ROSARIO: UNA “SEÑO” SE LLEVÓ A LA CASA A UNA ALUMNA
El viernes pasado –último día de clases antes de las vacaciones de invierno– Jessica Vittori, maestra de la escuela Nº1.358 Macacha Güemes, ubicada en Cerrito y Teniente Agnetta, observó otra vez a la misma nena de cinco años que desde hacía varias jornadas acudía sola al comedor escolar y que se quedaba “quieta y triste calentándose junto a una estufa, con su ropa mojada y su nariz moqueante”. Como en otras ocasiones, la maestra intentó por intermedio de preguntas a compañeritos y a vecinos averiguar el paradero de la madre de la criatura, pero no pudo localizarla. “Me sensibilizó tanto que, sin pensarlo, me la llevé a mi casa. La vi muy desmejorada y con tos, la bañé, le di de comer y luego la llevé a un médico que le dio un tratamiento con jarabe; así pasó el fin de semana y ayer (por el lunes) me presenté en los Tribunales”, relató la docente. En tanto, el Juez de Menores Jorge Zaldarriaga dispuso que la niña se quedara en forma provisoria con la mujer hasta que se resuelva el caso.
El particular hecho de la maestra que obtuvo la tenencia provisoria de una niña, llamada Ayelén, que concurría al comedor del establecimiento escolar de la zona oeste, salió a luz luego de la presentación ante la Justicia, que ahora deberá decidir si restituye a su hogar familiar a la pequeña. Ayer a la mañana la maestra hizo declaraciones públicas por primera vez a través de Radio Dos.
Ni las autoridades del establecimiento, cerrado por el receso invernal, ni el gremio Amsafe –desde donde explicaron que no tenían notificación ni consultas sobre el hecho– pudieron dar su punto de visto al respecto.
Fue la propia maestra quien se dispuso a hacer pública la historia en los medios de comunicación: “Fue algo del momento que ni me puse a pensar en las consecuencias”, admitió la maestra a El Ciudadano.
“Después me di cuenta de lo riesgoso de la situación aunque me dije: «Si tengo que ir presa voy presa, pero no puedo dejar a esta nena aquí»”, agregó. “Pero, claro, me presenté ante el juez y por ahora, hasta que encuentren a su madre, va a estar conmigo”, explicó. “La nena sabe todo lo que está pasando. Lo único que quiero es lo mejor para ella, aunque por supuesto a mí y a mi marido nos enternece el alma”, acotó la docente, quien aclaró que actuó “de forma espontánea, sin consultar a nadie”.
Según Jessica, pensó en ir hasta la seccional policial más cercana para dejar constancia de la situación, pero luego tuvo temor de que la niña fuera trasladada a un instituto y, entonces, decidió presentarse ante el Juzgado de Menores.
“ME PARTÍA EL CORAZÓN”
La maestra tiene 27 años y dijo que venía observando a la pequeña desde hace varios días. “Me partía el corazón verla con sus precarias ropitas, muchas veces mojadas, temblando y solita en un rincón de la escuela”.
Tanto la había impactado la desolación de la criatura que incluso ya se lo había comentado a su marido, un obrero metalúrgico con el que está casada desde hace siete años, aunque todavía no tienen hijos “porque Dios no lo quiso”, comentó.
“La único que sabía –continuó la maestra– es que la nena vivía en el Fonavi de Cerrito y Roullión con un tío que es menor de edad, que trabaja todo el día y que por eso se quedaba sola, aunque no se sabía nada de la madre de la criatura. Recién cuando fui a Tribunales me enteré que había radicado la denuncia por la desaparición de la nena, el domingo por la tarde”.
Jessica contó además que a pesar de que se recibió de maestra hace varios años, este es su primer reemplazo docente.
“Empecé tarde a trabajar y no es que no esté habituada a ver este tipo de situaciones de fragilidad y pobreza, pero en este caso la indefensión de la nena fue muy fuerte para mí, por eso creo que actué sin pensarlo”, reflexionó. “Mi esposo me apoyó, y claro que uno se encariña y hasta sueña con una tenencia, pero veremos si aparece su madre y luego el Juez dispondrá lo mejor para la criatura, que es lo que realmente importa”, finalizó.
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