ROSATTI ASUMIRÁ ESTA TARDE COMO MINISTRO DE JUSTICIA DE LA NACIÓN
Los primeros sillones vacíos en el Gobierno de Néstor Kirchner van a ser ocupados desde esta tarde por dos viejos conocidos: el nuevo ministro de Justicia, Horacio Rosatti, tiene una estrecha relación con el Presidente y su esposa; Alberto Juan Bautista Iribarne, flamante secretario de Seguridad, viene militando en el duhaldismo porteño junto al jefe de Gabinete.
Los dos, incluso, deberán dejar libres dos lugares que ya tenían en este mismo Gobierno, ambos muy cerca de Kirchner. Rosatti, prestigioso constitucionalista santafesino, era —como Procurador General del Tesoro— el jefe de todos los abogados del Estado y el máximo asesor jurídico del Presidente; Iribarne estaba al frente de la Sindicatura General de la Nación, órgano destinado a revisar —entre otras cosas— las contrataciones del Poder Ejecutivo.
Rosatti conoció a Cristina Fernández y a su esposo en la Convención Constituyente de 1994. Ya entonces se perfilaba como delfín del gobernador Alberto Reutemann. Ocupó dos cargos en la administración provincial: secretario general de la Gobernación y, después de un intervalo breve, subsecretario de Asuntos Legislativos.
Entre 1995 y 1999 fue intendente de la ciudad de Santa Fe. Y durante la presidencia de Eduardo Duhalde lo designaron conjuez de la Corte Suprema de la Nación, puesto que compartió con dos ex ministros de Justicia: León Carlos Arslanián y Ricardo Gil Lavedra.
Recibido de abogado a los 19 años en la Universidad del Litoral, el reemplazante de Gustavo Beliz tiene sólidos antecedentes académicos. Es doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales, fue decano de la Universidad Católica y se lo considera un experto en Derecho Administrativo. “Un tragalibros”, como él mismo se definió en una entrevista reciente.
Nunca antes Rosatti había alcanzado un cargo político tan alto. En cambio, Iribarne ya conoce la oficina que le tocará en suerte desde esta semana: fue secretario de Seguridad en 2002, cuando el ministro era Juan José Alvarez. Antes, durante el gobierno de Carlos Menem, fue segundo de Carlos Corach en Interior y diputado nacional por el justicialismo porteño.
En 1999, cuando la Alianza de Fernando de la Rúa llegó al poder, Iribarne actuó como coordinador de campaña de Duhalde. Codo a codo con Alberto Fernández, se alinearon detrás del ex gobernador bonaerense en la guerra contra Carlos Menem; juntos, también, apoyaron la candidatura —también frustrada— de Domingo Cavallo a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad.
En agosto de 2002, Duhalde puso a Iribarne en el mismo cargo en el que va a desembarcar ahora. Al asumir, pronunció una frase que puede recuperar su vigencia: “Mis prioridades son brindar más seguridad y no criminalizar la protesta social”.
Ultimamente, Iribarne venía ocupándose, con otros justicialistas porteños como el propio Fernández, en conformar un espacio kirchnerista dentro del partido. Más lejos de las cuestiones partidarias, Rosatti estaba desvelado por los juicios millonarios que la Nación tiene ante el Centro Internacional de Arreglo de Diferencias relativas a Inversiones (CIADI).
El nuevo ministro de Justicia es un fuerte cuestionador del Banco Mundial y sus organismos. No desmiente su amistad con Kirchner ni con Cristina. A la Procuración del Tesoro llegó cuando el propio Presidente echó a Carlos Sánchez Herrera, de quien se descubrió que había sido defensor del general Juan Bautista Sasiaiñ.
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