ROSARIO: UNA MASIVA MARCHA DE VECINOS PIDIÓ ESCLARECER EL ASESINATO DEL CARNICERO
Vecinos y familiares de Carlos Fabio, el carnicero asesinado el sábado pasado en la zona sur, se congregaron en su comercio de Uriburu y Ayacucho para reclamar el esclarecimiento del violento suceso. Desde que los manifestantes salieron en dirección al Centro de Distrito Sur los gritos clamando justicia retumbaron durante las tres cuadras en el bulevar. En tanto, por la mañana, el único detenido por el crimen de Fabio rechazó los cargos que se le imputan y luego se abstuvo de declarar en los Tribunales provinciales.
La bronca de los vecinos del barrio Las Heras era elocuente. Un cartel con una leyenda que rezaba “Justicia para Carlitos” y una foto de Fabio antecedían el paso de las casi 500 personas que marcharon. En la primera fila caminaba la esposa de Fabio junto a su padre. Estaba compungida y sólo en un momento contestó preguntas de los periodistas.
“Pedimos seguridad porque hechos como este se vienen repitiendo desde hace bastante tiempo y no hemos obtenido respuesta”, dijo una chica. La joven hacía referencia al crimen del dueño de una agencia de loterías de Centeno y 1º de Mayo, ocurrido el año pasado.
Poco después, cuando los habitantes de la barriada detuvieron el paso unos minutos, una mujer exaltada gritaba su dolor por la muerte del comerciante. “Yo lo conocía desde que tenía 20 años y sé el sacrificio que hizo para instalar el negocio. Esta muerte no puede quedar impune”, exclamó.
Entre los vecinos desfilaron personas que viven en la villa de Ayacucho al 3800. “Nosotros vivimos en la villa y, gracias a Carlitos, comíamos. Nuestra gente no lo mató. Los que lo asesinaron son dos chacales”, rezongaba una señora.
Héctor C., de 20 años -sospechoso de haber participado en el hecho que terminó con la muerte de Fabio- fue indagado ayer por la jueza de instrucción Nº12, Mónica Lamperti, quien luego de la medida dispuso que el detenido fuera sometido a un examen médico forense. Al finalizar el estudio, el muchacho fue devuelto a su lugar de reclusión, en la Jefatura de Policía, mientras se resuelve su situación procesal. Por el momento, enfrenta una acusación como presunto autor material de robo calificado seguido de homicidio, que prevé penas de entre 12 y 25 años.
Ayer, el joven desconoció lo que había declarado ante la policía al momento de entregarse, y manifestó que “estaba tan empastillado que no se acordaba de nada, ni siquiera haber entrado a la carnicería”, según dijo a La Capital una fuente judicial.
El muchacho, según indicaron en su momento voceros de la investigación policial, se presentó el lunes a la noche junto a su padre en la seccional 11ª donde supuestamente había reconocido su participación en el asalto que terminó con la muerte de Carlos Fabio. Ese hecho ocurrió el sábado último cuando el comerciante llegaba a su negocio de Uriburu y Ayacucho, y se encontró con dos ladrones que huían con la caja registradora.
Fabio salió a perseguirlos en su auto, en el que también iba su hija de un año y medio. A la media cuadra, sobre la avenida Uriburu, uno de los asaltantes tropezó y cayó al suelo. Entonces Fabio le cruzó el coche y al bajar para atraparlo, recibió un escopetazo de lleno en el abdomen. En base al relato de testigos, la policía obtuvo rápidamente las identidades de los dos sospechosos.
Uno de ellos era Héctor C. Su compinche, y presunto autor del disparo homicida, aún está prófugo. Según un vocero cercano al caso, Héctor decidió entregarse “al enterarse por el diario” de que la policía lo estaba buscando por el crimen del carnicero. El joven, que no tiene antecedentes penales, es adicto a pastillas como Rivotril. La fuente consultada, que reveló parte de lo que consta en el acta policial labrada en la 11ª, sostuvo que el muchacho había consumido gran cantidad de psicofármacos desde la tardecita del viernes junto con unos amigos del barrio.
“Dio una versión muy entrecortada, con flashes de recuerdos, sin datos precisos, donde contó que estuvo durante gran parte de la noche del viernes al sábado jugando al pool en un pequeño local del barrio. Después deambuló por distintos lugares, con un par de grupos”, comentó el vocero. “Tengo un hueco entre el viernes a la noche y el sábado a la mañana, que no sé lo que hice”, declaró Héctor ante la policía. A partir de ahí, su relato se vuelve un tanto confuso y con rasgos de inverosimilitud.
El joven aseguró que, producto de su estado, no tuvo registro de lo que pasó y que no recordaba haber entrado a asaltar al negocio de Fabio. En síntesis, manifestó que estuvo dopado todas esas horas y que cuando volvió en sí se encontraba viajando en ómnibus por el centro de la ciudad. Entonces, bajó del micro y se dirigió hacia la casa de la cuñada en Villa Gobernador Gálvez. Allí estuvo hasta que el domingo se enteró “leyendo el diario” de que la policía lo estaba buscando.
Después se comunicó con el padre, a quien le anunció que lo estaban buscando por el asesinato de un carnicero. Así fue como el padre le pidió que volviera a casa para luego acompañarlo hasta la seccional 11ª. Pero esta versión ayer fue desconocida por el propio Héctor ante la jueza Lamperti.
Cuando le leyeron el acta labrada en la seccional 11ª, donde figuraba su declaración, el joven no la convalidó y se declaró inocente. Luego, por consejo de su abogado, Francisco León, optó por no responder preguntas. Mientras tanto, la jueza Lamperti dispuso secreto de sumario. Según trascendió, Héctor no tiene antecedentes penales, pero desde su entorno confirmaron que tiene problemas de adicción a psicofármacos. Su padre trabaja en un frigorífico y durante un tiempo Héctor llegó a acompañarlo.
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