años la alquila a empresarios de Buenos Aires que le dieron la nueva denominación, Free Colors.
En un predio bastante extenso pueden verse, lejos del alambrado perimetral de la empresa, una serie de pequeñas casillas de material dispuestas prolija y distanciadamente una de otra. Allí es donde los operarios realizan, generalmente en forma individual, sus labores con el material explosivo. El aislamiento es por cuestiones de seguridad que no se discuten. Según afirman en la comisaría del pueblo, la empresa cumple con todos los requisitos exigidos por el Registro Nacional de Armas (Renar), que es el que rige el manejo de armas y explosivos en el país.
María Cristina López y Ricardo Cóceres trabajaban desde hacía muchos años en la fábrica. Ayer al mediodía, desde la calle no podían verse las ruinas de las casillas en las que durante 20 años desarrollaron su rutina con la muerte como una suerte compañera de tareas free-lance. Eran cerca de las 10.15 cuando una de las casillas explotó y provocó una reacción inmediata en la otra. Anoche, las pericias de Bomberos y de la Brigada de Explosivos de la policía aún no habían determinado cuál explotó primero. Ni las causas del estallido.
Sobre la calle de tierra que pasa frente a la planta, algunos sentados en sus bicicletas, vecinos a los que se suele tildar de curiosos contemplaban la escena. Vale aclarar que en Alvarez, detrás de cada curioso puede haber una muy buena fuente, ya que la fabricación de pirotecnia parece ser una actividad tradicional en el pueblo. Tal vez por eso, ayer muchos parecían más resignados que espantados. Y cuando se les preguntaba sobre lo que había pasado, no demostraban muchas ganas de responder. Quizás para no hablar sobre aquello de lo que se habían salvado.
Es que si bien las explosiones no son cosa de todos los días, en la zona que comprende las localidades de Alvarez, Alvear y Piñero hay media docena de emprendimientos. Y cada estallido que se produce tiene un impacto especial. Todos recuerdan lo que pasó en Piñero, cuando murió un chico de 16 años, aunque nadie puede precisar cuándo sucedió.
Así de parcos, algunos deslizaban que las víctimas tenían mucha experiencia y se desempeñaban en uno de los sectores más peligrosos de la fábrica. “Ellos preparaban el fulminante, lo que le da la chispa a los cohetes. Es el trabajo más peligroso, pero el mejor pago”, explicaba, entre la nostalgia y la consternación, una antigua empleada del lugar. “Son los compuestos para elaborar la pirotecnia como fulminatos, cloratos, sales”, explicaba luego desde otro lugar, pero con el mismo pesar, el titular de la Brigada de Explosivos, Daniel Tamagna: es que el estado en el que quedaron los cuerpos tiene que haber sensibilizado al más experto.
Según indicaron fuentes de la subcomisaría 3ª de Alvarez, el cuerpo de López fue desmembrado por la explosión. “El torso estaba separado del resto del cuerpo, la cara estaba irreconocible”, confió un vocero, y agregó que “el cuerpo del hombre estaba más íntegro”.
Si bien la policía se limitó a expresar que la empresa estaba en regla, los vecinos daban a entender que Free Colors es una fábrica modelo. “Cumple en lo técnico y tiene a todos los empleados blanqueados”, comentaba un policía que custodiaba la entrada.
Pero al parecer, todos los recaudos pueden ser insuficientes. “Hipótesis puede haber miles, por eso hay que terminar las pericias para saber lo que pasó”, decía Tamagna, pidiendo paciencia con ánimo de darle un marco de seriedad a la ansiedad de la prensa.
Las respuestas ya estaban en manos de los peritos y nada quedaba por hacer en el lugar, pero Zulma Sánchez, que dos horas antes había escuchado “la explosión más fuerte” de su vida, seguía pensando en el accidente. “Yo hacía los triángulos, éramos cuatro. Los embolsábamos, y cuando una chica lo cerró hizo un chispazo y se prendió todo. Dios nos iluminó. Alcanzamos a escapar”, contó nerviosa, como si hubiera vuelto a nacer. El accidente no era el de ayer sino uno más leve, ocurrido 30 años atrás. “Desde ese día nunca más trabajé en una fábrica de estas”, confesó.
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