SALADILLO Y LUDUEÑA CARECEN DE UN SISTEMA DE ALERTA ANTE INUNDACIONES
“En Santa Fe se sufrió esta triste experiencia por no contar con sistemas de alerta y quedó demostrado que son imprescindibles”. La afirmación proviene del subdirector de Hidráulica de la Municipalidad, Hugo Orsolini, quien el año pasado presentó ante la provincia los proyectos para instalar estos sistemas que “avisan” ante un desborde del cauce con el tiempo suficiente como para evacuar a la población que vive en las cercanías de los arroyos Ludueña y Saladillo. Por otro lado, el funcionario anticipó que si en siete años no se retarda la erosión en la cascada del Saladillo, se terminará comiendo el puente ubicado en Ayacucho y Circunvalación. Y hay más, el gobierno santafesino aún no encaró la licitación de las obras para el canal Ibarlucea.
A pocos días de haberse cumplido un año de la catástrofe en la capital provincial, los técnicos del Ejecutivo local vuelven a poner en agenda los proyectos hidráulicos clave para la ciudad, que aguardan una definición por parte del gobierno santafesino.
“En el 2003, la Municipalidad hizo una presentación formal ante la Dirección Provincial de Obras Hidráulicas sobre cada uno de los planes para instalar sistemas de alerta en el Ludueña y Saladillo solicitando su desarrollo e implementación”, recordó Orsolini.
¿Qué son los sistemas de alerta? Son un conjunto de mediciones de variables hidrológicas que miden el régimen de lluvias y humedad del suelo. Está información se transmite a una central, que la procesa de acuerdo a variables matemáticas. “Son importantes porque podemos tener una idea de los niveles de agua de ambos arroyos y permiten conocer si es necesario evacuar a la población”, detalló el funcionario.
En la actualidad, sólo existe un precario sistema manual que reduce el tiempo de evacuación y por ende aumenta los riesgos de pérdidas de vidas humanas.
“Hasta el momento la experiencia que tenemos en materia hídrica no es muy buena. Después, todo queda al desnudo con tragedias como la ocurrida en Santa Fe”, se lamentó Orsolini al recordar que en 1997 la provincia produjo una serie de obras en el Saladillo que incluían al sistema de alerta, “pero se renegoció con la contratista y finalmente se dejaron de realizar”.
Según los cálculos de Hidráulica, el conocimiento preciso en la altura del agua permitiría evacuar sin problemas a la población “en riesgo”.
Así, si existieran estos sistemas de alerta, “en el Ludueña se tendría un día de margen para evacuar y en el Saladillo el plazo sería de 48 horas”, dijo el subdirector del área, quien estimó en 1.700.000 pesos el costo de implementación de las alertas en ambos arroyos.
El especialista indicó además que estudios hídricos señalan que en los últimos 20 años la zona del Litoral incrementó su régimen de precipitaciones. “Por eso insistimos en lo que se denomina la rehidrología, es decir, estudiar los promedios anuales, las intensidades de las lluvias y el uso intensivo del suelo que se viene dando debido a la explosión de la soja. Mayores precipitaciones y suelo más impermeable significan mayor escurrimiento superficial, por ende mayor caudal de agua en los arroyos y más riesgo en áreas inundables”, reflexionó Orsolini.
Por todo ello, la Municipalidad también ha insistido ante la provincia (más precisamente, ante el Ministerio de Asuntos Hídricos) para que se encare la rehidrología del Ludueña. “Es necesario saber dónde estamos parados, para constatar si las obras hechas hace 20 años realmente van a proteger a la población”, explicó el pedido el director municipal.
Una cascada en retroceso
Otro punto que mereció la consideración en Hidráulica apunta al fenómeno denominado “erosión retrogradante” del arroyo Saladillo. El salto de varios metros de altura que presenta el cauce en zona sur está en constante movimiento y va subiendo aguas arriba, ya que se come parte de su plataforma por el desgaste.
“La cascada sigue subiendo y, si no se la detiene a tiempo, se traga el puente Ayacucho, que está a la altura de Circunvalación”, alertó Orsolini. En 1994, la Municipalidad ya contaba con un proyecto para detener esta erosión, fijándola en un punto.
“La cascada avanza cada año unos 45 metros promedio y en estos momentos está a unos 600 metros de distancia del puente. Si se tiene en cuenta que las obras de contención deben hacerse a unos 300 metros de Circunvalación, el plazo prudente para comenzar no debería ir más allá de los siete años”, estimó.
Existe otra deuda en materia hidráulica que exige Rosario. Las reiteradas crecidas del canal Ibarlucea ponen en jaque a Nuevo Alberdi y barrio Municipal, generando cientos de inundados en la zona.
“Entiendo que los técnicos del gobierno provincial están haciendo las gestiones para su llamado a licitación dentro del primer cuatrimestre del 2004, como se había afirmado en su momento”, señaló Orsolini.
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